Sabrina Carpenter: ¿Crítica o Barbiecore?
En marzo, Sabrina Carpenter llega al Lollapalooza Argentina convertida en emblema de una hiperfeminidad que divide miradas. Aunque no está entre las artistas más escuchadas en nuestro país según el Spotify Wrapped 2025, su figura concentra debates que van mucho más allá del pop.
Enrique Alejandro Basabe *
Estúpido. Lento. Inútil. No te funciona ni la mitad del cerebro”. Así describe Sabrina Carpenter a su chico en “Manchild”, con una mezcla de ironía feroz y humor filoso que la posiciona como una de las voces pop más lúcidas del momento. La cantante expone la inmadurez masculina con la soltura de quien sabe perfectamente quién es y qué quiere.
“Por lo menos ella tiene claro su rumbo, no como Taylor (Swift), que es cualquier cosa”, dice John, un pasante estadounidense que se autodefine queer y que pasó ocho meses en Santa Rosa el año pasado. La comparación revela cómo algunos oyentes leen a Carpenter dentro del mapa pop actual.
Luego, en “Please, please, please”, cantada en un registro agudo que suena ingenuo, Sabrina le ruega a su novio: “No me hagas llorar justo hoy que el maquillaje me quedó tan lindo”. Aparece la fragilidad, pero filtrada por el humor y la conciencia de pose.
Más allá de las letras, Carpenter maneja una imagen difícil de clasificar. ¿Crítica o Barbiecore? Esa es la pregunta que parece obligarnos a formular mientras expande su alcance: incluso quienes nunca escucharían pop terminan acercándose igual. Un amigo, de esos que catalogaría como “macho”, lo admite sin vueltas: no será por las letras, pero sí porque “está rebuena”.
Otro elemento clave entra en juego: Sabrina Carpenter no es solo lo que dicen sus canciones, sino también el resultado de una construcción visual específica. Ex estrella Disney, lejos de seguir el camino de Miley Cyrus hacia una feminidad explícitamente empoderada, opta por reinventarse como una figura de erotismo pop, casi siempre envuelta en rosa. Esa elección estética organiza buena parte de las lecturas que el público hace de ella.
Algo similar sucede en conversaciones cotidianas: una colega defiende con firmeza a Lali Espósito cuando señalo que “Mejor que vos” proyecta una masculinidad tóxica, y justifica su postura diciendo que “ella también puede decidir ser libre y buscar un macho con quien pasarla bien”. Sobre Sabrina, en cambio, simplemente responde: “¿Pero qué podés esperar de una rubia yanqui?”.
Entre la muñeca rosa y la intérprete mordaz hay un espacio incómodo donde cada quien proyecta lo que quiere ver. Y es ahí, en esa incomodidad, donde la imagen de Carpenter se vuelve interesante.
Interpretar la provocación.
En agosto del año pasado, Sabrina Carpenter lanzó el álbum Man’s Best Friend, cuya portada desató una controversia inmediata. En la imagen, la cantante aparece vestida de negro y arrodillada frente a una figura masculina, también de negro, de la que solo se ve el cuerpo desde el torso hacia abajo, mientras le tira del cabello. La postura de Carpenter remite a una pose “canina”, en alusión directa al título del disco.
En un ejercicio realizado en el Profesorado en Inglés de la UNLPam, un grupo de estudiantes propone distintas lecturas de la portada. Algunas consideran que la imagen reproduce jerarquías de género, ya que “la autoridad se masculiniza y la feminidad se objetifica y erotiza”. Desde esta perspectiva, la tapa confirma el sentido más evidente de la escena y se vincula con lo que el teórico cultural Stuart Hall denominó, a fines de los años setenta, una lectura dominante o hegemónica.
Otras estudiantes, en cambio, retoman otra de las ideas centrales de la teoría de la recepción de Hall: que el público no recibe los mensajes de manera pasiva. Desde una lectura negociada, sostienen que Sabrina Carpenter recurre a una feminidad exagerada como estrategia y que, al llevar la sexualidad, la pose y el glamour al extremo, la imagen expone el funcionamiento de la “mirada masculina”, un concepto desarrollado por la teórica feminista Laura Mulvey. En ese sentido, postulan que el título irónico del álbum refuerza esta interpretación.
Un tercer grupo sugiere una comparación entre la portada de Man’s Best Friend y la del álbum Lover, de Taylor Swift, y concluye que “estas tapas representan dos extremos de lo que se entiende por feminidad”. Desde esa mirada crítica, mantienen que “ambos conceptos pueden coexistir sin caer en estereotipos” y que “ser mujer significa mucho más de lo que estos álbumes transmiten”. Esta posición se inscribe en lo que la teoría de la recepción denomina una lectura opuesta o contrahegemónica: una interpretación que comprende el mensaje dominante, pero lo cuestiona, lo rechaza y lo resignifica desde un marco alternativo.
Las propias palabras de Carpenter confirman esa pluralidad de sentidos. “Esa portada significa una cosa para mí y cien cosas para otras personas”, dice en una entrevista con la revista Variety. La controversia, entonces, no radica solo en la imagen, sino en las múltiples lecturas que activa y en cómo, una vez más, el pop se convierte en un terreno donde se discuten poder, género y representación.
“Dámelo. Lo quiero ahora. Adórame, abrázame y explórame”, insiste Sabrina en “Juno”, uno de los temas más escuchados del álbum. Allí, la voz lírica no espera ni se ofrece: decide, pide y goza, sin recurrir a la competencia entre machos explícita en “Mejor que vos”, de Lali. Leída desde este lugar, la polémica portada deja de ser solo una imagen de sumisión y pasa a inscribirse en una narrativa más amplia: la de una artista que pone su libertad sexual en primer plano.
La trampa de la libertad pop.
Ahora bien, esa libertad vuelve a entrar en disputa cuando choca, una vez más, con la realidad. Mientras termino de escribir este texto, Sabrina Carpenter se ve envuelta nuevamente en la controversia.
Por un lado, se enfrenta nada menos que a Donald J. Trump, presidente de los Estados Unidos, y a su campaña de persecución a inmigrantes, que utiliza uno de sus temas como banda sonora. En un video de 20 segundos circulan imágenes de arrestos realizados por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), mientras de fondo se escucha a Carpenter cantar “¿Has probado esta?”, una frase tomada de su canción “Juno”.
“No me involucren nunca a mí ni a mi música en su agenda inhumana”, declara la cantante.
Al mismo tiempo, Carpenter anuncia una colaboración extendida con la marca de whisky escocés Johnnie Walker, destinada a acercar la bebida alcohólica a nuevas generaciones de varones jóvenes a través de su música, en un contexto en el que el producto ha perdido adeptos entre ese público.
Hay, entonces, un lado peligroso en la representación de la feminidad que propone Sabrina Carpenter. Los mensajes codificados de manera ambigua proliferan y las “rubias yanquis” son parcialmente imitadas por figuras del pop local como María Becerra, Tini Stoessel o Emilia Mernes, mientras que las lecturas que hacen de ellos las poblaciones jóvenes pueden volverse infinitamente contrapuestas. Ese riesgo se intensifica en un escenario global marcado por el refuerzo de las estructuras patriarcales y la quita de derechos para mujeres y disidencias sexuales, impulsada por el avance de las derechas a escala internacional.
* Profesor de Introducción a los Estudios Culturales, Departamento de Lenguas Extranjeras, UNLPam.
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