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Domingo 14 de junio 2026

Yancamil, libertador de los ranqueles

Por Redacción 14/06/2026 - 06.00.hs

Barracas donde Yancamil y su grupo fueron depositados en la Isla Prisión de Martín García.

El presente texto de Julio Cantero, integra un corpus mayor en el que se está trabajando para trazar una trayectoria de vida del cacique Yancamil, este líder nato que hoy trasciende su propio indigenismo y lo transportamos al ideal ético de la sociedad pampeana en general, respecto a los valores de compromiso con la tierra, patria y comunidad.

 

Julio Cantero *

 

Escribe aquí el escritor misionero Julio Cantero, tras años de investigaciones en torno al texto del expediente oficial de la rebelión del cacique Yancamil y su tribu, en el Ingenio San Juan, propiedad de Rudencindo Roca. El hecho de armas aconteció el 23 de junio de 1888 y determinó su fuga internacional a Paraguay con 250 personas de su tribu, donde vivieron varios años.

 

Los ribetes épicos de este líder ranquelino en su resistencia con las armas en manos durante una década al roquismo, con tres fugas internacionales con su tribu a cuestas, cuando ya la cuestión indígena estaba resuelta por las armas y los pueblos originarios fragmentados y en los márgenes sociales de la Nación.

 

El presente texto de Julio Cantero, integra un corpus mayor en el que estamos trabajando para trazar una trayectoria de vida de este líder nato que hoy trasciende su propio indigenismo y lo transportamos al ideal ético de la sociedad pampeana en general, respecto a los valores de compromiso con la tierra, patria y comunidad, que particularizan cualquier sociedad en todo tiempo y lugar. (José Depetris)

 

Mucho se conoce sobre la batalla de Cochicó y algo sobre la masacre de Pozo del Cuadril. Sin embargo, la sublevación encabezada por Yancamil en Misiones continúa siendo un episodio poco difundido. Aquel levantamiento permitió liberar a un cuarto de millar de paisanos sometidos a una forma moderna de esclavitud. Narrar ese hecho decisivo permite recuperar una dimensión fundamental de este héroe pampeano tantas veces soslayado.

 

Antecedentes.

 

Tras las batallas de Cochicó y Pozo del Cuadril, Yancamil huyó hacia Chile perseguido por el ejército argentino. Según la tradición, cruzó el Salado aferrado a la cola de un caballo y luego se refugió en Las Lajas, en la toldería diezmada de unos parientes.

 

Para 1885 había regresado con sus primos a una zona de bosquecitos y lagunas cercana a la actual frontera entre Buenos Aires y La Pampa, donde mantenían una caballada para subsistir. El robo de esos animales por peones de colonos desencadenó el ataque de Yancamil y los suyos contra los responsables.

 

El episodio tuvo amplia repercusión: la prensa bonaerense, en especial La Nación, lo utilizó para denunciar la venta de tierras consideradas aún “infectadas de indios”, lo que provocó un desplome del mercado inmobiliario y una respuesta represiva del gobierno.

 

La represión derivó en una razzia que alcanzó a originarios ubicados hasta cien kilómetros del lugar. En ese contexto fue capturado Pincén, pese a trabajar como peón de estancia lejos de los hechos, y también fueron apresados Yancamil y “los chilenos” cerca de la frontera sur de San Luis. Todos fueron enviados al campo de concentración de la isla Martín García.

 

En Martín García, Yancamil, Pincén y otros once prisioneros organizaron una fuga durante una noche de luna llena. Con ayuda de un marinero originario tomaron una canoa y llegaron a Carmelo, Uruguay, pero fueron identificados como indígenas fugados y recapturados.

 

Desde entonces Yancamil fue considerado un preso peligroso y permaneció con grillos hasta que Rudecindo Roca solicitó mano de obra indígena “útil” para su ingenio azucarero en Misiones. En 1886, los sobrevivientes de la isla fueron embarcados hacia ese destino.

 

Aunque durante mucho tiempo se sostuvo que Yancamil se había apoderado del barco durante el traslado y escapado al Paraguay, hoy se sabe que esa versión es incorrecta: él y los demás exprisioneros llegaron efectivamente a Misiones en marzo de 1886.

 

Sublevación y fuga de indios “pampas” del ingenio del general Roca

 

Ese es el título del sumario instruido por el juez de paz de Santa Ana, Misiones, quien al día siguiente de la fuga tomó declaración a quienes presenciaron y padecieron el levantamiento de la comunidad “pampa” sometida en el denominado “ingenio del gobernador”. Gracias a ese documento, junto con otros datos disponibles, es posible reconstruir uno de los hechos históricos más trascendentes protagonizados por Yancamil: la liberación de más de 250 originarios sometidos a condiciones de esclavitud.

 

El escenario de los hechos.

 

El 23 de junio de 1888, en el ingenio azucarero de Santa Ana, la administración se preparaba para iniciar la zafra de la caña de azúcar. Para aumentar la producción, el mayordomo Jordan Hummel decidió incorporar por primera vez a las mujeres de las comunidades indígenas al trabajo de recolección y transporte de la caña. Esta medida incrementaba notablemente la mano de obra disponible, pero fue considerada una grave ofensa por los grupos indígenas, especialmente por los pampas y ranqueles.

