Miércoles 29 de mayo 2024

El silenciamiento

Redaccion Avances 20/08/2023 - 06.00.hs

Cuatro autorxs argentinxs del siglo XX y XXI son tomados en el nuevo libro de la investigadora pampeana Nilda Redondo. En todos ellos encontraremos la marca del genocidio en torno a la última dictadura.

 

 

Nilda Redondo *

 

 

Este libro, editado recientemente y próximo a presentarse en Santa Rosa, La Pampa, reúne trabajos relativos a cuatro autorxs argentinxs del siglo XX y XXI. En todxs encontramos la marca y los efectos del genocidio desplegado en nuestro país en torno a la última dictadura militar. He explorado diversos intelectuales, poetas, periodistas y novelistas que supieron producir el esplendor de los 60, 70 y además fueron acalladoxs por largo tiempo. Ahora vuelvo sobre los pasos, recojo dos de ellos: Urondo y Conti, y me zambullo en Juan Ele y Juana Bignozzi.

 

A Juan E. Ortiz le quemaron la obra poética completa, En el aura del sauce, que había editado la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil en 1971, cuando en febrero de 1977 la dictadura la intervino y desmanteló. Esa quema no fue única, como sabemos, puesto que de manera directa o por el terror que infundieron los genocidas, nuestro país fue un campo plagado de cenizas de libros y revistas y eso significó uno de los cortes profundos entre una sociedad y otra, la presente.

 

Francisco Urondo fue asesinado en Mendoza, por la policía, en una encerrona, el 17 de junio de 1976. Su compañera Alicia Raboy fue secuestrada y continúa desaparecida; su hija Ángela Urondo Raboy tenía once meses, estuvo secuestrada unos días y luego fue llevada a una casa cuna de la que la retiraron su tía Beatriz y la madre de su mamá. La otra compañera que compartía el auto pudo huir y evitó su secuestro. Toda la obra de Francisco Urondo fue prohibida y él denominado “delincuente terrorista subversivo”.

 

Haroldo Conti fue secuestrado el 5 de mayo de 1976 cuando regresaba a su domicilio, luego de cenar e ir al cine con su compañera Marta Scavac. Aún continua desaparecido y su obra corrió el mismo destino que la de Urondo aunque la película que hizo Sergio Renán a partir de Alrededor de la jaula, denominada “Crecer de golpe”, se estrenó el 30 de junio de 1977. Marta y su bebé Ernesto Conti fueron al exilio.

 

Juana Bignozzi partió junto a su marido Hugo Mariani, a España, en 1974 y pudo regresar después de treinta años, en 2004, aunque comenzó a visitarnos nuevamente desde 1989. Ella se considera una desterrada, no exiliada -palabra de la que desconfía- pero lo cierto es que forma parte del ancho campo del destierro-exilio político que produjo la última dictadura militar en Argentina. No publicó poesía en el exterior, sólo tradujo puesto que era su oficio y su fuente laboral. Volvió a tomar la palabra poética pública a partir de 1989. Antes la ahogó el silencio como a lxs que padecimos el exilio interno, la desolación, la ausencia.

 

 

La masacre de Trelew.

 

Hay un hecho que ubicamos en el centro de la escritura: la masacre de Trelew, producida el 22 de agosto de 1972, durante la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse y que se configura como un anticipo del genocidio último por la manera de trato a lxs prisionerxs: torturadxs, inermes, perforadxs finalmente por la balacera de las fuerzas represivas de la Marina. Cuarenta años después fueron condenados varios de los responsables y aún se espera la extradición de Roberto Bravo desde EEUU. Leemos la masacre desde La pasión según Trelew de Tomás Eloy Martínez, El libro de Trelew de Humberto Constantini, La Patria Fusilada de Francisco Urondo y los homenajes al año, 1973, realizado por la revista Nuevo Hombre y a los dos años, 1974, por el grupo “Barrilete” y el Frente de Trabajadores de la Cultura el Informe sobre Trelew. Luego nos detenemos exclusivamente en La patria fusilada que nos trae las voces de René Haidar, Alberto Camps y María Antonia Berger hasta el presente.

 

 

Nueva izquierda.

