La gran noche del Pocho Arrieta
En 30 de Agosto, provincia de Buenos Aires, el pampeano le ganó al paraguayo Víctor Hugo Cardoso y sumó el cinturón de campeón mundo hispano. Además organizó un muy buen festival que agradó a un público numeroso.
El llanto desesperado, hincado en la lona, de Roberto Arrieta conmovió a propios y extraños. Quién sabe cuántas imágenes se habrán cruzado en la mente de este humilde muchacho de Victorica que encontró en el boxeo un rumbo cierto para su vida.
Este Pocho Arrieta que supo de esfuerzos, de sacrificios, de momentos en que habrá creído que el destino no le daba las oportunidades que todos merecemos tener alguna vez en la vida. De este muchacho que se crió a los golpes, y que fue templando su alma en la adversidad para hacer frente a todos los contratiempos que se le presentaron.
Si hasta un día le dijeron: "Pibe, vos no podés boxear más. Tenés una lesión en la cabeza del fémur y no podés seguir".
Se le vino el mundo abajo aquella vez a ese -en ese entonces- arrogante Pocho Arrieta que se les animaba a todos, que crecía como proyecto de boxeador y que hasta alguna vez en pleno gimnasio de San Martín se cruzó con Wilfredo Vilches que pregonaba ser el mejor púgil pampeano. "Vos antes de decir que sos el mejor, o que querés pelear con Gustavo (Campanino) me tenés que pelear a mi", le dijo aquella vez a la pasada mientras el Verdugo entraba en el vestuario después de anotarse un triunfo. Después vendría aquella mala noticia y el alejamiento temporario del boxeo.
Desconcentración.
Ayer, en los albores del sábado, Pocho lloraba como un chico. "Pensé que lo perdía todo. Me hizo sentir la mano tres veces ese petiso (sic), y me parecía que todo mi esfuerzo se venía abajo", decía a los periodistas que lo rodeaban.
Estaba feliz, pero lloraba porque si bien ganó con claridad, sin objeciones, en algún momento estuvo desconcentrado y en otra cosa y el paraguayo Victor Hugo Cardoso lo complicó. Pero nada más que un poquito.
Era mucho más Arrieta. Se veía en la estampa de los dos. Un poco más alto el local en 30 de Agosto (Pocho), con mejor manejo del ring y mayor factura de golpes, ante un rival morrudo y que aparecía fuerte, pero que sólo tiraba una extraña zurda boleada que parecía dura, y que en algún momento impactó en un Arrieta que al principio no aparecía con todas las luces.
Pero no obstante eso, y después de un primer asalto de estudio Arrieta iba a empezar a imponer condiciones. Su mejor boxeo y su izquierda en jab seguida de una derecha certera comenzaron a mostrar las verdaderas diferencias entre el pampeano y el paraguayo.
Pero resultaba evidente que su doble condición de promotor y boxeador -y hasta rincón en una de las peleas previas- no era bueno para el pugilista. Esa desconcentración le pudo haber jugado una mala pasada, y pareció sentir una mano picante del paraguayo que, en realidad más allá de ese zarpazo se zurda no tenía más elementos para complicarlo. Aunque Cardoso venía invicto en 9 peleas y merecía respeto, y Pocho se lo tuvo. Al final ganó ampliamente derribando a su rival en el cuarto y dándole una paliza en el quinto para que el visitante decidiera no salir en la sexta vuelta. Fue nocaut técnico y un cinturón más que se ciñe en la cintura del muchacho de Victorica.
Doble campeón.
Eran muchas ilusiones, mucho esfuerzo, mucho trabajo, y Roberto Arrieta estalló en un llanto conmovedor. Sumaba a su título de campeón sudamericano de los superplumas el cinturón de titular mundo hispano de la categoría, y estaba bien, había sido nítidamente el mejor.
Una noche -una más - gloriosa para el pampeano, que además montó en 30 de Agosto un muy buen festival ayudado por su compañera Mónica Acosta, y también por la Comisión Directiva del Club Deportivo Argentino y los pobladores y comerciantes de la zona que hicieron un aporte muy importante para concretarlo.
Más de 700 almas vivaron al Pocho como si fuera uno de ellos, casi como si hubiera estado en Victorica. Por eso Arrieta tenía motivos para llorar. Festeje campeón! Se lo ganó.
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