Caito Cerezal, ahora campeón de bowling
Jovial, con esa personalidad extrovertida que lo hace hablar todo el tiempo en voz alta, Caito Cerezal (50) -Gerardo su nombre-, es un deportista cabal. De esos que tienen el ADN del atleta en su sangre, porque tiene la suerte de contar con una facilidad especial para la práctica del fútbol, el sóftbol -el deporte que ama desde niño-, y ahora en la etapa de la madurez el bowling. O cualquier otro de que se trate, porque también se destacó en el paddle, jugó a la pelota a paleta y también en tenis.
Lo conozco desde que era un chico y de la mano del profesor Donato Luis Laurita -llegado expresamente de Buenos Aires para enseñar sóftbol en la vieja canchita donde hoy se levanta el colegio Ciudad de Santa Rosa-, empezó a batear y lanzar la bola, en esa disciplina que atrapó a toda la barriada de Villa del Busto.
Y enseguida se destacó Caito, al punto que con sólo 13 años debutó una fría mañana de agosto de 1981 en el Estadio Municipal con la camiseta de la selección pampeana de mayores enfrentando a uno de esos clásicos y poderosos equipos paranaenses.
El comerciante, su familia.
Con ese espíritu eterno de pibe que lo acompaña, y que desmiente que haya llegado a la "mayoría" de edad, es hoy un empresario del rubro automotriz. "Me va bien, hace 20 años que tengo la agencia de venta de autos y no me puedo quejar... aunque no soy demasiado ambicioso me gusta hacer buenos negocios, darme algunos gustos y que mi familia esté bien. Sí, claro que crecí...", me comenta sonriente sabiendo que lo conozco mucho.
Siempre se lo verá bien dispuesto, para recordar viejos buenos momentos; y aún para contar aquellos otros en que la vida lo golpeó duro. Muy duro. Esos otros en que llegó "a pensar pavadas" y que hoy asegura están ampliamente superados.
Domingo, el papá -jugador de fútbol de la zona de Winifreda, y reconocido bochófilo del Club Sarmiento-, se dedicó siempre a tareas agropecuarias. "Sí, de toda la vida, y ahora tiene el campo alquilado", revela Gerardo; en tanto mamá Antonia fue siempre ama de casa. Caito tiene un único hermano, Daniel, un par de años mayor, y cinco hijos: Cristian (28), también jugador de sóftbol; Damián (22) estudia Analista de Sistemas en La Plata, Joel (19) preparándose para ser cheff; Mateo (7) y Merlina (6).
De la frustración a la gloria.
Su esposa es Leonor Cribelly, a quien conoció hace 13 años, y con la que comparte su vida desde hace 10. "Si ella no me deja, esto es para toda la vida", promete. "Reconozco mis fracasos...", admite luego de recordar que hubo otras cuatro mujeres -¡sí, cinco convivencias!- que pasaron por su existencia. Con cada una de ellas tuvo sus hijos que son, al cabo, lo mejor de aquellas relaciones que nunca terminaron por consolidarse.
"Reconozco que fracasé en esas oportunidades... que pudo haber momentos buenos, pero que todo terminaba mal. Con Leonor creo que es distinto. Mi relación con ella es la definitiva, porque nuestra relación es perfecta, y así también es el vínculo que tiene con todos mis hijos", se regocija Caito. Con Leonor -también excelente jugadora de bowling, ambiente en la que es muy querida-, tienen a la menor de los Cerezal, Merlina.
Diferentes trabajos.
Gerardo hizo la primaria, no podía ser de otra manera -viviendo en calle Mendoza casi esquina Raúl B. Díaz-, en la Escuela 4; y después la ENET nº 1, donde se iba a recibir de Maestro Mayor de Obras.
Jugó desde chico al sóftbol, fundamentalmente, y paralelamente también al fútbol. Hizo el servicio militar cerquita de su casa, en el IV Cuerpo. De regreso a la vida civil empezó a trabajar en "zapatillería Lambda, con Raúl Ranocchia; y también un tiempo con Rulo Cisneros (dirigente de Sarmiento) en el Kiosco Arlequín. En algún tiempo también en la Tienda Barreiro, propiedad de un tío. Más tarde fue empleado en una céntrica zapatería, y posteriormente vendedor de quiniela para la agencia 04. Pero no sólo eso, porque varios años se desempeñó como profesor de dibujo técnico en la Escuela Industrial, y algunos años se desempeñó en el Banco de Crédito Argentino.
Sería en 1993 cuando iba a comenzar con la venta de autos, y pondría su propia agencia, que hoy mantiene con buen suceso.
Fútbol en Sarmiento.
Como casi todos Caito adoptaría el fútbol como su primer deporte, el que se juega casi desde que uno empieza a caminar. Pero después de haber practicado una gran cantidad de disciplinas asegura: "amo el sóftbol. Obvio, me gusta mucho el fútbol, aún lo juego, pero el sóftbol me atrapó para siempre, y mi sueño que no se pudo cumplir es haber jugado al beisbol" (hermano mayor del sóftbol). "El año pasado me di el gusto de ir al estadio de los Mets, en Nueva York, y lo disfruté mucho. Nosotros aquí no tuvimos beisbol, y me quedé con las ganas de practicarlo", cuenta.
