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Domingo 01 de febrero 2026

Cerrajero, el oficio que no morirá nunca

Redacción 01/02/2026 - 00.07.hs

Hay oficios que resisten el paso de los tiempos, y todo indica que por ahora eso no cambiará en el caso del de cerrajero. Repara cerraduras, abre puertas, y resuelve impensados problemas de la gente.

 

MARIO VEGA

 

¿Quién no ha tenido alguna vez un percance con una puerta que no se puede abrir, con una cerradura que se trabó, o con una llave que no gira? Es probable que, en esas circunstancias, más de una vez se tenga que recurrir a los conocimientos de un especialista para zafar del problema.

 

A veces esos contratiempos se dan en momentos incómodos –podría ser de noche al regresar a casa--, quizás cuando alguien cae en la cuenta que ha perdido la llave que puede permitir el acceso; o cuando se hace imperioso entrar a un determinado lugar y la cerradura se niega a funcionar.

 

El que sabe, sabe.

 

Puede ser también que el problema se de con un vehículo, ya con una puerta cuyo sistema dejó de funcionar, o con la propia llave de encendido del automotor.

 

Casi con seguridad el que sufra la dificultad no podrá solucionarlo por su propia cuenta. ¿Y entonces? No habrá otra que recurrir a quien sí tiene los conocimientos y la habilidad para superar la cuestión. Y ese no será otro que el cerrajero.

 

En nuestra ciudad.

 

En nuestra ciudad existen hoy varias cerrajerías, algunas bastante antiguas, y al parecer siempre han tenido y tienen trabajo. Se pueden mencionar de hace algunos años a la de Miguel Chehade, “El Cordobés”, quien como no podía ser de otra manera le puso a su comercio “La Docta”. También la de Hugo Gallo; la Ferretería González tantos años ubicada en pleno centro; y la de Álvarez que supo funcionar en Galería Tabelión. Y además otras como La Nueva, Santa Rosa, Tecnillave’s, El Imán, La Capital, Esteban, Ale, Franco y Cerrajería Juancito.

 

Improvisados siempre hay.

 

Por supuesto, como sucede en todos los rubros, están los que trabajan muy bien, y otros que sólo son entusiastas aprendices –por hacer de ellos una apreciación benevelente--; esos que se animan cuando son convocados para un trabajo, pero que cuando las cosas se complican se les queman los papeles. Y sí, chantas hay en todos los oficios, y también entre los cerrajeros rubro en el que, cada tanto, aparece algún irresponsable que presume de una habilitad que no tiene.

 

Ser confiables.

 

Ciertamente el oficio tiene sus particularidades. No sólo hay que tener conocimientos de la tarea que se realiza, sino que también se requiere seriedad, y probada honestidad.

 

¿Que todos los trabajos y profesiones conllevan la necesidad de ser serios y responsables? Totalmente cierto. Pero en este caso hay que tener en cuenta algo, ineludible: un cerrajero al que se le confía una tarea obviamente al finalizarla es quien mejor conoce la manera de acceder a abrir la puerta de una propiedad, un cofre o una caja de seguridad. Entonces la confianza se convierte en un valor fundamental para quien lleva adelante un oficio que viene del fondo de los tiempos.

 

En ese sentido, cabe admitir, no tenemos por aquí registro de situaciones enojosas que tuvieran como protagonistas a cerrajeros. Lo que habla de la seriedad conque realizan su trabajo.

 

Entre llaves y cerraduras.

 

Alguien que va a cumplir cuatro décadas entre cerraduras, candados, cerrojos y llaves es Marcelo Gustavo Alecha (54). Al “Tano”, que así lo conoce todo el mundo, lo ubico de cuando era destacado futbolista de Atlético Santa Rosa, casaca con la que fue campeón en más de una oportunidad.

 

Nacido en Santa Rosa es hijo de Pocho Alecha, que trabajaba en el campo y supo tener cosechadora, y de Teresa Nicola, nacida en la estancia Potrillo Oscuro y de familia de Ataliva Roca.

