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Martes 28 de abril 2026

Mucho más que un campeón de ajedrez

Redacción 20/03/2016 - 00.22.hs

Mario Vega - Fue, y pareciera que quisiera volver a ser, campeón de ajedrez: en febrero ganó el Prix de verano. Pero tiene otras facetas destacadas: escribe, hace algunas artesanías y gana concursos de fotografía.
En esta sociedad en que nos desenvolvemos coexistimos con muchas personas que, a su manera, y para el círculo que frecuentan, pueden tener atributos, condiciones, que ameriten un reconocimiento, justamente, de quienes los rodean, de sus entornos.
También es verdad que la habitualidad puede hacer que no consideremos a alguien como especial -aunque lo sea-, por sus características, por lo que hizo, por lo hace... Me parece que todas las personas pueden ser más o menos consideradas según el ámbito en que desarrollen sus actividades. Fuera de ese espacio -el de la ciencia, la educación, el artístico, el deportivo, o el que sea-, quizás esa atención sea prácticamente nula.
Sabemos que, muchas veces, compartimos la cola de un banco, una mesa de café, o el ámbito laboral, con hombres o mujeres que, a su manera, en lo suyo, reúnen cualidades que los destacan necesariamente.
Mario Gustavo Fiorucci (55) -para aquel que no frecuenta demasiado las páginas de los diarios-, será para muchos el eficiente empleado del Banco de La Pampa, que los atiende con gentileza en lo que se conoce como la sucursal del Hotel Comercio (¿será necesario aclarar que ese fue un histórico hospedaje de la ciudad?).

 

Mario, el polifacético.
Pero Mario es mucho más que el empleado de un banco... ajedrecista muy destacado en nuestra provincia, fue alguna vez artesano de pequeñas cosas, escritor de cuentos (cuando le llega la inspiración) y ahora fotógrafo de nota.
No sabía -aún cuando lo tengo visto de muchos años-, que tuvo muchas dificultades, problemas de salud que lo mantuvieron postrado mucho tiempo, y que limitan severamente sus movimientos. De modo tal que el ajedrez es el único deporte que puede desarrollar, precisamente porque sólo necesita de su intelecto.
"Soy mellizo con Maradona", refiere cuando menciona su fecha de nacimiento: el 30 de octubre de 1960. Casado con Graciela González tienen tres hijos: Renata (27), Camila (24) y Gaspar (16).
También ignoraba que Mario es hijo de Mario Pablo -productor agropecuario-, que falleció cuando él tenía solo 8 años. "Fue intendente de Santa Rosa en tiempos que gobernaba Arturo Frondizi, y en La Pampa Ismael Amit...". Fueron cuatro años, desde 1958 a 1962 (cuando una vez más un golpe de estado interrumpía un período constitucional). Hoy, una calle de la ciudad lleva su nombre.
"Todos los Fiorucci, más cerca o más lejos, somos parientes en la provincia", cuenta Mario. Su mamá, fallecida en 2007, era Pikú Fiorucci... "Los viejos eran primos hermanos", confirma Mario, quien tiene otros cuatro hermanos: Norma, Edith, Susana y Rubén.

 

Seis operaciones de cadera.
Me recibe en su casa de Brasil 885, y cuenta su vida, las cosas buenas, y sus desventuras, sobre todo vinculadas a problemas que lo llevaron a someterse nada menos a que a 7 intervenciones quirúrgicas, 6 en su cadera izquierda y una más en un tobillo.
"Cuando chico vivía en San Martín 540, sí, en el centro", y pasaría por varios colegios: El Santa Rosa College, bilingüe, hasta segundo grado, tercero en el Domingo Savio (ese año falleció el padre), un paso por la Escuela 6, para terminar en Naicó porque allí vivía su hermana mayor Norma, casada con Ricardo García Quiroga.
El secundario lo haría entre el Nacional y el nocturno Ayax Guiñazú. "Buena parte del primario, y hasta segundo del secundario iba con muletas, porque ya tenía problemas... el 19 diciembre de 1977 las regalé", dice con una precisión que, se me ocurre, tiene que ver con una memoria en la que mucho tiene que ver el ajedrez.

