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Domingo 14 de junio 2026

De atender a los clientes a ser dueños

Redacción 14/06/2026 - 00.07.hs

Pasar de ser empleado a propietario de un comercio tiene que ser, seguro, un desafío muy importante. Sebastián y Luz se animaron y se muestran dispuestos al esfuerzo necesario para que todo vaya bien.

 

MARIO VEGA

 

Era un día de esos que a veces cualquiera puede tener… Me sentía un poco abatido. Entre triste y atribulado –si es que hay un intermedio entre ambas condiciones--, y pienso que quizás mi carácter en ese momento no hacía más que reflejar el talante de otra gente.

 

Cosas que le pasan a uno... porque quién se atreve a decir que nunca tiene un mal día. Aunque no sea habitual, algunas cosas que suceden nos pueden desalentar. Y eso me estaba sucediendo esa tarde de hace pocos días.

 

Sí, estaba un poco bajoneado. Algunas circunstancias personales, sumado a que además no me puedo abstraer de lo que sucede alrededor… Esto es ese clima de escepticismo cuando con sólo caminar por allí podemos advertir locales vacíos, cerrados por la crisis; las noticias que dan cuenta que casi todos los días pasa que alguna empresa –pyme y no tan pyme-- baja sus persianas y quedan empleados en la calle.

 

Un pequeño cóctel que abonaba un día como el que estaba teniendo por cuestiones personales. Que todos las tenemos, claro está.

 

Un soplo de aire fresco.

 

Pero impensadamente al concurrir a un comercio al que voy con cierta frecuencia, me encontré conque el hombre que me atendía me contaba, con una cierta emoción que no lograba ocultar, que en pocos días más se produciría una novedad. En su vida y la de su compañera de trabajo.

 

“Sí, vamos a quedarnos con el negocio… los dueños accedieron a vendernos el fondo de comercio y nos decidimos a hacernos cargo… Vamos a ver qué pasa, pero estamos muy entusiasmados con esta posibilidad”, dijo mientras otras personas que escuchaban nuestra conversación se sumaban con sus opiniones.

 

¿Y qué observé? Que los clientes se alegraban sinceramente del paso que estaban dando Sebastián y Luz, los empleados encargados de atender esa suerte de mini-mercado que está ubicado en Escalante 352 de Santa Rosa y tiene “de todo”.

 

De empleados a propietarios.

 

Allí y desde hace varios años funcionaba “El Pernil”, un comercio de frutería, despensa y venta de carne de cerdo. Es un local muy amplio –tiene 300 metros cuadrados-- donde hace años supo estar la Dobladora “El Guardían”, de la familia Laurenzano. Más tarde sería alquilado para una frutería y verdulería que se llamó “Tutti Frutti” (expresión italiana que significa “todas las frutas”).

 

Desde el primer día de este mes se denomina “El Encuentro”, y básicamente seguirá vendiendo los mismos productos. Sólo que estará atendida por sus nuevos dueños: Matías Sebastián Capurro (42), y Luz Antonella Pasquín (26), compañeros de tarea desde hace algunos años.

 

Alegría compartida.

 

“Es verdad lo que decís… a cada persona que le hemos contado se alegra y nos desea suerte… Y por cierto eso nos llena el corazón. Si hasta hubo alguna gente que lloró con la noticia. Y nosotros no podíamos creer que se podía despertar ese sentimiento”, cuenta Seba con una sonrisa.

 

Y lo admito. Fue sólo escucharlo, conocer la buena nueva para que mi ánimo cambiara. Fue como un soplo de aire fresco, como que al fin había un motivo para decir: ¡qué bueno que haya gente que conserva la esperanza, que tiene fe en que saldrá adelante! Aunque parecería que hoy por hoy no sería el mejor momento para lanzarse a una aventura comercial.

 

“Nada para perder”.

