Lunes 20 de mayo 2024

La gordofobia en la mira

Redaccion Avances 19/03/2023 - 15.00.hs

Una tarea para el hogar, la educación, el sistema de salud, los medios de comunicación y la sociedad, es generar espacios para hablar y trabajar sobre temas en relación con la discriminación hacia los cuerpos de las otras personas.

 

Docentes *

 

Docentes de la Cátedra de Nutrición y Salud Humana de la carrera de Enfermería de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales – UNLPam, junto al equipo de trabajo del proyecto de extensión Universitaria “Cuerpos Heterogéneos” (Resolución Nº 604/2021, 5/21 FCEyN), realizaron la presentación de la película “Nadie sabe que estoy aquí” del chileno director Gaspar Antillo. La proyección generó un intenso e interesante debate que intentó fomentar, por un lado, actitudes receptivas respecto a la marginalización corporal y, por el otro, promover una mayor conciencia social en relación a la discriminación que sufren las personas gordas.
Esa tarde de domingo, muy fría de agosto, “Arde Pampa, galería de arte + café” se convirtió en epicentro de un intenso debate, por demás caluroso. Todos creían tener la razón y nadie a la vez…

 

El odio a la gordura.
La película protagonizada por Jorge García (Memo Garrido en el filme) y Millaray Lobos, como Marta, se basa en la historia de Memo, quien se ha convertido en un peculiar ser humano, recluido con su tío en una isla del sur de Chile, dedicado al cuidado de una granja de ovejas. Huraño, excéntrico y huidizo, descuidado en lo físico y maltratado en lo psicológico por su imagen corporal. Su voz le permitió conquistar el escenario del pop adolescente en los años 90 y se apagó de una forma cruel. Su voz excepcional no estaba acompañada por el físico deseado, y fue desplazado a causa de su gordura.

 

El cuerpo como frustración.
Inició el debate Pedro, un hombre de 60 años o quizás más, quien alentó a su manera a las activistas gordas presentes. “Yo te felicito porque estás orgullosa de tu cuerpo y lo mostrás”. Sorprendido se quedó frente a la inmediata respuesta: “nada para felicitar, nadie tiene el derecho de opinar del cuerpo de los otres”.
Una joven santarroseña sugirió que “quizás detrás de esta sistematización de los medios para generar frustración por el cuerpo que nunca tendremos, hay una clara intención comercial” y surgieron comentarios de todo lo que se vende para aminorar la angustia: tratamientos de estética, vestimenta, medicamentos, suplementos alimentarios, dietas prometedoras, etc. Se vende la felicidad.
Un estudiante aportó a la discusión que nuestra cultura glorifica el estándar de delgadez y refleja la paradoja de la gordura asociada al fracaso y la pobreza por falta de recursos para comprar alimentos de calidad y optar por alimentos caloríficos “de olla”.

 

Derechos vulnerados.
Las situaciones discriminatorias derivadas de la gordofobia implican una enorme cantidad de derechos vulnerados y experiencias violentas que atraviesan la vida de las personas gordas: durante la infancia en la escuela; durante la adolescencia, en los boliches; durante la juventud, en la dificultad de conseguir trabajo; el disfrute de una obra de teatro en salas con sillas pequeñas; bares con baños estrechos; tomógrafos solo para personas flacas; consulta médica en un camilla angosta y podríamos describir muchos más ámbitos, momentos y dimensiones de la vida en los que el estigma se hace presente.  
Cuando estas situaciones son problematizadas, usualmente aparece como pretexto la preocupación por la salud de la persona gorda: a la persona responsable de la infancia se le sugiere mejorar la alimentación de su hijo/ hija o a la persona joven o adulta que vaya al gimnasio o se alimente distinto. El comentario suele basarse en el peso e implica que la persona debe cambiar. Aun sin que la persona haya pedido un consejo, la razón que habilita a darlo es una pretendida búsqueda del “bien” respecto de su salud.

 

Mirada ‘peso-centrista’.
Sería interesante permitirse cuestionar la mirada ‘peso-centrista’ en la consulta de salud, reflexionando sobre algunas costumbres instaladas que pueden esconder cierta actitud gordofóbica, algo que claramente aleja a los pacientes del sistema de salud. Enfatizar la importancia de tener profesionales empáticos para con la diversidad corporal, que tengan presente la angustia y frustración por la que pueden venir atravesando cuando llegan a la consulta. Esto no implica omitir la sugerencia de mejorar la calidad nutricional y la incorporación de la actividad física, pero de una manera integral, haciendo foco en la salud como un estado de completo bienestar, bio-psico-social.
De aquí surgen las preguntas ¿es necesario registrar el peso exacto en cada consulta?, ¿cuán efectiva es esta práctica instalada en el consultorio? Sería quizás oportuno definir en forma bilateral, en consenso con el paciente, cada cuánto pesar y medir. Incluso, sería conveniente indagar cuando la obesidad está acompañada de patologías derivadas de la misma y cuando no lo está y dejar de echarle la culpa en forma sistemática a la gordura de todas las dolencias que refieren las personas. Le queda pendiente al sistema de salud revisar cómo aborda la prevención de la obesidad, si tiene sentido o han logrado resultados las campañas focalizadas en el miedo, la reprimenda o la violencia verbal referente a la gordura.
Seguir fomentando la cultura de las dietas, homogeneizando las corporalidades, opinando del cuerpo de los otros/as, categorizando a la persona gorda como enferma, ridiculizando la gordura, o usando la palabra gordo/a como un insulto nos está llevando a mal puerto. Para vivir en una sociedad más justa e inclusiva urge transformar los ideales de belleza que asocian la delgadez con el éxito y detener la discriminación corporal omnipresente que sufren las personas gordas. Y sobre todas las cosas, ¡necesitamos hablar de esto!

 

* Cátedra de Nutrición y Salud Humana - Enfermería - UNLPam

 

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