 

Los Alecha son cinco hermanos, Graciela, Gladys, Juan Carlos, José y Adriana que es melliza con el “Tano”.

 

Su familia.

 

Marcelo está casado con Gabriela Bottini, del barrio de Villa Alonso a quien conoció en el boliche Jockey hace ya más de cinco lustros. Tienen tres hijos: Sofía Valentina, que trabaja en en el Banco de La Pampa y está a punto de recibirse de abogada; Manuel que sigue Arquitectura en Córdoba; y Angelina que está completando el secundario en el Colegio Domingo Savio.

 

No tiene demasiado tiempo Marcelo con sus ocupaciones, así que la charla fue en algunos momentos “sueltos”, en los que fue contando aspectos de su vida.

 

“Es verdad que, por suerte, tengo mucho trabajo…”, dice con una sonrisa cuando nos encontramos.

 

El barrio.

 

Hizo la primaria en la Escuela 74, y el secundario en la EPET. “Con mi familia vivíamos en la Villa Santillán, más o menos cerca del Mateo Calderón, así que ahí fui a jugar al fútbol. ¿Cuando chicos? Como todos en ese tiempo… andar por ahí, y jugar a la pelota en las calles polvorientas todo el día. Porque no había el tránsito de hoy, así que dos arquitos armados con montoncitos de ropa y a jugar”, rememora.

 

Campeón con el albo.

 

En el fútbol los inicios con los colores de Atlético Santa Rosa, y la satisfacción de “salir campeones en 1992 después de 10 años de sequía. En ese equipo jugaban Carlitos Argañaraz, Condorito Villegas, Mauricio Marusich, un chico Romero que vino de Buenos Aires, yo, y Tomy Ponsone. Al medio Ricardo Garro, Mario Montigni, Carita Durante y Ramón Cabrera: y arriba Miguel Giuliani y Marito Castillo. Un gran equipo dirigido por el Toro Sánchez”, evoca.

 

Una tarde inolvidable.

 

Tuvo muchas alegrías deportivas el “Tano”, pero le debe haber explotado el corazón aquella tarde de Macachín. En la bombonerita roja el local enfrentaba a los albos santarroseños, y estaba en juego la clasificación al Torneo del Interior. Era el 11 de octubre de 1992, cuando faltando tres minutos para finalizar el primer tiempo Marcelo Alecha capturó una pelota en el área, le pegó fuerte y abajo y puso el 1 a 0 que sería el resultado final. De esa manera Atlético Santa Rosa volvía a disputar el torneo que 10 años antes lo había llevado a jugar el torneo Nacional. Nada menos. Sí, el “Tano” fue el héroe de esa tarde inolvidable.

 

En otros clubes.

 

Luego la campaña de Marcelo Alecha futbolista se iba a extender jugando para Estudiantil de Castex; más tarde el regreso a Atlético para disputar el Argentino A; luego un paso por General Belgrano dirigido entonces por el Tano Mírcoli; y otra vez vestir la casaca de Estudiantil antes de volver a casa. “Volví a jugar en Santa Rosa y en la segunda fecha del torneo local, con Belgrano, sufrí rotura de ligamentos”. Más tarde intentó seguir pero la lesión le dijo que no podía. “Nunca más jugué”, cuenta ahora.

 

Cerrajería Lorda.

 

Paralelamente al fútbol Marcelo tenía la vida de cualquier pibe. Las salidas a los boliches de la época, “sobre todo con los chicos del club. Había asados los viernes y después de eso salíamos… Yo casi siempre con mi mejor amigo, Martín Ponsone (hermano de Tomy, su compañero de fútbol). Pero ahí ya trabajaba, porque arranqué a los 15 años en la Cerrajería Lorda, que por muchos años estuvo frente al Colegio María Auxiliadora”, precisa.

 

Todas las mañas.