 

Seba y Luz aprovechan que a primera hora de la mañana no hay tantos clientes y acceden a contarme más en detalle. “Estaba previsto que el último día de mayo se cerraba ‘El Pernil’… que a partir del 1 de junio teníamos que salir a buscar trabajo. Así que mientras conversábamos con los dueños, Ricardo Sucurro y Fabián Domínguez, surgió la idea: ‘¿Y si continuamos nosotros?’ Nos miramos con Luz y coincidimos: ¡Por qué no! Si al cabo no tenemos nada que perder… no tenemos capital ni propiedades, y los dueños con una gran generosidad nos estaban dando una enorme oportunidad. Vamos para adelante dijimos... y nos metimos de lleno en este proyecto”, contaron.

 

Buenas personas.

 

A lo mejor es una ocurrencia mía, pero pienso que los dos tienen “caras de buenas personas”. Se les observa en sus rostros algo que --en mi opinión-- los hace confiables y empáticos… Todo el tiempo parecen estar sonrientes, aunque estén hablando seriamente. Son de esa clase de personas que con su sola presencia transmiten buena vibra, energía positiva y tranquilidad.

 

Admito, y aclaro, que también se da que hay gente que no parece para nada simpática, y resulta que son también excelentes personas.

 

Pero en el caso de Sebastián y Luz muestran aquella faceta que hace que quienes nos enteramos de la novedad –que se da en el comercio y en sus vidas-- nos alegremos sinceramente. Y ya lo digo, a mí me cambió el ánimo conocer la novedad que me estaban narrando. Así de simple. Me hizo ganar en optimismo –en ese día que se presentaba con un poco de escepticismo--, algo así como dar paso a pensar que no todo está perdido, y adelante hay esperanzas. Aunque no sea fácil.

 

Quién es quién.

 

Sebastián es oriundo de Doblas, donde aún permanece buena parte de su familia, y está en Santa Rosa desde 2008. Es soltero y vive en un departamento lindero con el comercio que, desde ahora, será suyo y de su compañera.

 

Fue en su pueblo donde hizo la primaria en la Escuela 83 “Doña Paula Albarracín de Sarmiento”, y el secundario en el Instituto “José Manuel Estrada”.

 

Supo vivir con su familia en Atreucó, porque su abuelo Pedro era ferroviario y estuvo a cargo de la estación del lugar. Un poco también en el campo con sus padres Daniel (hoy vive en Viedma) y su mamá Lilia Marina Losada, que permanece en Doblas donde también están algunos de sus hermanos.

 

Cuenta que “cuando estábamos en Doblas la cuenta era fácil: estudiar o trabajar. Así que estuve desde 2001 a 2008 en la Cosedo (Cooperativa de Agua Potable y Otros Servicios), y también hice un poco de apicultura”. Fue hasta que decidió instalarse en Santa Rosa.

 

Aquí se empleó en el supermercado “El Sol”, de Marita Corcuera y Marcela Cuevas; y más tarde se incorporaría a “Tutti Frutti”. Fue la firma antecesora de “El Pernil”, de la que se hicieron cargo Gerardo Sucurro y Fabián Domínguez. “Ya llevo 11 años en este trabajo”, precisó.

 

La joven socia.

 

En el caso de Luz, santarroseña, hija de Luis (fallecido) y de Liliana, que vive en Santa Rosa, tiene dos hermanas. Fue a la Escuela 221, y el secundario lo hizo en el Colegio Nacional.

 

La familia estuvo residiendo un tiempo en Trenque Lauquen, hasta que faltó el padre y se trasladó a la capital provincial. “Aquí estuve vinculada a la gastronomía, porque trabajé un tiempo en la cocina del Bar ‘Quiroga’; pero fue hasta 2020 porque vino la pandemia… Y aquí estoy desde hace tres años”, narra la joven.

 

Está en pareja, vive en Villa Alonso, y agrega que le gusta mucho la costura y las cosas de la casa en general.

 

Una linda dupla.

 

Tienen entre los dos una excelente relación, y se valoran mutuamente. “Sebastián es muy buena persona… sano, cálido y sociable. Y en el trabajo es de los que se ponen la camiseta y no para”, lo define la muchacha.

