¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones:

Sabado 16 de mayo 2026

Con ADN de bailarín

Redacción 16/05/2026 - 00.04.hs

Cristian Chinca traduce su pasión por el baile en la Escuela de Danza “DNA”, un emprendimiento en el que trabajan 15 profesores para enseñar una decena de estilos que abarca a personas desde 3 años y hasta más de 70.

 

El mediodía quedó atrás y el centro santarroseño entró en esa calma que aún impone la siesta pueblerina, ese espíritu de pausa que se mantiene más allá del crecimiento y de los cambios sociales y culturales. Y esa imagen del afuera es la que se replica en el adentro, en esas tres aulas que están en pausa pero que poco después se llenarán de niños y niñas, adolescentes, jóvenes y adultos que básicamente se dedicarán a una cosa: moverse. A través del baile, que es el ADN de “DNA”, la academia de danza de Cristian Chinca que jugó con esas siglas y letras para transmitir, desde el nombre, los ideales de su esencia.

 

“DNA se inspira en las siglas del ADN, que en la traducción en inglés es DNA. Y ese nombre reúne las características principales del significado de la danza para nosotros como bailarines: un bailarín lleva impreso en el ADN la danza, y esa esencia y amor por lo que hacemos se transforma en motor del movimiento, del arte, en la pasión que se transmite a través del cuerpo imprimiendo la identidad propia de cada bailarín. Entonces hablamos que DNA es la unión de esos ideales, que como profesores queremos transmitir e imprimir en cada alumno que es parte de DNA”, explicó Cristian a LA ARENA en su espacio de la calle Coronel Gil 84 (casi Mansilla), en pleno centro de la ciudad.

 

Cristian tiene 38 años, nació en Santa Rosa y cuando tenía 18 un amigo lo invitó a sumarse a una puesta en escena teatral, que requería de bailarines para completar una escena sobre las tablas. Y esa fue la chispa que encendió la pasión por el baile, por la danza.

 

“Era un teatro de revista que hacía un chico transformista. Yo lo hice de onda y hubo algo ahí que me picó. Empecé a tomar clases, primero de tango y luego de ballet; y a partir de ahí inicié toda la formación académica. Hice los profesorados y en marzo de 2014 abrimos DNA, en la calle Pellegrini al 100. Era una escuela de danza que nació de las enseñanzas que nos habían transmitidos profesores y mentores de la danza como lo fue la escuela de Verónica Kruber y la academia de Viviana Romero; entre otros. Me acuerdo que empezamos con nueve alumnos y con toda la incertidumbre y el temor por lo que venía, pero a la vez con unas ganas y un entusiasmo que creo se contagió rápidamente entre la gente que se acercó”, recordó Cristian, que invita a sumarse a las redes sociales (Instagram y Facebook) para conocer más sobre su proyecto y su trabajo.

 

Junto a Chinca trabajan 14 profesores y profesoras que enseñan los más variados estilos; desde los clásicos como ballet, jazz, flamenco y contemporáneo hasta los más modernos como reggaetón, K-Pop, Urbano Street, Hip Hop, Twerk, Heels Dance o Elongación/Stretching.

 

“Casi todos los profes que trabajan conmigo son egresados de acá. Abarcamos todas las edades y formamos grupos de introducción a la danza, que es el Babydance, y luego grupos infantiles, juveniles y de adultos. En cuanto a las tendencias, siempre hay modas y después de la pandemia lo urbano se impuso por sobre todo; pero lo básico siempre está vigente y lo importante es que vos encuentres lo que venís a buscar”, remarcó Cristian, que es Profesor superior en danzas clásicas y, en su trayectoria, realizó actualizaciones con figuras de la danza como Paloma Herrera, Maximiliano Guerra y la Fundación de Julio Bocca.

 

Perfil social.

 

En “DNA” no sólo se conforman con las clases y enseñanzas. También tienen un fuerte compromiso social, que Cristian lo deja claro con el perfil de su emprendimiento. “Siempre me aboqué a la parte social de la academia, cuando se creó fue para que los chicos tengan un espacio de contención más allá del baile, de hecho el 90 por ciento de quienes vienen son de barrios aledaños al centro y muchas de esas familias no tienen recursos suficientes, y por eso tenemos la tarifa más barata del mercado y siempre vemos cómo se puede hacer para que vengan y encuentren un lugar de calidez. Nos pasa que muchos vienen a las 3 de la tarde y son las 9 de la noche y están acá, es como un club”, destacó Cristian en la charla con este diario.

 

En los 12 años de vida, “DNA” colaboró en distintas campañas a beneficio, algunas creadas por la propia Escuela con el objetivo de enseñar a sus alumnos la importancia de la colaboración social benéfica. “Hicimos campañas con Estrellas Amarillas, juntadas colaborativas de alimentos y mochilas solidarias para el comienzo de clases, también colaboramos con el merendero Nelson Mandela, participamos en eventos de Hospital Lucio Molas. Es fundamental para nosotros que el alumno entienda que ayudar es la mejor manera de ser mejores como personas”, enfatizó Cristian.

 

Viajes.

 

En su trayectoria, “DNA” participó en innumerables certámenes de danza como Gran Centro República Danza en Villa Carlos Paz, Santa Rosa Danza, Certámenes LID, All Dance, Word Dance, Cancún Dance Revolution, entre otros. “Esas experiencias hacen que los alumnos conozcan y amplíen el concepto del mundo de la danza porque ven a otros participantes y sus estilos de baile”, remarcó Cristian, que durante la entrevista también recordó la difícil etapa de la pandemia del coronavirus.

 

“No nos quedó otra que abocarnos a lo virtual y para los profesores significó sumergirnos en un mundo desconocido, pero junto con el apoyo de los alumnos y sus padres pudimos sostener y atravesar la pandemia. Más allá de todo lo negativo, en cierto modo nos permitió evolucionar, nos animó a crecer y a luchar por lo que sentimos por DNA”, reflexionó Cristian al finalizar una charla que termina como empezó: hablando del sentimiento, de la pasión y de la esencia de un lugar cuyo ADN es la danza y el baile. El movimiento.

 

'
'