 

Mientras la población cristiana se preparaba para celebrar la festividad de San Juan, los indígenas acababan de conmemorar el We Tripantu, su ceremonia tradicional de renovación espiritual vinculada al solsticio de invierno. En ese contexto, crecía un profundo descontento provocado por los malos tratos y las nuevas exigencias laborales.

 

Aunque la jornada parecía desarrollarse con normalidad, se estaba organizando una rebelión. Un indígena llamado Juan Centeno advirtió tanto al cocinero Esteban Daneri como al mayordomo Hummel sobre el inminente levantamiento. Sin embargo, Hummel ignoró la advertencia y no tomó ninguna medida preventiva.

 

La combinación de abusos, falta de previsión y desprecio hacia las demandas indígenas permitió que el plan avanzara sin obstáculos. Finalmente, cuando sonó la campana que debía marcar el regreso al trabajo, esta se convirtió en la señal que inició una rebelión armada que ya no pudo ser detenida.

 

El estallido de la sublevación.

 

A las 13 horas, el toque de campana fue ahogado por una gran gritería proveniente de los galpones. El caos fue total. Según los relatos de Jordan Hummel y el encargado del boliche, Guillermo Almeida, los sublevados se movieron con una coordinación sorprendente, dividiéndose las tareas entre el saqueo logístico y la neutralización de la resistencia.

 

Cada maniobra principal tuvo un líder y un rol previamente consensuados. El sumario permite identificar, según los testimonios allí consignados, dos figuras centrales: Melideo, tío de Yancamil y hermano de Mariano y Epumer Rosas, figuraba en el registro como “anciano e inválido”. Aun así, actuó como impulsor de la toma del negocio y de la rápida retirada de “la chusma” por medio de los barcos anclados en el puerto. Desde el depósito de la locomotora y la plazoleta, dirigió a gritos a hombres y mujeres durante el saqueo del almacén.

 

Yancamil lideró la vanguardia militar. Encabezó el enfrentamiento armado, capturó al capataz Cirilo Ríos y aseguró a los rehenes. Al mantenerlos junto al contingente, buscó impedir que los guardias del ingenio dispararan contra el grupo durante la retirada.

 

El saqueo del “negocio” no fue al azar; los sublevados buscaban medios para la supervivencia y la defensa. Se apoderaron de tres fusiles Remington, cajas de cartuchos y treinta machetes vizcaínos nuevos, destinados originalmente al corte de caña. Guillermo Almeida estimó las pérdidas en mil pesos moneda nacional, además del robo de su baúl personal de ropa. Mientras el ingenio caía en el desorden, los líderes ya dirigían a las familias hacia la costa del río.

 

La fuga fue protagonizada por toda la comunidad en condiciones de resistir. Según las declaraciones del folio 6 del sumario, no se trató de una simple revuelta laboral, sino del éxodo de un pueblo entero sometido a un régimen opresivo. Resulta significativo contrastar la acción de los pampas con la de los matacos, quienes, bajo las órdenes de Francisco Estrada, permanecieron ajenos al levantamiento y fueron desarmados para evitar nuevos conflictos. Un mes antes, los tobas habían sido masacrados a tiros de Remington al intentar huir; quizá ese recuerdo traumático aún paralizaba a los matacos.

 

La sublevación en números.

 

El expediente permite reconstruir la magnitud de la fuga. En total, escaparon 249 personas: 133 hombres de trabajo. 18 ancianos e inválidos. 59 mujeres. 49 niños.

 

Para cubrir la retirada, fueron tomados prisioneros Cirilo Ríos; Secundina Achas, concubina de Hummel, junto con su hijo de un año; y la familia del cocinero Esteban Daneri, integrada por Juana Fernández y sus hijos.

 

Durante el choque en el depósito de la locomotora, el foguista Manuel Villaveo recibió un hachazo en la mano y Ciriaco Rodríguez fue derribado por un golpe de boleadoras en el pecho.

 

La toma de rehenes fue una decisión táctica deliberada para neutralizar a los peones “cristianos” y condicionar las acciones de los guardias que quedaban en la fábrica, quienes se encontraban mayoritariamente desarmados y superados.

 

La huida y el conflicto.

 

La huida hacia la costa paraguaya reveló tanto la organización como la desesperación de los sublevados. Se apoderaron de los vaporcitos “Huascar” y “Fénix”, además de la canoa del establecimiento. Un detalle muestra el dramatismo de la escena: el “Huascar” no tenía la máquina en funcionamiento y los fugados no supieron encenderla, por lo que solo pudieron desamarrarlo y empujarlo aguas abajo, a la deriva, impulsado por la corriente del río.

 

La persecución estuvo a cargo del sargento Nemesio Cepeda, llegado desde el cercano pueblo de Santa Ana. Alcanzó al grupo en un monte espeso, a unas veinte cuadras del ingenio, donde se produjo un “fuego nutrido”. Allí, Yancamil y siete hombres armados con Remington enfrentaron a la policía. El choque dejó muerto al indígena Lincon y herido al maquinista Teófilo López, integrante de la partida policial.