 

En tanto él dice sobre Luz: “Es muy trabajadora, dedicada y respetuosa”.

 

Como se ve, una dupla de primera. Y por eso merece que les vaya bien.

 

Cómo es la historia.

 

Cuando llegué la otra tarde al local vi en el muchacho una suerte de cierta emoción, como reflejando que algo especial podía estar pasando. La sonrisa amplia, el semblante feliz, y las ganas de contarlo: “¿Sabés qué pasa? Nos hacemos cargo del negocio… Sí, los dueños accedieron a vendernos a nosotros dos el fondo de comercio, así que con mi compañera nos lanzamos a esta aventura”, explicó Sebastián sin que se lo preguntara explícitamente.

 

“¡Qué podemos perder!”

 

¿Cómo es eso?, fue la pregunta obligada. “Sí, estaba decidido que el último día de mayo cerraban las puertas de El Pernil, y cuando nos insinuaron si nos interesaría nos miramos con Luz y coincidimos: ¡Por qué no! ¡Qué podemos perder, si no tenemos nada!”, comentó el hombre mientras se le iluminaba la mirada.

 

Claro, para acceder al fondo de comercio tuvo que estar la generosidad de los antiguos propietarios, pero también la solidaridad de los proveedores, que les dijeron “metanle para adelante que vamos a ayudar, no los vamos a dejar en banda”. Y obviamente también medió la buena voluntad del propietario que les alquila el inmueble.

 

A trabajar.

 

Y dicen Seba y Luz: “De no haber sido así no hubiéramos podido… Pero nos animamos, y aquí estamos. Todavía haciendo trámites y papelerío… pero con la disposición de ponerle todo el esfuerzo necesario. El domingo anterior, con amigos y familiares, estuvimos 14 horas trabajando, corriendo instalaciones, dándole una nueva disposición a la mercadería, para que la gente acceda más fácilmente a la despensa que antes estaba allá atrás. La idea es integrar todo, incluso con la carnicería, en la que seguirá trabajando Kevin Chávez, que hace tiempo está aquí”.

 

Se los ve entre ansiosos y animados. “Somos creyentes, tenemos fe… y sí, estamos convencidos que vamos a poder. Esfuerzo no vamos a escatimar”, dicen a coro y se miran como juramentándose que podrán contar el uno con el otro.

 

Un desafío, y una oportunidad.

 

Hace días nomás sus vidas cambiaron radicalmente. Al menos desde lo laboral. Pasaron de ser empleados a propietarios de un comercio, lo que significa no sólo un salto sino también responsabilidades distintas a las que hasta ahora habían tenido.

 

A Sebastián y Luz se les pone por delante un desafío, pero también una oportunidad. Y como son buena gente, la clientela que atienden desde hace años recibió la noticia con beneplácito. La circunstancia nos están mostrando a dos personas que aceptan un reto que conlleva también un trasfondo social… y al cabo son un ejemplo de que, aún en tiempos de crisis, puede tener lugar la superación y la esperanza.

 

Nadie dice que será fácil, pero Seba y Luz están dispuestos al esfuerzo que sea necesario para salir adelante en esta apuesta que se les presentó de repente en su camino.

 

Y sí, claro que sí… Son de ese tipo de situaciones que ayudan a cambiar el ánimo si uno se encuentra un poco bajoneado. Al menos eso me sucedió aquella tarde…

 

Una historia en fotos.

 

Cambios.

 

El mini-mercado se encuentra ubicado en en la calle Escalante al 300 y tiene “de todo”. La clientela se mostró alegre del paso que dieron sus nuevos dueños.

 

Al frente.

 

En el frente del local, ocupándose de la frutería y de la caja, se desempeña Sebastián Capurro, quien hace años realiza esa tarea.

 

Tareas.

 

Luz es muy jovencita, y hace tres años es compañera de Seba. Ahora son socios. Ella se encarga fundamentalmente de lo que es despensa y fiambrería.

 

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