La familia, los "fantasmas" y los doce
"Lo primero es la familia", pensaron en el Club Deportivo La Barranca a la hora de hacer un reconocimiento a Julio César Furch, el futbolista de Deportivo Winifreda que volvió a la Liga Cultural directamente desde la Liga Profesional de AFA.
El Emperador del Gol, de largo recorrido nacional e internacional, fue recibido con honores y aplausos por los hinchas anfitriones (así también fue en Carro Quemado), quienes destacan que haya regresado al club de sus amores, cumpliendo su palabra, y que haya decidido "meterse en el barro" para engalanar las canchas del Oficial culturalista.
La Barranca fue un paso más allá y decidió entregarle una placa a modo de agradecimiento y reconocimiento por su carrera. Y para hacerla competa invitaron a sus familiares a acompañarlo en el homenaje. Con sus padres presentes (junto al dirigente girasolero Lucas Frank), Julio recibió el presente de manos del presidente local, Ricardo Fernández, y agradeció con su humildad y tranquilidad habitual.
A unos pasos observaba la situación Enzo Furch, hermano de Julio, que con la cinta de capitán y la 10 en la espalda hacía algunos movimientos para no enfriarse antes del inicio del juego. Ya en partido, los hermanos combinaron un par de veces y a los 22 minutos del complemento se juntaron como cuando eran niños y tiraban paredes en las calles del pueblo: Julio bajó la pelota con clase y habilitó a Enzo, quien sacó un zapatazo desde el borde del área y clavó la pelota contra un palo para el 2-0 parcial (el final fue 3-0). "Lo primero es la familia", habrán pensado.
Penales "fantasmas".
La segunda fecha del Torneo Oficial culturalista comenzó el sábado por la noche con un partidazo: Deportivo Centro Oeste y Deportivo Carro Quemado, dos de los ascendidos el año pasado, igualaron 3 a 3 en un emocionante encuentro disputado en el estadio Nuevo Rancho Grande de General Belgrano.
Pero más allá de los goles y el ir y venir del resultado, en Villa Alonso se vivió una situación particular que, por el antecedente, se convirtió en una historia llamativa.
El empate parcial 2 a 2 se dio a los 44 minutos de la primera parte a partir de un penal convertido por Juan Manuel Carrizo para Carro Quemado. El ex Cochicó de Victorica colocó la pelota contra el palo derecho del arquero, pero la misma rebotó en el parante de atrás del arco y salió despedida hacia el centro del área.
Carrizo ensayó un festejo mesurado (apenas era el 2 a 2 y faltaba todo un tiempo) y el árbitro Shair Salomón marcó el centro del campo convalidando el gol. Sin embargo, ante las protestas de algunos jugadores de Centro Oeste (principalmente de su arquero) y por las dudas manifestadas por el asistente, el tanto quedó unos minutos en "stand by" y tuvieron que deliberar si no había rebotado en el palo.
El gol fue claro y Salomón ratificó su decisión, pero para Carrizo significó un "déja vu" que despertó los "fantasmas" de un gol que, hace unos años, no le convalidaron. En aquella oportunidad, Sportivo Luan Toro goleaba a Carro Quemado por el torneo de ascenso y el mismo Carrizo (jugaba en Luan Toro) ejecutó un penal para estirar la ventaja: como ocurrió este sábado, la pelota dio en el parante de atrás del arco -más cerca del ángulo- y salió despedida, pero en esa ocasión el árbitro Fabián Salinas no dio el gol al entender que había pegado en el palo. La próxima..., fuerte al medio para que no queden dudas.
Con 12!
Independiente de Doblas obtuvo su primer triunfo en el Oficial. Como local, el Rojo dio vuelta el resultado ante General Belgrano y sobre el final se impuso por 2 a 1 para festejar ante su gente. Hasta allí todo normal, más allá de la remontada de los doblenses. Pero si se tiene en cuenta que el Tricolor ¡jugó con 12!, la victoria tiene aún más trascendencia.
