Itaca puede esperar
El chiste más frecuente con respecto a La Odisea -película recientemente estrenada que promete arrasar con los premios Oscar el año que viene- es que en este caso resulta imposible cometer el pecado del "spoiler"; esto es, revelar el argumento o el final a quien no la ha visto. Eso, porque el libro original se escribió hace algo así como tres milenios. Aparentemente están vencidos los plazos de prescripción en estos casos. Pero los argumentos cinematográficos están sobrevalorados: las películas están sobre todo para provocar sensaciones, y hay que decir que este mamut de casi tres horas de duración, tiene una fuerza conmovedora considerable.
Chiste.
El chascarrillo en cuestión tiene una base falsa, de todos modos. Porque la adaptación que hizo el director Christopher Nolan (Dunkerke, Oppenheimer), en su clara intención de contar una historia relevante para nuestros tiempos, se aparta bastante del poema original de Homero. Igual es difícil que este autor formule queja alguna, ya que lleva tres milenios viendo crecer las plantas desde abajo. Es más: hay quien duda de que haya existido alguna vez, lo que lo convertiría a su vez en un personaje ficticio como su tocayo el Simpson.
Pues bien, la historia gira en torno al personaje de Odiseo (a quien los romanos se tomaron la libertad de rebautizar como Ulises), rey de Itaca que concurre al llamado de su señor, el rey Agamenon, quien emprende una campaña militar contra la ciudad-estado de Troya, que si existió -son pocos, pero también hay quienes dudan de esto- estaba sobre el Mediterráneo en la actual Turquía. El motivo de la guerra era recuperar a su consorte Elena, la percanta que lo amuró. Entre pitos y flautas, se pasan unos diez años retozando allí en la playa, sin poder ingresar a la ciudad amurallada, hasta que a Odiseo se le ocurre la idea de construir un caballo de madera, relleno de un grupo de soldados, y presentarlo a los troyanos como un presente de guerra para que lo introduzcan a la ciudad, y atacarla desde adentro.
Al parecer, estos trucos funcionaban en la Antigüedad. Lo que Nolan se encarga de hacer es revelar lo que todos sospechamos siempre: que tras unos días de estar adentro del caballo, los gloriosos soldados terminaron bañados en pis y caca, detalle escatológico que bien podría habernos ahorrado, pero que por algún motivo, al filósofo/crítico de cine Slavoj Žižek le pareció muy copado.
Viaje.
El engaño surte efecto, y el ejército invasor puede arrasar la ciudad enemiga, cometiendo todo tipo de pillajes, matando hombres y violando mujeres, o como quiera que se hacen estas cosas. Cumplida la faena, y recuperada la tal Elena, los combatientes emprenden el viaje de regreso, que a nuestro Odiseo le lleva unos diez años más de aventuras. Como se ve, se trata de un caso extremo de "querida, salgo a comprar cigarrillos, ya vuelvo".
Lo que pasa es que el viaje se complica: los soldados se le amotinan, las islas resultan estar llenas de gigantes hostiles, de brujas que transforman a los hombres en cerdos, de un cíclope (gigante de un solo ojo) al que terminan convirtiendo en tuerto, e incluso hay un largo período en que Odiseo, aparentemente amnésico, pasa unos años como esclavo sexual de Charlize Theron; lo cual no parece un plan tan malo, sobre todo si lo comparamos con la temporada que pasó dentro del caballo en Troya. Homero no indica con claridad en qué parte del Mediterráneo está cada isla, pero ésta -por las playas doradas, y por las drogas que consume nuestro sacrificado héroe- parecería ser Ibiza. Sólo le falta la música electrónica.
Y es que, a diferencia del poema original, donde la guerra es glorificada, aquí hay una visión más contemporánea. La guerra de Troya opera como un episodio culposo, a la manera de Vietnam, y el héroe, en lugar de disfrutar sus aventuras, sufre una suerte de síndrome post traumático, algo que un griego clásico vería como una falta de testosterona.
“Woke”.
El impresentable racista de Elon Musk venía tratando de boicotear la película antes de que se estrenara, acusándola de "woke" (progre) porque en el casting pusieron a una actriz negra haciendo de Elena, y a un actor trans haciendo del soldado Sinon. Como si en la Grecia antigua no hubieran habido negros, ni tampoco existiera la diversidad sexual (que por poco no se promocionaba). Ahora Musk amenaza con hacer su propia versión con inteligencia artificial. Que Zeus nos libre y guarde.
En realidad, el toque "progre" lo da la visión que se transmite, de que la caída de esa civilización helénica se debió a la violación de la ley divina que imponía dar hospitalidad a los extranjeros, lo cual no puede menos que interpretarse como un comentario sobre la actual política migratoria de los EEUU, o la de los países europeos, herederos de la tradición griega.
La película concluye (spoiler alert!) con Odiseo navegando hacia el exilio, junto a su fiel Penélope, la tejedora. Toman el rumbo oeste, para atravesar lo que parece ser el estrecho de Gibraltar; como quien va hacia América, donde el héroe pronostica que reconstruirán la civilización y que "volveremos a cometer los mismos errores". Es una pena que en el guion lo hagan mencionar el colapso de la Era de Bronce, un concepto histórico del que los antiguos griegos no tenían la más peregrina idea.
Pero basta de quejas, que aquí lo importante es vivir la experiencia cinematográfica, y si es posible, en pantalla grande. Porque como dijo otro poeta griego bastante más contemporáneo, Konstantin Kavafis: lo importante es el viaje, no el destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Itaca te enriquezca:
Itaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ella, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
PETRONIO
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