Viernes 24 de mayo 2024

La alegría de correr atrás de una pelota

Redacción 16/04/2024 - 08.07.hs

Risas, anécdotas compartidas, recuerdos, alegría... Todo eso se vivió en la noche del viernes cuando los muchachos del grupo "Contención" -veteranos, y no tanto, que se juntan a jugar al fútbol todos los sábados en el Club La Barranca-, se reunieron en un muy bien servido asado.

 

Estaban en esa cena muchos de los que despuntan el vicio de correr detrás de una pelota como si fueran chicos. Son un conjunto de hombres que desde hace casi dos décadas, casi religiosamente, se llegan hasta el club ubicado en cercanías de los antiguos médanos para jugar a la pelota.

 

Encuentro de amigos.

 

Para entretenerse, para divertirse... aunque más de uno suele irse enojado por el desarrollo de un partido que al cabo es -o debiera serlo- nada más que un encuentro de amigos. Pero seguro, el que se va de esa manera, volverá al sábado siguiente como si nada hubiera pasado. Y en realidad es así. Porque lo cierto es que de una semana a la otra nadie se acuerda cuál fue el resultado del partido anterior, y ni siquiera de quienes fueron sus compañeros en esa oportunidad.

 

Grupo "Contención".

 

Muchos son los que aún pasados los años disfrutan de poder seguir corriendo -no mucho- detrás de una pelota. Y es el caso de quienes integran el grupo "Contención". Fue allá por abril de 2005 cuando el abogado Ricardo Fernández -actual dirigente de La Barranca-, promoción 1982 del Colegio Nacional, llamó a Sergio Melián, y junto a otros leguleyos hicieron el primer partido en ese predio entonces de impecable verde césped. Ese mismo lugar que antes había sido una "olla" infecta en medio de los médanos, donde muchos desaprensivos tiraban basura.

 

Fue en los inicios de La Barranca cuando se conformó ese grupo, que más o menos se conservó, si bien muchos se fueron sumando y otros se alejaron por distintos motivos.

 

Encuentros sabatinos.

 

Y así se armaron esos encuentros sabatinos que no cuentan nada más que con la convocatoria de saber que a tal hora, en la cancha de La Barranca, se empezarán a distribuir las pecheras para poner 11 contra 11; o 12 contra 12, o los que sean... En un partido que no tendrá ni árbitros ni equipos establecidos... En todo caso será apenas un poquito parecido a lo que pasaba en los antiguos potreros que los más jóvenes no alcanzaron a conocer: dos de los presentes eligen a los componentes de los equipos y van repartiendo las pecheras celestes y rojas: primeros los arqueros (si hay, y sino alguno deberá "sacrificarse" y ocupar los tres palos), después los defensores, volantes y delanteros. En ese orden....

 

En nuestros tiempos de la pelota en los baldíos los mejores eran elegidos antes que nadie, y los más malos al final... En el "Contención" se disimula un poco cuando alguien es elegido entre los últimos porque estos son los delanteros, y como los equipos se arman de atrás para adelante... se conforman y pueden decir que no son los peores.

 

Un motivo de alegría.

 

Será poco más de una hora de pasarla bien -sobre todo el que integre esa tarde el equipo al que le toca ganar-, y de sentirse felices de patear una pelota. Como en los viejos y buenos tiempos.

 

Porque el fútbol, la pelota, tiene eso que a alguno que no lo haya jugado -aunque sea en un picado- le resulta difícil comprender. Nadie que no intentó una gambeta, un taco, un caño, o un pase bien dado, podrá entenderlo.

 

En esos encuentros del "Contención" se da rienda suelta a la pasión, que a veces los lleva a exaltarse de tal manera que -si se les mostrara una filmación de esos momentos de alguna discusión- hasta podría llegar a avergonzar a los protagonistas. Porque se asumen actitudes no pocas veces infantiles.

 

No obstante luego todo fluirá, como corresponde, sin mayores problemas.

 

Los "jugadores".

 

Hubo muchos aficionados. Amigos, que pasaron por ese grupo de La Barranca. Los primeros fueron los hermanos Guillermo (el único que sigue de los tres), Nelson y Alejandro y "El Foco" Sánchez; Sergio Melián, Walter Bonetto, Pablo Gómez Luna, José Luis Recarte, Carlitos Fernández, "Piscui" Pascual, Oscar "Chavo" Loyola, Mario Vega, Guillermo Valdivieso, Carlos Ibarra, Paolo Golovca, Pablo Lorda, Fabián Urquiza, Facundo Fonseca, Gustavo Suárez, Jorge Campanille, Pedro Swinnen, Raúl Wenner, Matías Sáez, "Pelu" Segovia, Daniel y Pablito Godoy, "Bebe" Sánchez. Después se sumarían José Luis Gadea, Cesar Curbelo, Martín Berhongaray, Sebastián Arroyo y "Kily" Pizarro, Fabricio Cabral, Víctor Córdoba, Alejandro Alvarez y Carlos Pérez Poveda. Y cómo no mencionar a Daniel Petrucci, que colaboraba ordenando un poco todo.

 

De todo, como en botica.

 

Muchos siguen, otros se fueron y cada tanto vuelven. Pero el grupo sigue firme. Lo cierto es que, casi como en una alegre estudiantina, se mezclan profesionales, abogados, oftalmólogos, trabajadores de Vialidad, algún arquitecto, otro que es electricista, un colocador de ascensores, y algún mecánico. Además de alguno que, hay que decir, no se le conoce actividad...

 

Están los que juegan bien al fútbol, otros lo "hablan" bien, y varios corren detrás de la pelota sin demasiado sentido. Y en general todos creen tener más virtudes que defectos futbolísticos (¡!).

 

Sentirse chicos.

 

Más allá de alguna calentura circunstancial por cuestiones casi siempre menores, el objetivo de ese grupo es compartir la pasión por la pelota. Cada uno espera que llegue el sábado para ponerse los cortos, agarrar la pechera que le toque, renegar porque le tiran una pelota larga o corta, cobrar un penal inexistente que solo el ojo de algún mago puede ver, y por qué no tirar paredes, tacos, cobrar 'fules' que no son, y entrar en algunos diálogos que a veces se tornan surrealistas.

 

Sana camaradería.

 

Siempre con la idea de despuntar el vicio, y sobre todas las cosas compartir un momento lindo disfrutando de esa locura por el fútbol, con algunos personajes que, al final, uno los va considerando casi amigos. Es, casi, como regresar el tiempo atrás... como volver a ser chicos. Nada más. Ni nada menos...

 

Y de todo eso estuvieron conversando en la larga noche del viernes, en el quincho que ofreció Martín Berhongaray, que por otra parte se destacó como consumado asador.

 

Broma, risas, recuerdos... una de esas noches de camaradería de las que hacen tanto bien. (M.V.)

 

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