Domingo 22 de mayo 2022

Experto en soluciones

Redacción 07/05/2022 - 00.04.hs

Hugo Siñeriz acumula más de 40 años al frente de "Centro Bulonero", un local que se especializó en tener lo que no se consigue en otro lado. Una historia de trabajo familiar que hoy sigue vigente gracias a la mejor atención detrás del mostrador.

 

"Siempre nos caracterizamos por tener la figurita difícil", destaca Hugo al hacer un paralelismo con esos álbumes que cada cuatro años generan una atención irresistible para los chicos (y también en muchos adultos) que quieren completar los equipos del Mundial con la fotito de ese futbolista de Corea del Sur o Arabia Saudita que, aunque sea casi imposible de pronunciar, vale lo mismo que Messi, Ronaldo o Benzema. Hay que conseguirlo. Como en el Centro Bulonero de La Pampa, el lugar donde la "figurita difícil" no existe.

 

"Desde el principio nos caracterizamos por prestarle mucha atención al cliente: nos pedían algo y hacíamos todo lo posible y todo lo que estaba a nuestro alcance para conseguirlo. Cuando abrimos el negocio yo tenía el contacto en Córdoba del dueño de una bulonera enorme en esa provincia con quien nos hicimos amigos, así que le hice la primera compra de bulones milimétricos y a partir de ahí, más allá del vínculo personal, siempre fue proveedor de los distintos productos, sobre todo de cosas que no se conseguían acá, entonces nosotros las teníamos", dice Hugo Siñeriz, que a sus 72 años recuerda el origen de ese negocio que en el año '80 puso en marcha junto a Mirta Ferrero (65).

 

La pareja tiene tres hijos pero su llegada a La Pampa iba a ser, en principio, temporal. Era para trabajar 8 meses y volver a Córdoba a seguir con la rutina que la familia ya tenía establecida. Pero los planes no fueron los previstos y ya no retornaron. En buena parte porque se impuso la necesidad y también porque vieron una chance en un lugar diferente y no la dejaron pasar.

 

"Yo trabajaba con equipos viales, hacía tareas de reparación en Córdoba, y una empresa me contrató para venir a trabajar acá durante ocho meses. Pero esa empresa no me cumplió con el pago y la verdad que no queríamos volver con la frente marchita, así que nos quedamos por necesidad. Con los pocos ahorros que nos quedaron después de estar viviendo 8 meses pudimos abrir el negocio: fue el 5 de septiembre de 1980 en lo que era la avenida Roca 372", dice Hugo sobre un párrafo que no estaba escrito y que obligó a la improvisación.

 

"Fueron tiempos de fideos y fideos...", recuerda hoy Hugo entre gracioso y nostálgico sobre esos primeros años de máximo esfuerzo emprendedor junto a Mirta y los dos hijos más grandes, Maxi (46) y Juan Manuel (40). Luego llegaría Patricio (36), nacido en estas tierras.

 

Tractores.

 

"El negocio lo armamos como para que Mirta pudiese atender el mostrador, porque yo en principio arreglaba tractores así que me iba al campo a trabajar. El espacio era chico entonces ella atendía y al lado estaba la cuna del más chiquito. El comienzo fue muy duro, pero Santa Rosa siempre nos trató muy bien y pudimos salir al frente de a poco: abrimos el local, criamos a los chicos, les dimos la posibilidad de una carrera universitaria", enumera Hugo con su habitual bonhomía, justamente alguien que siempre se comprometió en actividades colectivas y con la prioridad de ayudar, ya sea en el club All Boys, en la Cámara de Comercio u otras entidades civiles de la ciudad.

 

Luego de un alquiler de seis años, la familia pudo comprar la propiedad de lo que hoy es avenida San Martín Oeste 618, la dirección donde Centro Bulonero brinda cada día la mejor atención y el servicio de ese bulón o "tornillito" que no se consigue en otro lugar.

 

"Además de tener el contacto directo con la bulonera de Córdoba yo viajaba una vez por mes a Buenos Aires y recorría lugares que no son conocidos, justamente buscando cosas que por ahí no se consiguen en una ferretería tradicional, por eso si la gente buscaba algo 'raro' o difícil de hallar terminaba acá porque seguro lo teníamos. Además tenemos muy buena relación con los colegas del rubro así que la recomendación siempre fue algo que todos conservamos y fomentamos".

 

Hidráulica.

 

Hugo invita a recorrer el negocio. Y también el taller, porque detrás de los estantes con miles de cajitas y millones de bulones de todos los tamaños y características está el sector para los arreglos hidráulicos que Hugo comenzó a realizar hace muchos años y que hoy están en manos, principalmente, de Patricio.

 

"La parte de hidráulica la fuimos armando porque como reparábamos tractores también traíamos los repuestos, entonces el servicio era doble: le arreglábamos el tractor y le vendíamos los repuestos. Con el tiempo el taller lo cerramos y nos dedicamos a hacer cosas más chicas como criques o mangueras hidráulicas. Me acuerdo de que antes las cosas eran muy distintas: reparábamos un motor o recibíamos un repuesto y con el micro de lo que era la línea El Zorzal se lo mandábamos y el chofer se bajaba y se lo dejaba al dueño en la tranquera del campo. Quedaba ahí hasta que alguien lo levantaba y lo comenzaba a utilizar".

 

Hugo también muestra otra huella del trabajo familiar porque las cajas que contienen los miles de bulones las hizo Maxi, que hoy vive en Barcelona y trabaja en Marketing.

 

"En la actualidad tenemos entre 10 y 12 mil ítems en bulones, hemos bajado en cantidad el stock pero igual estamos en ese número, siempre hay que tener mucho volumen de stock por eso hay muchos productos. Y todos están en las cajas de chapa que hizo Maxi: son mil cajas con distintas medidas para que se adapten a los diferentes tamaños. A él ( por su hijo mayor) no le gustaba atender al público, no le gustaba ese contacto de mostrador así que se puso a hacer las cajas y son las que hoy conservamos", resalta Siñeriz.

 

Mirta llega al local y saluda con simpatía pero deja que sea Hugo quien cuente la historia y el presente de ese negocio que es una referencia en el rubro. La pandemia los mantuvo abiertos como "esenciales" pero el periodo "fue duro, con mucha incertidumbre porque acá viene mucha gente que anda por las rutas y los campos y estaba todo cerrado".

 

Llegó la hora del cierre de mediodía y el silencio gana el ambiente. En un rato, cuando se reabran las puertas, comenzarán a llegar clientes con pedidos "raros", fuera de lo común. Y seguramente en Centro Bulonero de La Pampa encontrarán la respuesta esperada: "Sí, es una figurita difícil pero la tenemos". Como hace más de 40 años.

 

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