 

Iba a ser con Lorda que aprendería el oficio. “Aprendí trabajando todas las mañas: abrir puertas, destrabar coches, reparar cerraduras… “¿Si ahora hay trabajo? Sí, no me puedo quejar. Tengo lo que se puede decir una clientela fija, con personas agendadas que me llaman y voy; pero también hago emergencias… En un tiempo tuve la Cerrajería RG, con Raúl Bernal de socios, pero desde hace un tiempo estoy por mi cuenta y mucho con llamadas por teléfono”.

 

El tema es que “en una época hacían jodas. Te llamaban por teléfono, ibas al lugar y era mentira… Pero bueno, por suerte eso se cortó”, dice aliviado.

 

Marcelo con su familia vive “en Picaflor 733, entre Petitero y Flamenco, en Lowo Che Este, que es Toay”, aclara.

 

Le va muy bien.

 

Desde hace un tiempo a su trabajo de cerrajero le agregó herrería. “Complemento las dos cosas, y me va bien. Con mi laburo pude terminar mi casa, que mis hijos pudieran estudiar… Siempre con sacrificio, y por suerte el trabajo no falta. ¿Si mis hijos heredaron el oficio? Sé que en otros casos eso sucede, pero aquí no. El varón (Manuel) que estudia en Córdoba cuando viene labura a la par mía, pero lo hace para ayudarme y no para seguir con el oficio. Y tampoco quiso jugar al fútbol”, completa pero sin lamentarlo. “Lo que siempre quisimos es que estudien… y por suerte están en eso”, señala.

 

Trabajos complicados.

 

Le pregunto por trabajos difíciles que le han tocado, de esos que lo hicieron pensar mucho y se tornaron complicados. “A veces se presentan algunos así. Recuerdo cuando en la sucursal del barrio Butaló del Banco de La Pampa hubo que abrir una cerradura tricronométrica, porque con los relojes le habían errado en el tiempo. Estuvimos dos días agujereando para abrirla”, se sonríe al recordarlo.

 

Agrega ante otra pregunta responde que no hay casi nada que no se pueda abrir, ni las cerraduras electrónicas… hoy hay otras herramientas para trabajar, porque por ejemplo las máquinas para agujerear no son las que eran antes”.

 

Se ríe cuando le digo cómo es eso de que usan las computadoras para descifrar cuál es la combinación o la clave de una caja fuerte. “Eso pasa en las películas”, dice.

 

Lo que viene.

 

Es un laburante de todas las horas. De esos que acunan sueños simples y que, fundamentalmente, tienen que ver con la familia. “La ilusión de lo que viene tiene que ver con estar tranquilos, que mis hijos estudien y tengan una formación para defenderse en la vida”, agrega con seguridad.

 

Aunque a la política la observa casi de soslayo, el “Tano” me mira y suspira hondo cuando le consulto cómo ve la actualidad. “Nuestro querido país… como toda la vida. Parece que siempre estamos complicados. Que es algo propio de los argentinos y nacimos para sufrir”, reflexiona.

 

Razona que a nuestra provincia que la ve cara… “Viajé a un par de lados y nuestros precios pareciera que en casi todo están por encima de los demás. Y otro tema es el de las rutas que son un verdadero desastre”.

 

En cuanto a Santa Rosa admite que la actual gestión municipal “la arregló bastante”; y agrega que no obstante el es hoy es ciudadano toayense. “Está de verdad muy lindo Toay”, confirma.

 

Tiene su historia.

 

El fútbol lo tuvo como protagonista y le gusta decir que le dio “alegrías y reconocimiento… Conocí muy buena gente, tuve grandes compañeros, y aún con muchos con quienes fuimos rivales tengo una linda relación. Hoy no puedo jugar, así que me conformo con salir a pedalear, a hacer mountain bike, que me gusta y lo hago con muchas ganas”, expresa.

 

“¿De lo que viene? Nada… seguir trabajando por lo menos hasta los 65 si Dios quiere y después disfrutar de las cosas de la vida...”, se ilusiona.

