Jaqueca
A esta obra la comencé a escribir en la Escuela 95 de Villa Elisa. Tenía el argumento, saqué el muñeco de la valija y terminé moviéndolo. Al vendedor de sombreros lo hice con la voz. La Mujer y el Estudiante los incorporé después. Cuando salí del teatrino me encontré con las miradas de los chicos; había un silencio tangible, lleno de asombro y preguntas. Eso aceleró la escritura y la puesta de la obra y quedó así.
Aldo Umazano *
UNO: “¡Cómo me duele la cabeza! No puedo trabajar. Tendré que tomar una pastilla y esperar. ¿Dónde se irán los dolores cuándo se van?” - camina. “¡Dios mío!” - descubre al titiritero. “¡Señor Titiritero! ¿No me quitaría la cabeza?” - la mano del titiritero le quita la cabeza y la deja en el piso. “¡Muchas gracias!” - se pasea. “¡Qué bien me siento sin mi cabeza! No haberme dado cuenta antes. ¡Con quitármela era suficiente!” - La observa. “No me mires así. Es tu culpa; es tu dolor, qué ha dejado de ser mío. Ahora es tuyo; ¡tuyo! Bien. ¿Qué podría hacer con ella? ¡Ya sé! ¡Te venderé!” - ríe, la alza, la contempla y dice: “Ser o no ser”.
Saca un cartel que anuncia “Vendo cabeza”. Lo clava en el piso. “¡Vendo cabeza de segunda mano! ¡Gran oportunidad! Aproveche señor. ¡A la primera oferta se la lleva! ¡Ojos negros! ¡Boca cerrada! ¡Tiene pelo! ¡Bien afeitada! ¡Tamaño normal! ¡Poco uso! ¡Bah, el uso que nos da hoy la cotidianeidad!”.
(Aparece un estudiante)
ESTUDIANTE: ¿Qué vende, señor?
UNO: Una cabeza.
ESTUDIANTE: (Mirándola) ¡Qué cabeza más cabezona!
UNO: ¿Le gusta?
ESTUDIANTE: Seré curioso. ¿Fue a la escuela?
UNO: Asistencia perfecta.
ESTUDIANTE: ¿Cuáles son sus bondades?
UNO: El gran conocimiento.
ESTUDIANTE: ¿Mucho?
UNO: ¡Muchísimo! Ideal para estudiantes.
ESTUDIANTE: Soy estudiante. Me interesa.
UNO: Es prácticamente la cabeza de un profesor.
ESTUDIANTE: ¿Sabrá cómo pagar mi pensión, entonces?
UNO: Saber, sabe. Pero al dinero lo tiene que poner usted.
ESTUDIANTE: ¿De qué me sirve tanta erudición? Soy de bolsillo flaco. ¡Vaya paradoja!
(se va).
UNO: (Vuelve a vender) ¡Vendo cabeza de segunda mano! Sabe inglés, francés, castellano, japonés.
(se rasca la cabeza, piensa en voz alta). Tendré que ser sincero con el comprador. Decirle: le duele la cabeza, el comprador preguntará: ¡Por qué le duele la cabeza?. Yo contestaré: No sé. Tendrá que llevarla a un especialista.
(Entra una mujer. Mira la cabeza)
UNO: Vendo cabeza de segunda mano.
MUJER: (La observa) Debe estar chiflada. ¿Habla?
UNO: Por supuesto que habla.
MUJER: ¿Qué idioma?
UNO: Todos. Y jamás pronunció una mala palabra.
(La cabeza se mueve)
MUJER: La veo algo nerviosa.
UNO: ¡Y, en un mundo como este! ¿Qué quiere?
MUJER: (Observándola) La necesitaría. Además, tengo un peine guardado hace años…
UNO: Estoy seguro que le será útil. ¿Cuál es su profesión? ¿Peluquera?
MUJER: Profesora de filosofía.
UNO: (Terminante) ¡No hay nada más que hablar! ¡Amo a la gente que ama saber!
MUJER, en docente: Bueno... filo es saber, y sofía, amor. Amor al saber.
UNO: ¡No siga, no siga! Negocio cerrado: llévela.
MUJER: ¿Le parece?
UNO: ¿Duda?
MUJER: Mire que la mentira tiene patas cortas.
UNO: Estamos hablando de la cabeza.
MUJER: Si la compro y no me sirve, tendré que arrojarla a la basura. UNO: (La aparta y habla en voz baja) Seré sincero con usted; (mira en todas direcciones), le duele la cabeza.
MUJER: ¡Ah! ¿Vio? Y si le duele la cabeza es porque tiene algún problema.
UNO: ¿Quién no comió un huevo frito?
MUJER: Tiene razón; yo con sólo ver a una gallina...
UNO: Tendrá que llevarla a un cabezólogo.
MUJER: (observa la cabeza desde distintos ángulos)
UNO: En todo caso le hago un descuento.
MUJER: La veo triste.
UNO: Haga una oferta. ¿Para qué la quiere?
MUJER: Para arreglar el mundo.
UNO: (al público) ¡Tremenda tarea!
MUJER: Y si le duele la cabeza… Seguiré buscando (se va).
UNO: (a la cabeza) ¡Ves lo que pasa con tu dolor de cabeza!
(Cruza la sombra de un vendedor de sombreros con muchos sombreros puestos).
VENDEDOR: ¡Sombreros! ¡Sombreros de todos colores! ¡Sombreros! ¡Sombreros de paja! ¡Sombreros de trapo! ¡Sombreros de pana! (la sombra se aleja) ¡Sombreros, sombreros de todos los colores!
UNO: (se queda pensando y reflexiona) ¿Nunca más usaré un sombrero? ¿Mis lentes quedarán para siempre sobre la mesita de luz? (se mira en los ojos de la cabeza).
¡Estoy impresentable! ¡Lo leo en mis ojos! ¿A quién se le ocurrirá decirme: “¿Hay amor en tus ojos?” O: “Escucha esta melodía!” Sin boca: ¿cómo diré te quiero? ¡Dios mío! ¡Nunca más me picará la Cabeza!
(Abraza su cabeza)
¡Venga mi marote, mi zapallo, mi sesera! ¡Mi testa, mi balero, mi mollera!
Señor titiritero, colóqueme la cabeza
(La mano del titiritero le coloca la cabeza. Se siente mejor y dice al público) ¡Ya casi no me duele la cabeza! Tomaré una patilla. Aunque lo que más necesito, es un buen coscorrón. (Al público) ¿No les parece?
(Tumba el cartel que dice se vende y se va contento con su cabeza puesta)
Fin.
* Titiritero, actor, dramaturgo
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