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Viernes 01 de mayo 2026

En Castex, el señor de los dinosaurios

Redacción 08/04/2018 - 00.10.hs

Es un artista que no ha sido dimensionado como merecería. Lleno de talento las pasó todas: soportó la pobreza; robó, fue a la cárcel, y salió a intentar una nueva vida y ser feliz. Igual, no es fácil.
Mario Vega - La piel oscura castigada por el sol y por el viento desmiente decididamente sus ancestros polacos... Su rostro serio, el gesto ensimismado, la sonrisa que solo asomará muy de vez en cuando podrían hacer pensar en una persona que muestra rasgos de timidez, o quizás -es probable- revele que es alguien a quien le ha tocado sufrir mucho.
Jorge Oscar Fortunski (47) es un hombre joven aún, pero que tiene un largo camino recorrido, desde esa infancia llena de infortunios en esa casa humilde que estaba más allá de las vías, pasando por una adolescencia difícil, complicada, a la que no le faltaron tampoco desdichas que incluyeron la persecución de la justicia y, luego, en más de una oportunidad, la cárcel.
Desde la última vez ha pasado algún tiempo y hoy Cacho, como lo conocen en su pueblo, es un ciudadano que sigue siendo de condición humilde, pero que advierte que la mirada de sus compueblerinos -aunque siempre habrá alguno que piense lo contrario- ha cambiado sobre él. Ahora lo valoran como el artista que es... aunque nadie en Castex -¿ni en la provincia?- han valorado suficientemente su increíble talento, su capacidad innata para crear obras de arte que pocos pueden, con esa calidad y en tamaña cantidad.

 

Quién es Cacho Fortunski.
Lo conocí en noviembre del año pasado cuando en Eduardo Castex se estrenaba "El señor de los dinosaurios", que no es otra cosa que la película de Luciano Zito, que precisamente narra la vida de Cacho Fortunski, y que se filmó en aquella localidad y en Santa Rosa.
Nacido el 25 de mayo de 1970, es hijo de Elva Pola Sandes y de José Oscar, y en total son ocho hermanos: José Luis, Silvia, Graciela, Jorge, Horacio (fallecido), Carina y Susana que son mellizas y Roberto Carlos, el menor.
Tiene Cacho dos matrimonios en su haber, y cinco hijos: Jorgito y Jorgelina (la mamá es Marta); Aín Damián, Jonathan Emanuel y Carolina Elizabeth (Carolina es la madre de los últimos tres).
Una casita muy pobre, durmiendo todos los hermanos en una misma pieza, "en camas cucheta o colchones en el piso... el baño afuera, allá lejos. Ninguno quería ir de noche", recuerda Cacho. La primaria en la Escuela 195, y 8° y 9° "cuando estaba preso... como para hacer algo... los juegos en la calle como los chicos de ese tiempo... Y además lo mío siempre era dibujar: ya a los 8 ó 9 años por ejemplo si alguien estaba conversando con mi mamá yo enseguida lo retrataba... me salía fácil", agrega.

 

Un padre violento.
"El viejo era empleado rural y venía cada 15 días... y era para macana. Tomaba y se ponía violento con mamá. Éramos chiquitos, así que imaginate que mal la pasábamos; porque salíamos de la casa todos agarrados de la pollera de la vieja, a lo de alguna vecina o a cualquier lado", dice ahora en ese tono quedo que pareciera ser el que utiliza siempre.
Relata que mamá Elva trabajaba en el Hospital Lacoste, "era la cocinera así que no podía faltar nunca... me acuerdo que cuando llovía ahí en las vías se formaba como un río y la vieja lo pasaba caminando con un atado de ropa en la cabeza para después cambiarse... Esas cosas no me las contaron, por eso cuando veo que alguien se hace el loco con una mujer... o con un animal nomás, me pongo re mal, y así sea Tyson lo peleo", dice como una reminiscencia de aquellos momentos tristes. Su carácter, violento a veces, se aplacaba mientras practicaba boxeo con el Pelado Ponce, en la época que comenzaba Hugo Marinangelis. "Pero no llegué a debutar aunque me gustaba mucho", señala.

