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Una tienda para deleitarse

Redacción 10/10/2026 - 00.12.hs

“Belle Jolie” es una panadería y cafetería que gracias a sus exquisitas recetas artesanales se expande con su carrito móvil y un nuevo local en la avenida Perón, en Toay. Un emprendimiento familiar que se erigió en un clásico del sabor.

 

Desde hace tiempo está comprobado que, el primer bocado, entra por los ojos. La vista genera el impacto inicial y si lo que se ve es atractivo, el cuerpo comienza a recibir todas las señales positivas. Y eso es lo que sucede al traspasar la puerta de un negocio que tienta de sólo mirarlo. Dulces, salados. Para el desayuno, el almuerzo, la merienda e incluso la cena. Es cuestión de observar, elegir y dejarse llevar a un viaje placentero. Como el que ofrece “Belle Jolie”, una panadería, confitería y cafetería que con lo mejor de la tradicional pastelería francesa se adaptó a sus recetas locales y se transformó en una tradición del mejor sabor santarroseño.

 

“Abrimos el 1º de octubre de 2009, hace 17 años. Nos hicimos muy de abajo. Mi abuelo tenía este local y él me dijo que pusiera algo, un negocio gastronómico, y lo fuimos armando muy de a poco. Cuando nos enterábamos de un remate los sábados, íbamos y buscábamos algo que nos sirviera, y así arrancamos, el típico camino emprendedor con toda la familia empujando”, le cuenta a La Arena Cynthia Fredes Hadad (37), una de las partes de la panadería artesanal, además de cafetería, que desde siempre se ubica en la avenida Uruguay 420 pero que, con el tiempo, creció y se expandió por fuera de Santa Rosa.

 

La otra parte fundamental del negocio es Germán Pérez D’adam (49), que conoció a Cynthia en un ámbito muy diferente al de los hornos de pan porque a inicios de la década del 2000 integraba el proyecto artístico ‘El Farolito’, que se encargaba de pintar murales y aportar color y arte a las paredes de la ciudad.

 

“Cynthia se integró al grupo y lo primero que pintamos juntos fue el parque de la esquina de González y Juan B. Justo. En ese momento nos pusimos de novios y acá estamos”, dice con una sonrisa Germán sobre la pareja que a veces necesitaría que el día tenga 25 horas por la dedicación que implica el negocio junto a la crianza de Felicitas (13), Francisco (9) y Valentino (5), los tres hijos que buena parte de la clientela conoce porque “prácticamente se criaron acá. Mucha gente que entra a comprar pregunta ‘¿y los chicos?’, si es que no están”, afirman la mamá y el papá que se turnan para ir y venir entre la tienda y las distintas actividades de cada uno.

 

Casero.

 

“Cuando terminé la secundaria me fui a estudiar Gastronomía a Buenos Aires, me recibí pero no me gustaba el estilo de vida que hay en la gran ciudad así que me vine. Antes había sido moza en Las Viñas y siempre me encantó la cocina, sobre todo la pastelería. De hecho elegí el nombre del local porque la pastelería es mayormente oriunda de Francia, entonces se unen esas dos palabras para Belle Jolie. Empezamos haciendo cosas dulces y saladas y cuando los clientes pedían dos veces una cosa, íbamos sumando las opciones; pero siempre manteniendo la esencia de lo artesanal, sin aditivos ni conservantes, en la crema pastelera por ejemplo, que es totalmente casera”, aseguró Cynthia al destacar uno de los sabores que se exhiben en los estantes.

 

El crecimiento del emprendimiento familiar tuvo un salto notable en los últimos dos años, cuando incorporaron un carrito móvil (food truck) que les permite darse a conocer, ir a distintos eventos y sumar nuevos clientes. Y desde hace dos meses, “Petit Belle Jolie” es la flamante sucursal, un coqueto local ubicado en la transitadísima avenida Perón 7.772, en Toay.

 

“Con el carrito ganamos en imagen porque mucha gente que no nos conocía, nos conoció de esa manera y luego se acercó al local. Realmente fue un furor, lo compramos en 2024, pensando en el Festival de Calles, pero cuando fuimos a la Expo Pymes directamente explotó. Fue de cero a cien porque había filas y filas de gente, éramos diez personas trabajando a destajo. Fue hermoso. Y ahora andamos por todos lados: todos los meses estamos fijos en la feria del Inti Hué, en la plaza Cerati, estuvimos en la rural de Santa Rosa, vamos a la de Toay. Está buenísimo tener la posibilidad de hacer algo itinerante y la gente nos re acompaña”, valoró Germán.

 

-¿Y cómo se dio lo de abrir la sucursal en la Perón?

 

-Mucha gente que paraba acá en la Uruguay, en el camino hacia las quintas, nos decía que para aquél, yendo para Toay, lado no había casi nada. Así que nos pusimos a trabajar con ese objetivo y lo logramos. El lugar está hermoso y es un espacio que se puede aprovechar de distintas maneras, sobre todo ahora cuando llegue la época linda de calorcito.

 

En “Belle Jolie” trabajan seis personas en total y abre de martes a domingo en doble turno. Budines, tortas, cookies, toda la variedad de facturas, bizcochos, palmeritas, chipás junto a sandwiches de miga y otras delicias son las que se pueden encontrar para llevarse o bien para degustar junto a un rico café en las mesas dispuestas en el negocio.

 

“Tenemos siete variedades de cookies, todas con masas y recetas diferentes. Al principio la gente me preguntaba si no hacía polvorones, yo no sabía bien a qué se referían y resulta que eran las cookies. Nuestra vedette son las medialunas de manteca, que según la gente son demasiado ricas”, se ríe Cynthia ante la tentación de certificar que lo que dice la clientela, es totalmente cierto.

 

“Todo lo horneamos en el mismo día, y por supuesto que hay distinta oferta según la demanda, como por ejemplo productos con harinas integrales o aptos para celíacos. Otra cosa es que hacemos el pan a mano. Como se hacía antes, por eso la miga está aireada, no se pone duro al día siguiente, es un pan fresco ideal para mojar en el tuco, para hacer sanguchitos o lo que sea”, remarca la pareja.

 

“Somos muy exigentes, estamos siempre encima de lo que hacemos y elaboramos. Creo que hicimos las cosas bien desde el principio y por eso buscamos mantener el mismo estándar de calidad”, remarcan en un lugar en donde lo que atrae por los ojos, se traslada al estómago. Por aquello tan clásico pero vigente de panza llena, corazón contento.

 

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