 

La característica de este trabajo desde el punto ideológico es que busca aportar a la multiplicidad de perspectivas que se desarrollaron en los 60 y 70 en la Argentina, en el campo revolucionario que ocupó la llamada nueva izquierda. Se presenta, entonces, a dos poetas que fueron maoístas, a su manera. Juan Ele, quien desde muy joven -había nacido en 1896- se sintió atraído por la revolución rusa de 1917, estuvo vinculado a los círculos del Partido Comunista (PC) y, luego de visitar la República Popular China y conocer a Mao Tse Tung en 1957, se inclinó al maoísmo hasta el fin de sus días. Juana Bignozzi quien, luego de ser expulsada del PC estando en La Rosa Blindada, se acercó a Vanguardia Comunista junto a su amigo Andrés Rivera e invitó a esa perspectiva del comunismo a Beatriz Sarlo, a fines de los 60. Visitamos, por otro lado, a Paco Urondo, quien realiza un recorrido que va desde la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) al Movimiento de Liberación Nacional (MaLeNa) para incorporarse a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), organización guerrillera guevarista que se integra al peronismo y luego se fusiona con Montoneros, en octubre de 1973. Haroldo Conti, por su parte, expresa la conjunción del cristianismo, el existencialismo, el anarquismo pero concentra todo a inicios de los 70 incorporándose al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y al Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS) junto a otros escritores como Humberto Constantini y Roberto Santoro.

 

¿Tiene que ver esto con su producción como intelectuales, poetas, periodistas, escritorxs, investigadorxs? Sí, no sólo por lo que dicen en sus textos, la forma discursiva que adoptan, sino, además, por la concepción que desarrollaron respecto de qué es ser escritor, escritora, o poeta, qué características debe tener la tarea periodística, cómo deben vincularse a los medios de producción estos tipos específicos de trabajadorxs; finalmente, cuál es el papel de lxs intelectuales en un proceso revolucionario como el que lxs envolvía y a la vez ellxs propulsaban.

 

 

Doble poder.

 

Una de las hipótesis centrales de este estudio de la producción intelectual y artística en los 60 y 70 en Argentina, es que se desarrolló una situación de ascenso de la lucha revolucionaria y se creó un doble poder que puso en cuestión el orden vigente en los diversos subsistemas de la sociedad, entre ellos el de la cultura, aunque también el de lo político-social. Las distintas instituciones del Estado, las privadas y las públicas, fueron cuestionadas y disputadas desde otro territorio que, como vemos en Mascaró de Haroldo Conti y Poder burgués, poder revolucionario de Mario Roberto Santucho, necesitó ser custodiado por quienes, además, de una u otra manera, se organizaron en una violencia defensiva y a veces ofensiva. Desplegaron nuevas formas organizativas en la iglesia católica con el movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo; en las fábricas, con las ligas de obreros y obreras que enfrentaron a la burocracia sindical y a las patronales; constituyeron las ligas agrarias, saliendo de esta manera de las corporaciones tradicionales comandadas por los propietarios del campo; tuvieron otra forma de sociabilidad y manifestaron sus amores por fuera de la concepción de la familia tradicional; buscaron una mayor libertad sexual y avanzaron en las luchas feministas. Pero en el área que a nosotrxs nos ocupa, las rupturas tienen que ver con las nuevas concepciones respecto de lxs artistas y de lxs intelectuales, cómo llevar adelante una lucha antiimperial y antiburguesa en ese terreno, a cuáles formas organizativas recurrir, qué experiencias del pasado o de otros territorios tomar. Por eso defendieron, en algunos casos, la asociación de lxs escritorxs como trabajadores, trabajadoras, de la cultura y no como seres iluminadxs por la inspiración. Consideraron que su trabajo, el de la escritura, era un oficio y que ellxs eran seres del pueblo. El despliegue se dio en el periodismo, la literatura y el arte; además, en el cine y el teatro. Hubo cine revolucionario y teatro que convocaba a la rebelión. Estuvieron el circo criollo, Bertold Brecht y Augusto Boal; estuvieron Pino Solanas y Raymundo Gleyzer. Se multiplicaron las ediciones de libros en formato popular, las editoriales como Tiempo Contemporáneo, De la flor y Centro Editor de América Latina; y la prensa político cultural del rango de Pasado y Presente, La Rosa Blindada, Los Libros, Crisis, Nuevo Hombre, tuvo un gran desarrollo.

 

 

Entrelazamiento.

 

Lxs poetas y escritorxs escogidxs en esta oportunidad estuvieron entrelazados, de una u otra manera, y así serán atendidos. Juan Ele Ortiz fue entrevistado por Juana Bignozzi en 1969 para elaborar un prólogo a la edición de una antología de su poesía a cargo de Carlos Pérez editor. Francisco Urondo lo entrevistó y escribió una nota anunciando la aparición de su obra por la Biblioteca Vigil en 1971; lo admiraba y su apellido Ortiz era su nombre encriptado en sus últimos días. Juana Bignozzi, a pesar de provenir de un núcleo diverso de poetas, de “El Pan Duro”, considera a lxs poetas de “Poesía Buenos Aires” como buenos, expresamente así se referirá a Paco, cuando le pregunta Guillermo Saavedra en 1998. Paco y Haroldo escribían para Crisis, compartían un territorio común desde el peronismo revolucionario uno y el marxismo guevarismo, el otro. Un poeta que los ha unido, que une a Juana, Paco y Haroldo es Juan Gelman; a Juana por ser su compañero mayor en la Federación Juvenil Comunista, El Pan Duro, La Hora, La Rosa Blindada; Paco y Haroldo, con Rodolfo Walsh, en su homenaje a los tres luego de que fueran asesinados o secuestrados. Un homenaje realizado por alguien que había compartido con ellos la poesía, la escritura y la lucha revolucionaria.

