Jueves 30 de mayo 2024

Aves y sexualidad

Redaccion Avances 11/02/2024 - 09.00.hs

En este artículo se hará alusión a algunos episodios acontecidos en tiempos donde, la “gente de campo” recibía mercadería de las llamadas “Casas de Ramos Generales”.

 

Rubén Giordano *

 

En ambientes sociales pueblerinos, abundan los relatos que expresan la espontaneidad de los personajes que interactúan entre episodios “reales” con expresiones míticas, utilizando diálogos con marcados detalles, de breve cuantía expresiva y se podría decir, en un sentido… generalmente picaresco.

 

Las anécdotas, pueden expresarse como textos escritos o a manera de expresiones orales, cuyo contenido se refiere a experiencias evidenciables y que consisten en relatar una situación vivida, por el emisor, y que tenga como rasgo principal, el destacarse dentro de sus experiencias, ya sea por ser extraña, graciosa, tragicómica o vergonzosa. Por su lado los refranes son: “Dicho agudo y sentencioso de uso común. Cualquier sentencia popular repetida tradicionalmente con forma invariable” (DRALE 1992). Se diría que en esta “selección” de anécdotas y refranes populares, prima el humor y, en casos, un lenguaje muy propio de las zonas inhóspitas y de raudas expresiones para lograr la comunicación entre las personas.

 

“Las teorías filosóficas sobre el humor se agrupaban en tres tendencias: superioridad, descarga e incongruencia; las dos primeras en función de las intenciones del emisor y la tercera en que el choque de contextos provocaba humor en el receptor. Sinceramente, no creo que exista ni pueda elaborarse una teoría general o universal del humor, es cierto que hay tendencias, pero el tiempo y el espacio las modifican continuamente” (M. A. Torres Sánchez, Estudio pragmático del humor verbal, Servicio de publicaciones Universidad de Cádiz, 1999, pág. 10).

 

Para ingresar en el meollo de la cuestión, se hará alusión a algunos episodios acontecidos en tiempos donde, la “gente de campo” (como se expresa de manera corriente por estos pagos), recibía mercadería de las llamadas “Casas de Ramos Generales” (en el caso de General Acha y su zona de influencia: “Casa La Moderna” y “Casa Ruiz Pérez”). El llamado “repartidor”, cargaba el vehículo con caja completa y hacía largos recorridos por la travesía desde General Acha, hacia el Oeste.

 

Doña María (con el mate siempre listo y alguna torta frita de acompañante), radicada en la zona del Cerro Patagua (ubicado a unos 125 kilómetros al ONW de General Acha), esperaba bajo la enramada la llegada de la mercadería para el mes en curso. De pronto escucha el sonido de la camioneta Ford 47 acercándose a la casa y, para homenajear al visitante, arrima otra vieja silla de madera (respaldo erguido, asiento de cuero rústico y patas firmes de algún poste en desuso de caldén o algarrobo, apenas trabajado con las escasas herramientas disponibles en el viejo galpón). Su marido, como habitualmente se hace en esas inconmensurables recorridas por las costas y las aguadas, ya había salido tempranito, montado en un oscuro criollo.

 

- Se la saluda Doña María (expresa atentamente el “repartidor”, quitándose la gastada gorra visera que protegía su cabeza del abrazador sol de la alta primavera).

 

- ¿Cómo dice que le va, mi amigo Juan?

 

- Bien…bien… listo para descargar el pedido.

 

Una vez realizada la descarga, hecho el control y la correspondiente firma del remito, se disponen a matear y comentar lo transcurrido desde la última visita.

 

- ¿Qué se cuenta de bueno, Doña?

 

- De bueno… que el campo está empasta‘o y parece que habrá terneros gordos para arrimar a la feria. Eso sí, tengo algo ‘pa contarle.

 

- ¿Qué le pasa mi amiga?

 

- Usted sabe, la han empreñao a la Isabel; ha sido ese disgraciao del Ubaldo.

 

- Que macana Doña. Usted que siempre la aconsejó bien y la quería a su lado, por su buena compañía. ¿Y… ahora?

 

- No sé que irán a hacer estos “cabezas de chorlitos”. Pero mire que le dije y le dije… “usá cóndor m’hija…usá cóndor” y…nada, nunca hizo caso.

 

Es de imaginar el rostro del “repartidor”, casi sin expresiones para acompañar el momento doloroso de Doña María, saboreó el último amargo (de cabeza gacha), llevó una torta frita a su boca y…como pudo, enfiló para la trajinada forcita, para llegar a tiempo a cercanías de Chacharramendi.

 

* Profesor de Historia y Geografía

 

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