 

Rotoso y mugriento.
Trabajó de todo un poco, "en una fábrica de girasoles, hacía changas, cortaba el pasto... lo que viniera. Después entré en un taller de chapa y pintura y estaba muchas horas... tenía 17 años y laburaba muchísimo, pero casi no cobraba y nunca tenía un mango. A veces el patrón me decía: 'vos tenés que salir, tener novia...'. Pero si no tenía ni zapatillas, y andaba todo rotoso y mugriento... ¿dónde iba a ir así?", cuenta.
Y sigue: "Una vez me acuerdo que pasó un pibe más o menos de mi edad, bien vestido, de pinta, y escucho que le sacaban el cuero: 'Este anda robando' decían. Y me quedó eso dando vueltas... cómo, ¿si este robando anda así, yo que trabajo un montón de horas por qué tengo que estar como estoy?, me pregunté con mucha bronca".

 

A robar... y a la cárcel.
Algo pasó en su mente y resolvió que ya no iba a ser así: "Un día salí a robar... tenía habilidad y no necesitaba destrozar nada. Desarmaba una ventana pieza por pieza, no rompía ni un vidrio: entraba y me llevaba lo que podía... Pero sabés, en realidad nunca fui un delincuente. ¿Querés creer que lo que robaba no lo vendía? Cerca de casa había un túnel donde jugábamos de chicos, y ahí escondía las cosas... Era como una rebeldía, eso de ver que había gente que eran patrones y tenían, y el laburante andaba siempre seco", relata. Pero hoy admite que "claro que no estaba bien... el dueño tenía todo el derecho a tener lo suyo".
Un día llegó un primo de Mendoza -que ya había estado en la cárcel- y le propuso dar un golpe. Cacho tenía su propio plan, y convinieron que primero "hacían" el del primo, y después pegaban el otro golpe. Entró -ahora sí armado- con su cómplice en una agencia de quinielas y se llevaron un dinero... la media que se había puesto en la cabeza no alcanzó para que no lo identificaran. La policía los fue a buscar a su casa y los dos cayeron presos. "Lo que no entiendo es porque a él que tenía antecedentes le dieron 5 años, y a mí primerizo siete", reflexiona a la distancia.

 

"De preso a Usuhaia".
Lo destinaron a la cárcel de menores U.30, y como no había lugar anduvo "de taquería en taquería. Me fugué 3 ó cuatro veces... Yo quería que me llevaran a Ezeiza, pero un día, impensadamente, me dieron la libertad", y un poco se asombró por la medida judicial. Luego el servicio militar en Infantería de Marina en Río Grande -"no la pasé bien", para variar, confiesa-, y volvió a La Pampa. "Anduve un tiempo en Santa Rosa, durmiendo en la calle; comía a los saltos; hasta que decidí que me iba a Ushuaia... a dedo. El último camionero que me llevó me dijo que su hermana trabajaba con el intendente, así que enseguida me consiguió trabajo. ¡Pero querés creer!, al poquito tiempo me junté con unos muchachos, empecé a moverme en política pero no sabía nada, y resulta que los tipos eran contras del intendente... ahí nomás me echaron, y me volví".

 

En Castex, algo cambia.
Otra vez en Castex, y a sufrirla. "Nadie me daba bola, y menos laburo, así que a cuatreriar, a 'cazar' algún cordero, quedarme con algo de carne y vender el resto..."
Después iba a pasar algo que empezaría a dar un vuelco a su vida: entró como intendente Livio Curto, que "era un visionario... al principio no me quería, y yo tampoco a él: 'creía que eras un vago...', me decía. Y al final nos hicimos muy amigos".
"Resulta que la esposa de Livio viajó a Cuba y vio un parque temático, y trajo un montón de fotos... 'esto es lo que yo quiero', dijo Curto, que quería algo que resultara atracción para que la gente que pasaba se quedara en Castex", relata Cacho.
Fue un colaborador del entonces intendente justicialista, Darío Vías, quien le diría a Curto que conocía un artesano, tallador en madera, que le podía hacer el trabajo... "¿Te parece?", dudó Livio. Pero igual lo llamaron, le mostraron el proyecto y Fortunski contestó que se animaba. "Hice el primero, con una estructura de hierro cubierta con cemento, que a mí no me gustó pero a Livio le encantó... ¿Cuántos podés hacer?, me dijo, y me pidió 100", explica.