 

Lo digo siempre… todos tenemos una historia, más grande o más pequeña. Y es lindo poder contar la de un hombre sencillo, querido como persona y considerado por un oficio en el que lleva buena parte de su vida…

 

A seguir solucionando problemas “Tano”… tenés trabajo para rato, porque muchos como yo, de lo que vos sabés hacer no tenemos ni idea…

 

La evolución de la cerrajería

 

Dicen los que dicen saber que la cerrajería es uno de los oficios más antiguos, y que se habría originado hace unos 4.000 años en el antiguo Egipto y Babilonia.

 

La creencia es que las primeras cerraduras que se utilizaron eran pequeñas y portátiles para proteger valores de los ladrones, sobre todo cuando se viajaba.

 

Con el tiempo las cerraduras fueron cambiando, y pasaron a ser grandes y de madera. Pero sí eran parecidas a las de hoy en día.

 

Más tarde, mejoradas en su diseño, aparecieron en Grecia, Roma y otras culturas de Oriente, incluida China.

 

Se dice que los romanos guardaban objetos de valor bajo llave, las que llevaban como anillos. Es decir que el implemento para abrir un cofre, una caja o lo que fuera, siempre estaba con ellos.

 

La más antigua.

 

Cuentan que la llave más antigua conocida se encuentra en las ruinas del Imperio Asirio, en la ciudad de Khorsabad. Esta llave fue creada probablemente hacia el año 704 a.C. y es muy similar en apariencia y función a las cerraduras de madera de la época.

 

Todo indica que el oficio del cerrajero nació a partir de los herreros. Podría decirse que la cerrajería es uno de los métodos de ingeniería para seguridad más primitivos que existen.

 

Los inventores.

 

Entre los inventores que pusieron su impronta se debe mencionar a Robert Barron, quien en 1778 inventó la cerradura de doble tambor con una mejora significativa en seguridad.

 

En 1857, James Sargent introdujo un sistema que permitía cambiar el diseño de la cerradura sin necesidad de cambiar la llave, y que fue adoptado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Sargent también inventó la cerradura cronometrada en 1873.

 

Décadas después, Linus Yale Jr. desarrolló la cerradura de cilindro, un modelo mucho más plano y ligero que, según la fuente, data de 1962.

 

El “Tano”, un crack.

 

“Es un gran amigo… como cerrajero crack, como persona crack. Todo bueno con él”, lo elogia Mauricio Marusich (hoy titular de una inmobiliaria) a quien fue su compañero en la zaga del Atlético Santa Rosa campeón de nuestro fútbol en 1992.

 

Y sigue Mauricio hablando de Marcelo Alecha: “Gracias a Dios jugamos varios años juntos y nos complementábamos muy bien. Nos entendíamos a la perfección y nos ayudábamos. Tenía una gran fortaleza física y un cabezazo defensivo excelente… Pero sobre todo es un gran tipo”, lo define.

 

Otro que dijo lo suyo fue Sergio Melián, ex dirigente y fanático hincha del albo: “Lo que puedo decir es que es excelente persona, y representa muy bien los valores de la familia Alecha”.

 

A Sergio su “hinchismo” lo condiciona todo el tiempo, y por eso no ahorra alabanzas para referirse al “Tano” jugador. “Impasables con Mauricio, Condorito Villegas y Tomy Ponsone en aquel equipo campeón de 1992. ¡Un ídolo!”, completa.

 

Una vida en imágenes.

 

Encuentro.

 

Marcelo Alecha con Sergio Melián, en un reciente encuentro donde un grupo de ex futbolistas albos recordaron el campeonato de 1992.

 

Familia.

 

El “Tano” y su tesoro más preciado. Con su esposa Gabriela y sus hijos Sofía, Manuel y Angelina. “Lo bueno es que los chicos estudiaron”, reflexiona.

 

Futbolista.

 

Toda la potencia de Marcelo Alecha en la zaga de Atlético Santa Rosa. Jugó varios años hasta que una lesión lo obligó a dejar el fútbol.

 

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