Cuento: El gran pez dorado

Redacción 15/04/2010 - 23.33.hs
Un pescador se lanzó a la gran aventura de atrapar al gran pez dorado que siempre soñó y aunque sus amigos lo abandonaron cuando más los necesitaba, su voluntad pudo más y logró concretar su sueño.

Simón es un pescador, el más conocido de la aldea. Sale todas las mañanas a buscar pescado fresco y luego lo vende en el mercado.
Hace mucho tiempo que Simón tiene ganas de atrapar el gran pez dorado, es una especie poco conocida, difícil de atrapar, y su carne es muy sabrosa. ¡Claro que para eso necesita ayuda!
Una mañana muy temprano, (tan temprano que el sol recién asomaba sus rayos), Simón salió decidido a atrapar al gran pez dorado. Pasó por la casa de su amiga Francisca pensando que lo ayudaría, pero Francisca (que estaba muy dormida) le dijo:
-¡Qué pena! Hoy no puedo, tengo que amasar fideos.
Simón siguió caminando y se encontró con Lorenzo, un amigo, y aprovechó para pedirle ayuda.
Lorenzo (con cara de distraído) le dijo:
-¡Uy amigo, qué pena! Tengo que acompañar a mi novia.
-No te preocupes -dijo Simón- otro día será.
Siguió caminando y se encontró con el Capitán Benito.
-Buen día Capitán, usted que tiene gran experiencia ¿no me ayudaría a atrapar al pez dorado?
-¡Uy amigo, qué pena! Hoy es mi día de descanso y tengo mucho sueño.
Simón siguió caminando, llegó al puerto, preparó su pequeño bote y se sentó a pensar.
Por el lugar pasaba Lucy, la lavandera, y al ver a Simón tan pensativo preguntó:
-¿Qué te pasa Simón?
-Necesito ayuda para atrapar al gran pez dorado, ¿me podés acompañar?
-¡Uy amigo, qué pena! Tengo mucha ropa para lavar.
Simón, cansado de que todos le negaran su ayuda, miró hacia el horizonte y al ver el sol tan brillante con todos sus rayos alertas, tomó coraje y dijo: "Si nadie me puede ayudar, yo solito lo puedo atrapar".
Y allí salió. El barco era pequeño, las redes mucho más, pero el coraje de Simón alcanzó para zarpar.
Después de varias horas luchando sin descansar, Simón logró atrapar al gran pez dorado. Con mucho esfuerzo llegó hasta la orilla, lo subió a su pequeño carro, calzó la soga en su hombro y cruzó la aldea llevando el pesado bulto. Todos miraban con asombro, nadie podía creer lo que veía.
Lucy fue la primera en acercarse.
-¿Querés que te ayude Simón? -le dijo.
Luego se encontró con Benito el capitán:
-¡Increíble! ¡Hoy es mi día de descanso! Si querés podemos comer juntos.
Más adelante se cruzó con Lorenzo.
-¡Qué bien Simón! Rapidito dejo a mi novia en su casa y voy a comer con vos.
Francisca que estaba regando sus plantas al verlo exclamó:
-¡Simón! Tengo una receta deliciosa para preparar ese pescado. ¿Querés compartirlo conmigo?
Simón, que siempre había soñado con atrapar un pez dorado para compartirlo con amigos les dijo:
-A este gran pez sólo lo voy a compartir con mis amigos... Es por eso que he invitado a todos los gatos de la aldea. Y colorín colorado estos gatos se empacharon con pescado.

 

Susana Espinosa

 


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