También aquí es una vergüenza
“Si no tenemos cuidado, esta gente venderá Brasil y no podemos permitirlo". Las palabras de advertencias fueron pronunciadas por el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, al conocerse el acuerdo que el gobernador derechista del estado de Goiás, Ronaldo Caiado, hizo a espaldas del gobierno federal, autorizando a una empresa norteamericana a operar el mayor yacimiento de tierras raras del continente ubicado, justamente, en ese estado lindero al distrito federal y a la capital del país, Brasilia.
Lula cuestionó así que una empresa norteamericana se hiciera del yacimiento de Pina Elma, gracias al convenio suscrito por el gobernador.
El presidente brasileño calificó de “una vergüenza” el acuerdo para la extracción de tierras raras en el yacimiento Pina Elma que suscribiera Caiado con la empresa estadounidense USA Rare Earth (USAR). Caiado, dijo Lula, se excedió en sus competencias como gobernador y atentó contra los intereses nacionales al entregar la explotación de esa riqueza estratégica de Brasil a un país con el que tienen actualmente una fuerte disputa geopolítica, por el tinte expansionista e intervencionista que el presidente norteamericano Donald Trump le ha impreso a su mandato.
Lula reaccionó ante lo evidente: detrás de esta decisión se esconde la guerra fría que Trump ha emprendido contra China en el continente apropiándose de una mina única en su tipo a través de la “fusión” de la minera brasileña Serra Verde, con la norteamericana Rare Earth en una operación valuada en unos 2.800 millones de dólares.
La “fusión”, funcional a los intereses norteamericanos, fue rápidamente avalada por el gobernador derechista Caiado, aunque significa pasar la propiedad de uso y extracción de la mina, hasta ahora en manos de la brasileña Serra Verde, a manos extranjeras, en una operación que deja a Brasil mal parado ante su principal socio comercial, China.
Desde 2009, hace más de 15 años, el intercambio de Brasil con China supera con creces a Estados Unidos que perdió así su preeminencia en esa relación comercial que ostentaba desde 1939. Buena parte de la prosperidad brasileña de los últimos lustros tiene su origen en el desarrollo de ese intercambio con el gigante asiático que asciende a 157 mil millones de dólares mientras que el que mantiene con Estados Unidos está a la baja y no alcanza siquiera a la mitad de ese intercambio con China.
Desde la Argentina miramos esta defensa de los intereses nacionales de Brasil por parte de Lula con cierta nostalgia de otros tiempos, cuando presidentes como Perón, Illia, Alfonsín, Néstor o CFK, defendían el interés nacional y no lo entregaban gratis al extranjero por unas palmadas en el hombro como lo hace Javier Milei hoy.
También aquí China es el principal socio comercial superando al propio Brasil y a un tercero, lejos, Estados Unidos que cada vez menos contribuye con su participación en el comercio bilateral.
Artículos relacionados