 

En Naicó, el ajedrez.
Lo curioso es que, precisamente, su acercamiento al mundo de los trebejos se produjo cuando su cuñado, en Naicó, le enseñó a jugar. "La primera vez, después de explicarme como era me ganó, y la segunda ya le gané y nunca más me jugó", evoca. Era sólo un chico de 14 años, pero le habían inoculado el virus del ajedrez... y nunca más lo abandonaría esa locura.
Ya en Santa Rosa, en su adolescencia, compartía con amigos, pero "no era de salir mucho. "En algún momento jugué al básquet y al fútbol, de arquero, en Estudiantes; pero a partir de ahí empecé dos o tres veces a la semana con el ajedrez", expresa.
Resolvió luego estudiar abogacía en La Plata, y ya para entonces se había puesto de novio con Graciela. "Estuve hasta tercer año, y me volví... ahí decidimos casarnos: fuimos a vivir a la calle Florida, en el Barrio Fénix; y al año siguiente ya estábamos aquí, donde nacieron nuestros hijos", cuenta.

 

Cajero en el BLP.
En 1985 entró a trabajar como cajero en el Banco de La Pampa: "Van 30 años, 17 como cajero y ahora como administrativo". Hizo, entre sus compañeros, una gran cantidad de amigos, pero especialmente destaca a un jefe "duro, recto, pero de primera: Huguito Pérez". Es el mismo ex jugador de fútbol de General Belgrano al que, más de una vez, le quise hacer una nota a la que se niega sistemáticamente. El mismo que cada vez que lo abordo tiene otro "personaje" para sugerirme, y ahora me dijo: "Marito Fiorucci, el sí que es nota".
Y aquí estoy, charlando con Mario, mientras Graciela comparte el momento con el mate en la mano. Sus amigos de pibe eran "El Tigre" Marini, el Ruso Hipperdinger, Palino de Pián -hijo del Gringo, ambos fotógrafos, que habrían de incidir en Mario-, y Luis Alonso, entre otros. No quiere dejar de mencionar también entre sus amigos del ajedrez a Ricardo Costianovsky, Puchi Fernández y los hermanos Alonso, de Victorica.

 

Los presos del ajedrez.
Ya devorado por la pasión del ajedrez, empezó a jugar "primero con gente mayor, mis hermanos, primos, amigos. Iba superando etapas", hasta que con 15 años se inscribió en el torneo provincial "Aquiles José Regazzoli. Era febrero del 76, se jugaba en General Pico e iba en micro, y entre otros estaban Guille Gazia, Enrique Molina, Pilín Lizárraga... Duró dos meses, y al mes vino el golpe y lo metieron preso a Don José. Empezó como torneo 'Aquiles José Regazzoli' y que sé yo... terminó como cualquier cosa. Ganó Juan Carlos Aldao, y ahí conocí a Hugo Fornasari y Schwengel, que venían en un 4L desde 25 de Mayo...".
Más tarde José Luis Ares -aquel profesor de Matemática-, y Guillermo Gazia, empezaron a reorganizar la actividad, e hicieron un torneo apertura. Era la piedra fundacional de lo que luego sería el Círculo de Ajedrez Santa Rosa. "Se jugaba en la confitería El Círculo, y la noche del 23 de marzo, ya madrugada del 24, después de jugar con Lizárraga, al salir, los militares metieron preso a José Mendizabal... Lo estaban esperando". Era, sin dudas, una experiencia dura para un chico de nada más que 15 años.

 

El campeón.
Cuenta Mario que tenía otro berretín: ir a mirar la timba que se armaba en el Club All Boys, a ver jugar chinchón, poker, "me tenían de pato. Por ahí ganaba el que te adoptaba y todo bien... pero si perdía te sacaba largo", se ríe.
"¿Qué es el ajedrez? es una herramienta que ayuda a crecer intelectualmente, la llave que abre camino a otras disciplinas", define.
En el devenir el nombre de Mario Fiorucci empezó a ser una referencia del mundo del ajedrez. Así fue campeón provincial, de la Federación, del Círculo, ganó abiertos aquí y en diversos lugares de la provincia de Buenos Aires; y se habría de adjudicar el Caldén de Plata nada menos que en 8 oportunidades, el primero en 1989 y el último en 2001. ¿Qué pasaría después? Es una historia que contará enseguida.
Mario recuerda anécdotas y momentos con una precisión que asombra. "En los viajes jugábamos sin tablero: sí, cantando las piezas y las posiciones". Fue integrante del equipo pampeano que obtuvo un excelente cuarto puesto en un torneo nacional en Córdoba, junto con Ricardo y Rodolfo Alonso -hermanos de la ex diputada nacional Luchy Alonso-, y Guillermo Saitúa. Resultó hasta hoy la mejor actuación en un torneo de esa envergadura.