 

El parque jurásico.
Lo cierto es que de 1995 al 2000 Cacho -con un grupo de gente que tenía a cargo y lo ayudaba- hizo nada menos que 25 -y hay dos más a punto de terminarse- imponentes esculturas de dinosaurios. "Hay algunas de 45 ó 50 metros de largo y por lo menos 15 metros de altura", indica.
El Parque Temático de la Prehistoria "Livio Curto" -de que otra manera iba a llamarse-, declarado Patrimonio Cultural de la provincia, está ubicado sobre la intersección de las rutas nacional n° 35 y Provincial n° 102. Ofrece la oportunidad de observar esculturas de animales prehistóricos construidas a escala por Jorge Fortunski -lo que implica cálculos muy complicados, y más para quien no era ingeniero, ni arquitecto-, y se encuentra en un predio de 8 hectáreas forestadas, que cuenta con sanitarios y lugares de descanso.
Entre las estructuras más destacadas está la de un brachiosaurus, de 17 metros de alto y 45 metros de largo; y se pueden apreciar réplicas de apatosaurus, iguanodonte, tiranosaurio rex, anquilosaurus, etc. Toda una alternativa turística para el viajero -como quería el intendente al que se le ocurrió la idea-, y para las instituciones educativas que encuentran en el parque una interesante herramienta didáctica.
Son por ahora 25 esculturas, y se espera trabajar "en dos o tres más", dice el autor. En el parque, en temporada de turismo, han llegado a entrar más de 10.000 visitantes. Y es para considerar: vaya si el intendente Livio Curto había imaginado bien...

 

Los intendentes.
Ya había contado Cacho Fortunski -sí, con "i" latina- que Castex se mueve muchas veces de acuerdo a quien es el intendente de turno. Al principio, cuando inició la gestión de Luis Ordóñez las cosas no resultaron bien. Cacho volvió a meterse en problemas y esa vez, cuando salió de estar preso, la verdad es que ya no quería más esa vida, por él... y por sus hijos.
Hizo de tripas corazón y lo fue a ver a Ordóñez: "Dame una mano...", le dije, y bueno, más o menos arreglamos... Lo que pasaba es que me ponían mal algunas cosas: un día que pasé por el parque vi que había mandado albañiles para rellenar los esqueletos, y había una escultura con una cucharada de mezcla en un ojo... Por eso me decidí a hablarle, y volví a trabajar. No cobraba mucho, me tiraba unos pesos por semana", revela.
Después vino la gestión de Juan Chiquilitto -"todo bien con Juan", acota Cacho-, y ahora "está Tato González, con quien también estoy trabajando muy cómodo, y fue el que me tomó como empleado de planta de la municipalidad", completa.

 

La película.
Fue el joven realizador Luciano Zito quien tuvo la idea de filmar una película con la vida de Jorge Fortunski. Ante más de medio millar de personas se estrenó en Eduardo Castex en noviembre del año pasado, a sala llena. Cacho obviamente estuvo, acompañado por su madre, sus hijos y más de medio millar de personas que querían saber de qué se trataba.
El filme mostró lugares conocidos de Castex, mientras Cacho relataba sin ambages, descarnadamente, aspectos de su vida, sin eludir aquellos que incluso lo llevaron más de una vez a la cárcel. Casi podría decirse que no ahorró detalles de los momentos más aciagos de su vida.
El aplauso cerrado de los presentes cuando terminó resumió lo que fue un éxito: los apretones de manos, abrazos y saludos al final marcaron que algo muy importante había cambiado, afortunadamente, en la existencia del artista. "Porque yo siempre fui un artista...", expresa Jorge sin pretender alardear.