¿Qué pasó? Al hacer un doble cambio, uno de los jugadores de Belgrano que debía salir nunca se enteró, por lo que se quedó en el terreno de juego. Así, los santarroseños jugaron unos cinco minutos ¡con 12!, hasta que se dieron cuenta desde afuera y le avisaron al árbitro Bruno Moreyra y al cuarto Gian Acevedo, quienes enmendaron su error e indicaron que debían jugar 11 vs. 11. El desliz, al final, no pasó a mayores para los árbitros, porque Independiente ganó el partido y todo quedó en una anécdota. Y en un llamado de atención para Moreyra, Acevedo y compañía...
VAR humano.
El duelo La Barranca 0-Deportivo Winifreda 3 no sólo quedó en el recuerdo familiar para los Furch, sino que aportó un bonus extra a las historias del fútbol nuestro por la participación de un "VAR humano" que terminó anulando un gol.
Cuando se jugaban 42 minutos de la primera parte en el estadio Sueños, Juan Capra recuperó una pelota en tres cuartos de cancha ante Matías Polanco, se acomodó y sacó un remate impecable que se le coló en un ángulo al arquero David Ramírez para el 2 a 0 de la visita.
Ningún jugador local reclamó nada. La atención se centró en un encontronazo que tuvieron Braian Cabrera y Lautaro Torres en el inicio del festejo, que terminó con el visitante en el sueño y el local amonestado a instancias del segundo asistente, que le avisó al árbitro Matías Funes de lo sucedido.
Pero antes del reinicio del juego, y tras un par de minutos de parate por la otra situación, el primer asistente (Ayumm Sabarots) y el cuarto árbitro (Cristian Rambur) llamaron a Funes al otro sector de la cancha y le indicaron que, en el inicio de la jugada del gol, Capra había tocado el balón con la mano, por lo que el tanto debía ser invalidado.
Lo más curioso del caso fue la señal que hizo Funes al comunicar la decisión, porque dibujó con sus manos un monitor en el aire, como lo hacen los árbitros tras revisar una jugada por intermedio del VAR. Mucha tele...
La historia de los 12 de Sarmiento.
La situación de General Belgrano jugando unos minutos con 12 jugadores ante Independiente de Doblas, por la segunda fecha del Oficial de la Liga Cultural 2026, reavivó los recuerdos de un hecho similar de hace 60 años, cuando Juan Alejo Suárez Cepeda engañó a su amigo Ramón Turnes, quien igualmente terminó con la sonrisa final.
La historia, contada hace unos años por Mario Vega en las páginas de LA ARENA, se remonta a mediados de los 60, cuando se jugaba el Torneo Preparación de la Liga Cultural: un certamen que se hacía en dos fines de semana en el hoy Estadio Municipal, todos contra todos, y que servía como una especie de pretemporada para cada equipo.
En ese contexto, Sarmiento le ganó 2-1 a All Boys, aunque los protagonistas de la historia fueron los amigos Suárez Cepeda (entrenador del Azul) y Turnes (histórico dirigente del Auriazul). Durante el juego, Rinaldo Caumo recibió un golpe y dispusieron que en su lugar ingrese Beto García.
Pero cuando Caumo se recuperó pidió entrar. Y Suárez Cepeda, aprovechando que se estaba haciendo de noche y no se veía bien, le dijo que a su jugador que se meta "de contrabando" en el momento de la ejecución de un corner para que nadie lo note. Y Sarmiento jugó con 12 hasta el final.
El partido terminó con el 2-1 del Azul y Suárez Cepeda no se pudo contener: cuando se encontró con su amigo Turnes en la confitería donde se reunían habitualmente a jugar a las cartas, lo gastó frente a todos porque le había ganado con 12 "al que se creía tan vivo".
Inmediatamente, Ramón vio su oportunidad de revancha: se retiró ante las risas de todos, redactó un reclamo formal por el partido para presentar en la Liga, puso a quienes estaban en el bar como testigos de los dichos de Suárez Cepeda, y le terminó ganando los puntos para pasar a la final y luego ser campeón.
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