Al fútbol jugó, no podía ser de otra manera, en su club de toda la vida, Sarmiento. "Me tocó debutar con 17 años en la primera división en un partido en Winifreda, reemplazando a Cococho Rodríguez que estaba lesionado. Integraban el equipo Jorge 'El Patón' Kalinger (recientemente fallecido), el Gato Villalba, Alfredo Sauro, y el entrenador era Edilio Zabala. ¡Qué nenes! Por supuesto El Patón y el Gato me defendían a muerte en cualquier entrevero...", rememora.
Después integraría otro muy buen equipo de los de Villa del Busto, con Cochelo Magnano, Dani Pérez en el arco, Luis Santillán y Fabián Kloster entre otros. "Se me complicaba porque practicaba los dos deportes al mismo tiempo. Me acuerdo que un sábado me lesioné al sóftbol y el domingo el Chueco Ramírez (el entrenador entonces) se dio cuenta y no me puso en el partido de fútbol, y además se agarró una gran calentura. Pero la verdad es que al sóftbol no podía dejarlo", confiesa.
"Hablar es gratis..."
Caito Cerezal se define como un tipo que se sacrificó cada vez que le tocó jugar a cualquier deporte que fuera. "En eso siempre fui muy disciplinado, de entrenarme a muerte... porque en el deporte cuando te sacrificás los premios de alguna manera llegan".
Le hago un comentario acerca de una versión que alguna vez me llegó, y es enfático en la desmentida... "Jamás conocí que era la droga. Otras personas me lo han preguntado, pero nunca en mi vida tuve contacto. Alguna vez me habré tomado una cerveza de más, como cualquiera, pero sólo eso", agrega.
Pero no se queda ahí, porque quiere dejarlo bien claro: "Te cuento más, en el 2005 dije no fumo nunca más, y no prendí un cigarrillo hasta hoy. Y tampoco era que me fumaba dos o tres atados... pero viste como es, hablar es gratis...", reflexiona.
Ni drogas, ni juego.
"¿Por qué pudieron decir eso? Porque la gente no necesita nada para hablar, y a lo mejor por mi carácter. Yo soy muy sociable de andar por aquí y por allá, de conversar, de estar con amigos... si es por mí todos los días estoy de asados y de reuniones. Pero en aquello otro le erraron fiero... Pero voy a decir algo más: había empezado a ir al Casino y me jugaba unas fichas. Una estupidez... pero un día prometí por mis hijos que nunca más, y no voy más. Así de simple. Le dedico todo mi tiempo al comercio, a mi familia, y al bowling. Estoy muy pero muy entusiasmado con todo esto, con jugarlo, con organizar la asociación pampeana, conque se haga aquí el campeonato argentino en noviembre. Todo muy limpio y muy bueno. Estoy pasando por un gran momento, disfrutando la vida después de pasar por algunas que no fueron para nada buenas...", dice y se pone serio, como recordando.
Dicen que el deporte es una escuela, también se señala que se juega como se vive, y muchas frases que se le parecen mucho. Lo cierto parece ser que quien se aferre al deporte siempre dispondrá de alguna chance más...
Y también parece ser verdad que la vida, ese misterio que nos lleva por aquí y por allá, suele ofrecernos nuevas y hermosas oportunidades. A veces la tormenta nos hace creer que todo está perdido, o más menos, pero basta que el sol vuelva a brillar para que uno se de cuenta que, de cualquier manera, aún con algunos avatares desfavorables, de veras vale la pena... sí, claro que vale la pena. ¿O no Caito?
MVP en Estados Unidos.
Recientemente Caito Cerezal se consagró campeón del torneo de bowling (especialidad duckpin), que se disputó en Baltimore, Estados Unidos, integrando la selección nacional junto a otros diez argentinos.
En el torneo que se jugó entre el 26 de junio y el 1º de julio, Cerezal jugó a tan destacado nivel que se trajo todos los premios, incluido el de MVP (Most Valuable Player), esto es el jugador más importante del torneo.
“Pasó algo especial, porque después de unos primeros juegos en que nos fuimos acomodando a las canchas empecé a tirar cada vez mejor, y todo me salía bien... Creo que nunca tuve un nivel tan alto, y la verdad es que regresamos muy satisfechos”, contó mientras mostraba hermosos trofeos que trajo desde Estados Unidos. Cabe decir que Cerezal le dedica muchas horas al bowling, pero no sólo a tirar en la pedana, sino también al gimnasio y a salir a correr cada día para mostrar una buena condición física.
Además Cerezal es uno de los principales impulsores de la Federación Pampeana de bowling –su presidente es Nicolás Arnauti–, afiliada a la Confederación Argentina de ese deporte.
Precisamente la nueva entidad provincial organizará próximamente una fecha del campeonato argentino en la máxima divisional. Está previsto que los días 9 y 10 de agosto se realice un selectivo en Santa Rosa, que será clasificatorio para el campeonato nacional que se disputará del 29 de noviembre al 6 de diciembre.
“Tengo todas las pilas puestas en el argentino, y claro que el objetivo será tratar de lograr el título. Sería un gran premio para mucho esfuerzo que uno hace”, cerró Caito.
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