 

Graciela, el amor de siempre.
"Nos conocimos en la quinta de la tía Mecha... ponélo que le va a gustar -pide Mario-, y estuvimos varios años de novios con Graciela. Después que volví de La Plata, en 1987, decidimos casarnos, y aquí estamos", agrega y la mira cómplice.
Graciela recuerda una anécdota. "Yo creía que sabía jugar, y con una amiga, Mariela, le jugábamos a Mario, que se ponía de espaldas para jugar a ciegas... e igual nos ganaba, pese a que le hacíamos trampas. Le decíamos una posición y él nos decía imposible, porque esa pieza está en tal lado, y obvio, nos ganaba", relata.
Es la misma Graciela la que revela que Mario escribe cuentos, y con uno, "La noche que Baltasar Odriozola ganó el campo y perdió los hijos", en 2004, recibió el primer premio del certamen literario "Vivir en democracia con justicia social".
"Escribía cuando me agarraba la inspiración, pero hace un tiempo ya que no lo hago... vamos a ver si alguna vez vuelvo a escribir", dice Mario.
Y cuenta -este empedernido lector de Borges, sobre todo, pero también de Sábato y García Márquez-, que alguna vez hizo artesanías en madera, "juguetes, pequeños muebles para chicos...".

 

Mario, el fotógrafo.
Pero la otra actividad que lo cautivó fue la fotografía (hay que recordar que frecuentaba la casa de los De Pián). En 2007 se compró la primera cámara digital, una Nikon básica, y en 2008 la Canon que tiene hoy. "Saco de todo, escenas de la calle, deportes, blanco y negro, todo pampeano; y compito en concursos en España sobre paisajes, y allí gané con esta foto". Y muestra en su computadora una escena singular: el cielo rojo de un atardecer por la ruta 35, a la altura del bajo Giuliani, y al fondo una hilera de caldenes. Es minimalista, y el cielo que se ve es increíble", juzga.
Enseguida, y sin que se lo pregunte deja una definición: "No me gusta la caza, y en cambio me gusta capturar al bicho con la cámara, y lo dejás vivo".
Mario, hincha de Boca, pero más de la Selección, indica que sigue "todos los deportes por televisión".
"No puedo hacerlos, pero me gustan el golf, el tenis, el básquet, y considero que Ginóbili es el mejor deportista argentino de la historia", no duda.

 

"Siempre se reinventa".
No tiene intenciones de hablar demasiado de política, y sólo dice que ve "una ciudad devastada, y muy complicada para Leandro (Altolaguirre). Tenemos una provincia ordenada, pero debemos definir su perfil... me parece que nos falta vuelo", completa.
Desea para lo que viene el bienestar de la familia, expresa que le gustaría mucho viajar -obvio, para "cazar" las mejores tomas fotográficas - a sitios como África, las Galápagos, o los parques nacionales de Costa Rica.
"Siempre se reinventa", dice su esposa. Y habrá que coincidir que Mario pudo superar las dificultades por su inteligencia natural, por su talento, pero sobre todo porque tiene un espíritu extraordinario, una fuerza interior que lo hace sobreponerse a los infortunios que lo jaquean -ya que hablamos de ajedrez-, y que a algún otro le pudieron resultar imposibles de afrontar.
Tenía razón Huguito Pérez. Sí, Mario era una nota que valía la pena... Sin dudas.

 

"Contra la computadora no se puede".
En algún tiempo los ajedrecistas llegaron a jugar con otros remotos adversarios y lo hacían por correspondencia: una carta, una movida; otra carta de regreso, y la jugada de respuesta; y así sucesivamente. Como es fácil deducir, esas partidas podían durar años.
Mario sostiene que "jugar contra las computadoras es imposible, no podés ni sentarte, son infinitamente superiores al ser humano. Hacen un juego totalmente ilógico... yo juego por internet on line pero con humanos...puede ser alguien que esté en el Congo, en Ucrania, y alguna vez lo hice con alguien que estaba en la Antártida. No hay problemas porque se maneja un idioma ajedrecístico", agrega.
Admite que una partida por internet es distinta, "porque el campo visual es diferente, pero el que juega desde siempre tiene 'la cancha' en la cabeza y no hay problemas", dice Mario.
Alguna vez, en tiempos difíciles, Mario Fiorucci sufrió stress laboral. Eran épocas del "corralito", cuando en las entidades bancarias se sucedían los reclamos de los ahorristas. "Fue difícil para muchos de nosotros... yo soy nacido y criado aquí, conozco a mucha gente y no la pasé bien", relata sobre aquel momento que lo llevaría a dejar de jugar.
Después Fiorucci explica que antes una partida de un torneo local podía llegar a durar 6 horas, y por eso -como al otro día muchos tenían que trabajar- en un instante determinado se paraba y se la suspendía hasta el día siguiente, dejando en un sobre "la jugada secreta. Hoy, con la computadora ya no hay jugadas secretas, y por eso se llevó la partida a dos horas para 40 jugadas", amplía.

 

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