 

 

Filosofía que ilumina.

 

Para abordar estos textos he trabajado con la perspectiva filosófica del lenguaje de Valentin Voloshinov y Mijail Bajtin puesto que permite comprender el sentido social de los enunciados y su carácter relacional, convulsionado periódicamente por el movimiento dado por la lucha de clases. Las concepciones de la densidad de los textos, la intertextualidades y transtextualidades que tan profundamente ha trabajado el grupo “Tel Quel” con Julia Kristeva y Philip Sollers, también están actuantes. Es que permanentemente busco qué discursos están presentes en cada enunciado, qué discursos ajenos actúan y cómo se produce, a veces, notoriamente la hibridación de esos discursos. Así el escritor, la escritora, operan como quienes nos ponen de manifiesto el murmullo social, las perspectivas ideológicas confluyentes o encontradas. Así es como la poesía, el texto periodístico, el ensayo, el texto científico, la literatura, entre otros, son fuente de saberes y conocimiento respecto del pasado, el presente y el futuro porvenir. Asimismo se trabaja con la consideración de que los llamados géneros literarios y aún la tipificación de los distintos de discursos, son el resultado de construcciones históricas; de determinadas características que una cultura asigna a lo que convierte en arte o en documento de verdad.

 

Para la reflexión respecto de cuál perspectiva adoptaron estxs intelectuales en relación a qué es la autonomía del arte y de la literatura, el compromiso político, la constitución de otras maneras organizativas y la reflexión respecto de la vinculación del texto producido con la palabra y la realidad, he tomado referencias de Peter Bürger, Bertolt Brech, Walter Benjamin, Herbert Marcuse y nuestro Max.

 

Jacques Ranciere nos ha permitido comprender cómo opera el desacuerdo en las construcciones estéticas y también en las políticas: ambas iluminando lo que estaba en las sombras y no había sido presentado hasta entonces como centro. Luis Althuser, su maestro, nos aporta sus concepciones de ideología, las subestructuras de la realidad y la capacidad de sobredeterminación de la superestructura cultural y artística sobre las infraestructuras de base económico- social.

 

 

Invitación a leer.

 

Las invito, los invito, entonces, a recorrer los distintos tramos de este libro, que se organizan así.

 

En el primer capítulo, “Juan L Ortiz: |Poesía y comunismo”, se reflexiona respecto de la “marginalidad” de este poeta y su concepción del comunismo en vínculo armonioso con la naturaleza.

 

El siguiente es un trabajo comparativo entre El Gualeguay y Adolecer, largos poemas de Juan Ele y Paco Urondo, respectivamente. Aquí se ahonda en los matices entre ambos, respecto a la consideración del pasado resistente del siglo XIX llevado adelante por José Gervasio de Artigas, Manuel Dorrego, en torno al mítico amor de Delfina y Francisco Ramírez, y su resonancia en el presente cargado de promesas de 1968.

 

El tercer capítulo, “Leer a Juana Bignozzi como un espectador emancipado”, se detiene en esta poeta de izquierda que produce una poesía que coloca la experiencia sensible fuera de lugar y desde ese punto las mira y reflexiona, incluido el devenir de la política revolucionaria y sus defecciones.

 

“La masacre de Trelew: lecturas y tradiciones encontradas” y “La patria Fusilada, una entrevista”, se constituyen en el centro de esta lectura política de la literatura argentina. Es que la masacre de Trelew forma parte de la sucesión de masacres que culminan en el terrorismo de Estado. Además, porque, en este año, 2023, se cumplen los 50 años de aparición de la potente entrevista de Urondo a lxs sobrevivientes.

 

Los últimos capítulos, “Vanguardia política y vanguardia artística: Francisco Urondo y Haroldo Conti” y “La creación artística: Juan Ele, Juana, Haroldo”, profundiza el análisis de las concepciones teóricas que desarrollaron estxs escritores, artistas, intelectuales, poetas en relación a la ética, la estética y la política revolucionaria. Cómo se esforzaron en reflexionar respecto de la importancia fundamental de los y las intelectuales en ese proceso revolucionario abierto, ese ancho campo de la libertad que necesitaba de la praxis, es decir de la teoría y la práctica; del pensamiento y de la intervención en el seno de compleja realidad heterogénea en la que se inscribieron a la vez que soñaban despiertos, despiertas, con un lucidez de largo plazo que expresaron en sus obras escritas y en las palabras que en ellas nos resuenan.

 

 

* Docente de Letras, UNLPam

 

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