 

Lo que viene.
En un momento de la charla Cacho se confiesa como "re sentimental y romántico... me gusta la música, me gusta leer, en la cárcel leí mucho de Gibran Kahil, libros de política... la Biblia cuatro o cinco veces para entenderla. Y digo la verdad: creo en Cristo persona, tengo fe en que existió pero no que era hijo de un dios divino... Tengo muchas dudas", admite.
En el final se pregunta, y se contesta: "¿Que espero de la vida? Pienso sobre todo en mis hijos, que sean felices y buenas personas. Que lo mío quede en mí... ¿Si creo en el amor? Sí, diría que soy un eterno enamorado. Digo que no pienso en una persona que complete mi vida. Pero creo que me miento...", y se pone serio.

 

"Una obra monumental"
"La de los dinosaurios (el parque temático de Eduardo Castex) sería una obra muy jerarquizada en cualquier lugar del mundo... Es monumental y muy loco que una persona sin estudios lo pudiera hacer... pero me parece que allí afloró el talento del artista, ese don que tiene, y su deseo de poder sacar de adentro todo lo que lleva", juzgó Luciano Zito, quien filmó la vida de Fortunski.
Cacho es un artista popular que vive de un sueldo -y está muy agradecido por eso-, aún cuando cualquiera se da cuenta que su obra no tiene precio... Que lo que hace tiene una historia universal que, en cualquier lugar del mundo estaría, probablemente, mucho más ponderada.
¿Será por aquello de que nadie es profeta en su tierra? Quizás... es para pensarlo.

 

"El Cristo del Monte"

 

Que a Cacho Fortunski le han pasado cosas que no a todos, eso es seguro. En la cárcel también mostraba sus virtudes de artista -"porque siempre fui artista", ratifica-, y allí hacía retratos para los guardias, de sus hijos; de familiares de los otros presos", cuenta.
"A los guardias si les cobraba algo, o les pedía un block de hojas, o lápices... o me daban cigarrillos por los dibujos", agrega. Le pregunto si consumió drogas estando adentro, y dice que "no, tal vez algunas pastillas que te daban... pero no, lo mío siempre ha sido el cigarrillo", responde.
Cacho no sólo se ha destacado con el Parque de la Prehistoria, sino que ha realizado distintos trabajos, como monumentos y esculturas de jinetes -con la imagen de Rafael Otamendi y José Sueldo-, entre otras muchísimas creaciones.

 

Cuerpo a tierra
"Aquí en Castex me echaban la culpa de todo... era el comodín: un robo o cualquier cosa y era Fortunski... Y casi siempre no era yo el que había cometido el delito: y generalmente no tenían pruebas, porque sino todavía estaría en la cárcel...", rememora
"Me seguían todo el tiempo... pero yo los vigilaba más que ellos a mí", se ríe. "Siempre me levantaba temprano, y salía con el mate a la calle y veía: si había rastros de autos, o de pisadas... un día iba caminando y el perro se metió entre unos yuyos: ¡Querés creer!, había un policía cuerpo a tierra... 'Levantate de ahí que hace frío, vení, tomate un mate", le dije. El policía se incorporó, tomó el mate, "algo avergonzado, y me dijo que lo mandaban... y lo entendí. Nunca me metí con ellos en forma personal", completa.

 

"El Cristo del Monte".
En una de las tantas veces que anduvo huyendo de la policía se escondía en un montecito cerca de Castex. "Estaba todo el día ahí y a la noche bajaba a hacer alguna macana al pueblo, porque seguía manteniendo mi casa, y me veía con mi señora, la mamá de mis dos primeros hijos... A la madrugada, en pleno invierno, de vuelta a esconderme al monte, pero antes a la pasada me bañaba en un tanque. Tenía que romper el hielo porque estaba helada el agua... cómo sería que el jabón no hacía espuma. Tenía jabón, champú, todo, porque así como me ves soy muy limpito", se ríe.
Y agrega: "Además me llevaba una vianda cuando nos veíamos con mi señora; combinábamos dónde vernos, porque ella estaba vigilada pero los eludía. Bueno, resulta que en el monte había un árbol, un caldén que estaba medio inclinado, y como me aburría con un cuchillo empecé a darle forma a un Cristo".

 

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