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Domingo 15 de marzo 2026

No me diga que la vida es bella

Redacción 15/03/2026 - 00.14.hs

Parece adecuado que hoy, que la Academia de Hollywood hace su entrega anual de premios Oscar, se evoque en el título de este artículo a una película que en su momento fue múltiple candidata a esos galardones. Una obra algo atroz, que sólo el cine italiano podía encarar impunemente, esto es, revisitar el horror de los campos de concentración nazi en clave tragicómica. Sin embargo, hoy el cuento no va de cine, sino de literatura, y es para celebrar la reciente aparición, en Ediciones Amerindia, de "Mujer a la carta y otros cuentos" de Mirtha Maraschio.

 

Catálogo.

 

-Doctora, vivir no sólo es estar vivo.

 

-La vida es bella, Estela -le dijo con una sonrisa.

 

-No, doctora. La vida no es bella. Yo me ocupé siempre desde muy niña de embellecer todo mi entorno y creo haberlo logrado. Pero no me diga que la vida es bella.

 

La cita es de "Rosa militante", uno de los relatos que integran el libro, más precisamente en el capítulo "De dolores y pérdidas". El diálogo tiene lugar durante una consulta oncológica, momento lúgubre si los hay. Y, en buena medida, lo que se va relatando a lo largo de estas viñetas, es un largo catálogo de los sinsabores que la vida tiene preparados para todos, y en particular, para las mujeres.

 

Ya desde el primer capítulo, dedicado a los horrores de la dictadura 1976-1983 -cuyo 50° aniversario se conmemorará en diez días, en un turbio clima de negacionismo oficial- se transitan momentos de oscuridad: la historia de un hijo movilizado, como conscripto en el servicio militar, durante la Guerra de Malvinas; la figura ominosa de Luis Enrique Baraldini, el mandamás de la represión en La Pampa; la carta desesperada de un preso político.

 

Acierto.

 

Maraschio acierta en la ambigüedad que permite la ficción, dejando siempre al lector en la incertidumbre sobre cuánto hay de autobiográfico en estas historias. Sobre todo cuando se narran las peripecias femeninas como la violencia de género, el abuso infantil, las órdenes judiciales de restricción al acercamiento, las familias desensambladas. Hasta las situaciones de marginalidad extrema, como la prostitución, la semi-esclavitud del servicio doméstico, la precariedad existencial de las mujeres que habitaban la frontera con el indio durante el siglo XIX, siempre a un tris de transformarse en mercancía de intercambio, se cuentan aquí con una verosimilitud sorprendente.

 

No menos oscuro es el capítulo "De miedos y muerte", donde se narran, casi siempre desde una inocencia infantil, los misterios que rodean a esa última instancia de la vida, incluyendo una recurrente mención del suicidio. Hay un gran hallazgo aquí: el ingreso al mundo de la religión, de la iglesia, donde el clima adusto y represivo del ritual -y de las monjas "educadoras"- no impide que la niña experimente la fascinación por la iconografía religiosa, porque le recuerda a las muñecas con las que suele jugar en casa.

 

Pero, la verdad sea dicha, no todo el material de esta narrativa es -como se decía antes- "una pálida". Hay un breve relato, engañosamente simple y seguramente real, en que la narradora cuenta el momento en que conoció a Enrique y Chicha Mariani, que venían a recorrer la escuela santarroseña donde él había cursado estudios primarios. Dos verdaderos próceres, afortunadamente con fuertes lazos con nuestra sociedad; dos personas dignas, rebosantes de humanidad.

 

Registros.

 

Por fuera de estos registros, también hay un capítulo que contiene cuentos fantásticos, y un par más, dedicados al mundo de la infancia y a los afectos, con reiteradas evocaciones de la vida rural, que se agradecen por su autenticidad, que nunca recae en los clichés bucólicos.

 

Mirta Maraschio se afirma, con esta obra, como una narradora consumada, que ya ha publicado una novela -"Y no miré para atrás", 2021- y que también ha incurrido en la dramaturgia, en la dirección teatral, y en la actuación. Lo que se dice, ha puesto el cuerpo. Si a eso le sumamos su interesante incursión en las artes visuales, de la que son muestra las ilustraciones de esta obra, casi podría catalogársela como una "mujer del Renacimiento".

 

La pregunta sobre si la vida es bella sólo tiene respuesta individual. Después de todo, y como dijo otra escritora mujer -Margaret Wolfe Hungerford, en su novela "Molly Bawn" (1878)- la belleza está en el ojo de quien mira.

 

De lo que no hay duda es que, con independencia de lo horrible que a veces pueda ser el mundo -donde decenas de niñas iraníes mueren bombardeadas sólo por haber ido a la escuela- lo que nos toca es tratar de embellecerlo con los pequeños gestos cotidianos. Vaya si sabe de esto las mujeres. Y vaya si lo ha logrado la autora de "Mujer a la carta".

 

PETRONIO

 

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