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Sabado 14 de marzo 2026

Un mimo que florece

Redacción 14/03/2026 - 00.15.hs

Marta Lucero le dio lugar a su espíritu emprendedor y hace un mes abrió “Santa Rita”, una florería distinguida por su encanto y que pronto sumará cafetería con el objetivo de que la visita al local céntrico sea una experiencia completa para sentir y disfrutar.

 

Al observar desde el interior del negocio se advierte de inmediato el gesto de quien pasa por la vereda. Y también por la calle. Y es ese movimiento de cabeza y de vista espontáneo que se produce cuando algo llama la atención. Hay quienes directamente hacen una pausa y miran la vidriera y hacia adentro, mientras otros transeúntes ingresan para observar, preguntar y comprar. Porque más allá de que la presencia de “Santa Rita” sea una novedad en el paisaje comercial del centro santarroseño, la decoración, el buen gusto y el detalle del local invitan a hacer una pausa y disfrutar.

 

“Santa Rita” es una florería que abrió sus puertas en la calle Hipólito Yrigoyen 457, en el centro santarroseño, en una fecha especial, el 14 de febrero, el Día de San Valentín y que el calendario comercial instauró como “el Día de los Enamorados”, una jornada en la que las flores ocupan un lugar destacado como regalo y ofrenda.

 

“Fue un acierto abrir en esa fecha porque fue increíble la demanda, justo era sábado también y vendimos todo. Sobre todo vinieron chicos jovencitos, parejas. Obviamente nos faltaban detalles pero las chicas quería que abriera sí o sí”, dice con una sonrisa Marta Lucero, una mujer que a los 71 años se reencontró con su espíritu emprendedor y está al frente de un coqueto y seductor local en el que las flores ocupan el centro de la escena pero que también ofrece otros detalles que hacen al buen gusto y el bienestar.

 

Y esas “chicas” a las que hace referencia Marta son sus tres hijas: Daniela (42), Carolina (41) y Nieves (30), que fueron claves para que “Santa Rita” se ponga en marcha pese al duro momento económico, sobre todo para rubros como el comercial.

 

“Nací en General Acha y me crié en Santa Rosa. Cuando finalicé el colegio me fui a Buenos Aires para estudiar Mecánica Dental, aunque no terminé esa carrera. Me casé y quien era mi esposo trabajaba en una empresa multinacional que construía gasoductos y acueductos así que lo destinaban a distintos lugares del país. Estuvimos en Corrientes, en Formosa, en Misiones, en Río Gallegos. En mi caso trabajé en muchos lugares, hice de todo y en el ‘86 estábamos en Ituzaingó, en Corrientes, porque mi marido trabajaba en la obra de la represa Yaciretá, y se cortaron las clases por un conflicto. Ahí decidí volver a Santa Rosa y cuando estaba acá me sorprendió la muerte de mi pareja que tenía 48 años, muy joven”, recuerda Marta en la nota con LA ARENA en una soleada y húmeda mañana santarroseña.

 

Una mañana y un lugar en el que el color y el aroma de las flores invitan a relajarse y a disfrutar de la charla con Marta y Carolina, una de sus hijas que se encarga de las redes (el Instagram del local es santarita.florería) y otros detalles de esa boutique de flores frescas y ramos personalizados.

 

Marta no es una improvisada en el mundo de las flores y muchos la recordarán por su negocio en la calle Hilario Lagos 714 (casi Urquiza), en donde durante varios años tuvo un local. “La familia por parte de quien era mi esposo estuvo siempre en el rubro y traían flores importadas, con un mercado muy grande. En su momento me dijeron que alquile un local y me animé. A mí era algo que me encantaba así que estuve muchos años con ese negocio. En 2009 me bajoneo mucho, no estaba bien, así que lo cerré y me propuse jubilarme. Fui cajera en el Changomás y luego fui niñera en Anguil, durante siete años fui y vine todos los días, hasta que mi hija Nieves me dijo que si tanto me gustaban las flores por qué no abría un local y me dedicaba a eso. Ella cumplía 30 años y quería flores para su fiesta así que me fui metiendo en tema de nuevo. Estuvimos averiguando para abrir el año pasado pero me decían que no era momento porque los alquileres estaban por las nubes, pero igual arranqué con venta online bajo el nombre de ‘Santa Rita’. Me fue re bien y al final el 14 de febrero sí abrimos este local y se llenó de gente, fue impresionante, es algo que no esperábamos”, destacó Marta con alegría por esa repercusión que fue un empuje vital para seguir adelante.

 

Café.

 

El sitio que ocupa la florería se convirtió en una boutique. Se hicieron remodelaciones importantes y contrataron una diseñadora para que planee cada detalle de un espacio que pronto ofrecerá un servicio de cafetería.

 

“Estamos re esperanzadas en que funcione porque a la gente le gusta mucho hacer una pausa y disfrutar de un cafecito en un lugar bonito. Es una propuesta distinta y buscamos que sea una experiencia completa, no solo el hecho de comprar una flor. Tenemos productos de Bonafide y otras exquisiteces para la gente que también llega desde otros lugares porque tenemos pedidos de Macachín, de Lonquimay, de Acha, de Santa Isabel. Llegan comisionistas para llevar los encargues que nos hacen en redes y eso nos encanta, poder llegar a distintos lugares”.

 

“El otro día nos llegó un pedido desde China, de alguien que vive allá y nos hizo el encargue para que le enviemos un ramo a su madre que vive en Santa Rosa. Y ver la cara de alegría y emoción de esa mujer fue hermoso. Son muchas las posibilidades que ofrece un negocio de flores porque pueden ser para centros de mesa en una fiesta, ramos de novias, bailes de egresados, pedidos de disculpas con un ramo en alguna pareja en la que hubo alguien que no se portó bien…”, dice con picardía Marta, y Carolina agrega que la florería también se integra a una economía circular “en la que somos todas mujeres porque nos conectamos con otros emprendimientos que se vinculan y eso está muy bueno”.

 

Marta está convencida de que en tiempos adversos, regalar flores “se mantiene como algo necesario, porque es un mimo, y todos necesitamos un gesto de bienestar cuando todo está difícil. Hoy floreció nuevamente el gesto de regalar flores, incluso antes se asociaba mucho al cementerio, pero hoy sale muy poco en ese sentido y sí se busca la opción para cosas alegres, lindas”, asegura la dueña de un negocio que en uno de sus rincones tiene escrita la frase “Lo que florece acá, se comparte”.

 

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