 

La liberación de los prisioneros ocurrió solo después de asegurar el cruce de toda la comunidad, tras cuatro o cinco viajes de la canoa: “A las nueve de la noche aproximadamente pasaron los últimos en cuatro o cinco viajes que hizo la canoa... fue cuando la dejaron en libertad a la declarante y demás compañeros de prisión”. (Testimonio de Juana Fernández e Ignacio Borja, Folio 32).

 

Yancamil, líder indiscutible.

 

Yancamil tuvo un papel central como cabecilla y jefe de la sublevación de los pampas en el establecimiento azucarero de Rudecindo Roca en 1888. Los testimonios muestran que su actuación no se limitó a la agitación: ejerció mando táctico y participó directamente en las acciones más decisivas del levantamiento.

 

Su liderazgo en el inicio del ataque y en la captura del personal encargado de someterlos resulta claro. Diversos testimonios lo identifican como protagonista de acciones concretas: Encabezó el primer grupo armado visto cerca de la fábrica, rodeó al capataz Cirilo Ríos y a su mujer, y los tomó prisioneros.

 

Cuando el mayordomo Jordan Hummel le pidió que los liberara, Yancamil se negó “enfurecido” y le advirtió que volvería a buscarlo. Hummel evitó enfrentarlo, se internó en el cañaveral y no reapareció en el ingenio hasta la mañana siguiente.

 

Junto con otros ranqueles, como Santos y Simón, se dirigió a la casa del herrero Patricio Salas en busca del mecánico Guillermo Gouchard y preguntó específicamente por armas.

 

Ante la ausencia del administrador, capturó a su familia y llevó como prisioneros a la mujer de Hummel y a su hijo de un año, encerrándolos inicialmente en el cuarto de la bomba.

 

Encabezó la búsqueda de municiones para los fusiles tomados, dejando a los guardias del ingenio sin armas ni cartuchos.

 

Lideró el ingreso a las habitaciones de la administración y del general Roca. Con su machete forzó la puerta de un altillo y obligó a un niño de ocho años, hijo de Juana Fernández, a entrar para alcanzarle las balas allí guardadas. El episodio muestra que conocía de antemano dónde se ocultaban las municiones.

 

También capturó a Ignacio Borja, peón del cuarto de la bomba, y con ayuda de otro indígena le ató personalmente las manos por la espalda antes de llevárselo prisionero.

 

Durante la fuga y el enfrentamiento con la policía, Yancamil actuó como comandante indiscutido. Mientras una parte de los sublevados escapaba por agua, él dirigió por tierra al grupo más numeroso, que avanzaba por la costa con los prisioneros.

 

En la marcha hacia la costa paraguaya, organizó la defensa como jefe militar: dispuso centinelas armados en puntos estratégicos cada vez que el grupo se detenía para esperar el cruce de la canoa.

 

También fue quien inició el combate cuando el sargento Nemesio Cepeda intentó rescatar a los prisioneros. Según los testigos, Yancamil dio la orden de abrir fuego contra la partida policial y fue el primero en disparar su Remington.

 

De acuerdo con los testimonios, su descontento se debía al maltrato laboral y al exceso de trabajo impuesto por Hummel, en especial la decisión de obligar a las mujeres indígenas a trabajar en el corte de caña. Antes del conflicto, Yancamil era considerado uno de los indígenas “más sujetos” o vigilados y recibía cinco pesos nacionales por semana por orden directa del general Roca, como intento de ganarse su voluntad y evitar que alentara el descontento de pampas y ranqueles, que reconocían su liderazgo.

 

Finalmente, el sumario judicial lo identifica formalmente como uno de los “autores y jefes de un complot”, lo que derivó en un pedido de extradición a las autoridades paraguayas tras su huida.

 

Legado local.

 

La sublevación de 1888 constituye un hito para la historia de Santa Ana, porque permite comprender las tensiones sociales surgidas durante la consolidación del modelo agroindustrial en Misiones. También revela el valor de un liderazgo estratégico compartido: el mando militar de Yancamil y el impulso organizativo del anciano Melideo hicieron posible la fuga de 249 personas.

 

La sublevación fue una respuesta colectiva a la explotación laboral, la injusticia comercial en el boliche y la violencia de género. Pone de manifiesto la importancia del dominio del territorio; fue determinante el uso del río y el monte como espacio de resistencia frente a la estructura jerárquica y punitiva del opresor.

 

Exilio y regreso final.

 

Yancamil vivió varios años en Paraguay, donde formó una nueva familia. Tras enterarse de una amnistía e indulto en Argentina, regresó a su tierra pampeana probablemente en el tren que unió Encarnación, Paraguay, con Posadas, Argentina, y el resto del país en 1913.

 

Se le otorgó un campo en el paraje “Árbol Solo”, donde vivió sus últimos años respetado por su comunidad. Falleció el 8 de febrero de 1931 en Victorica, a una edad estimada de 94 o 96 años, dejando un legado de dignidad y lucha. Hoy Yancamil una vez más se resiste, pero esta vez a ser olvidado por la historia.

 

* Investigador

 

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