Domingo 02 de octubre 2022

Un kiosco superhéroe

Redacción 03/09/2022 - 11.38.hs

El “Superman” es el más conocido de la ciudad: a punto de cumplir 60 años va por la cuarta generación de un kiosco que sabe actualizarse y responder a la demanda. Desde las revistas a los juguetes y siempre con las muy buscadas figuritas. Un clásico que vuela alto.

 

Mientras Miguel desgrana la historia y cuenta anécdotas, Patricia acomoda juguetes y busca “reliquias” para las fotos. En la caja, Alejandra atiende a la clientela y la pequeña Juana filma con su celular para subir historias al TikTok y al Instagram del negocio. Una síntesis perfecta de un emprendimiento familiar que traspasa generaciones y que desde hace casi seis décadas mantiene a ese superhéroe con la estructura oxidada volando con su capa roja en el techo del local. Un clásico que nunca pasa de moda y que sabe adaptarse a cada cambio en la demanda. Un Superman que siempre está en el lugar exacto y en el momento indicado.

 

“Al kiosco lo abrió en este mismo lugar mi padre que, cuando se retira como penitenciario, decide tener este negocio. En ese momento por acá no había ningún mercado ni nada así que se vendía de todo: perfumería, juegos de toalla, librería, había un popurrí de cosas. Y yo lo atiendo desde los 10 años, y ya en ese momento comencé a hacer algo que se convirtió en emblemático que era canjear revistas: era fanático de las revistas mexicanas así que cuando entraban al país las compraba y las canjeaba con amigos. Después empecé a canjear 2 por 1 o cobraba la diferencia. Y mi hermana hacía lo mismo con las fotonovelas. Fui agregando revistas de otros temas, los cómics, de todo. La cosa es que en poco tiempo empecé a generar más dinero que mi padre, tenía 12 años y el negocio se hizo tan interesante que ahí mi papá intervino... Por eso me río cuando me dicen que yo heredé el kiosco de mi papá. En realidad yo lo impulsé a generar ganancias”, cuenta con una sonrisa Miguel Borthiry que hoy, a sus 70 años, sigue en ese emblemático local de la calle Mansilla al 600.

 

El rápido crecimiento que tuvo el Superman llevó a Ángel, el padre de Miguel, a agrandar la estructura y al poco tiempo abrió un nuevo local en la calle Maestros Pampeanos.

 

“Mi papá se fue y me dejó este local para mí mientras que mi hermana Norma abrió el Superman III en la calle Victoria, y ese kiosco hoy lo sigue atendiendo ella. En mi caso agrandé otra vez el espacio y arrancó como una tercera etapa. Las revistas siempre fueron una base muy importante, nunca la descuidé y hoy conservo unas 20 mil que quedaron en depósito. Están las Tony, D’Artagnan, Nippur de Lagash. Los Patoruzito, Lupin, Afanancio, Capicúa, de todo. El secreto del kiosco es que siempre se fue aggiornando a los cambios porque cuando algunos productos van cediendo protagonismo enseguida traemos lo nuevo y lo que se busca en mayor proporción”.

 

Otro acierto de Borthiry fue liderar el ofrecimiento de figuritas, un fenómeno que hace furor con el fútbol, especialmente con los mundiales, y que hoy registra un nuevo récord de demanda de cara a Catar 2022.

 

“El kiosco se hizo famoso por las figuritas y por las cartas. En un momento fue tan grande el volumen de ventas que teníamos que vino a visitarnos Starosta que era el distribuidor en todo el país. Cuando las revistas fueron cediendo terreno empecé a canjear DVD’s, que se habían puesto de moda, y por supuesto los juguetes, acá están absolutamente todos los personajes de los cómics, como los Avengers, y hoy por ejemplo están a full los muñecos Pop”, detalla Borthiry.

 

Patrimonio.

 

La trayectoria y las particularidades del “Superman” generaron, con el paso del tiempo, distintas reacciones de clientes o seguidores de un kiosco que a tanta gente “salvó” a última hora de un domingo cuando en la casa se escuchó la imprevista frase: “mañana tengo que llevar a la escuela un mapa de Argentina”.

 

“El muñeco de Superman que está arriba del kiosco lo hice con un amigo herrero, y mucha gente siempre decía que por qué no le damos una mano de pintura, pero lo cierto es que en un momento se había armado un blog donde se decía que ‘el Superman no se toca porque es un patrimonio de la ciudad, queremos que se mantenga original’, hubo todo una movida. En Facebook también hay algunas publicaciones o grupos que hablan del kiosco y eso genera satisfacción”, reconoce Miguel.

 

En el kiosco también trabaja Patricia (64), compañera de Borthiry, y la hija de ambos, Alejandra (44), que desde hace 20 años se enganchó con ese comercio tan particular y hoy sin dudas es la heredera del local. Juana (10) la acompaña con un entusiasmo y un conocimiento que llama la atención, también ella ya parece inmersa en esa estirpe del superhéroe de traje azul y capa roja.

 

“Por suerte a mi hija le encanta el negocio, comprar y vender, y ya hace mucho que está acá. Martín (su otro hijo) nunca se enganchó con el kiosco, y pasa que es algo que te tiene que gustar. Hoy todo lo que es juguetería está dominado por los chinos y yo todos los años me tomo el trabajo de viajar a Buenos Aires, voy a Once y les llevo obsequios. Al principio me costó ganarme su confianza, pero una vez que lo lográs te dan todas las facilidades y se trabaja muy bien con ellos”.

 

Ese buen vínculo con quienes dominan el mercado de la distribución de juguetes en el país le permitió al Superman lograr un “boom” absoluto con la venta de los spinner, esos adminículos de tres patas que giran y que hace unos años generaron un increíble furor.

 

“Durante las primeras semanas solo llegaban a nuestro kiosco así que la gente venía sin parar, fue muy parecido a lo que sucede hoy con el furor de las figuritas. Lo importante es que cualquier figurita o juguete que sale yo al otro día lo tengo, hoy con internet y con la tele todo se aceleró y hay que saber adaptarse enseguida al cambio”, resalta Miguel.

 

De todo.

 

Una amplia variedad de golosinas, calcomanías, libros, juguetes, toda la gama de figuritas y cartas que están en el mercado, diarios, revistas. El Superman no pierde ese perfil de “cambalache” en el que, donde hay una demanda, hay una respuesta. El producto está. Y si no, llegará pronto.

 

“Con el tiempo adquirimos la fama de tener absolutamente todo. Por supuesto que cuando hay un boom demasiado grande con algo es difícil porque no depende de nosotros, pero cuando la gente busca algo sabe que el Superman siempre es opción”.

 

En un año uno de los kioscos más emblemáticos de Santa Rosa festejará seis décadas y, aunque en su fachada todo permanece igual, su fórmula secreta se nutre del cambio y la novedad para seguir adelante. Una suerte de paradoja que para una familia emprendedora como la del Superman le permite volar y llenar el álbum del trabajo y la dedicación. Una figurita que no se puede intercambiar y que se mantiene ante el paso del tiempo.

 

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