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De Miguel Riglos a las rutas de Oklahoma

Redacción 17/07/2026 - 00.15.hs

Planificó un viaje al Mundial en solitario, pero cuando llegó fue invitado a compartir un alojamiento comunitario. Se embarcó junto a 11 argentinos en una aventura colectiva que se convirtió en fenómeno viral de la Copa.

 

“Había programado un viaje al Mundial un año antes, incluyendo vuelos, reservas de hostel en Miami y Los Angeles, y habitaciones de hotel en Kansas y Dallas. Pero las cosas no siempre salen como planeamos”, confiesa Valentín Pacheco. Desde su estudio contable en Miguel Riglos narra una aventura que lo marcó para siempre y sigue muy fresca en su memoria. “Fue un viaje increíble, que superó mis mejores expectativas. Acostumbro a viajar solo, pero esta vez pasé un mes entero viviendo con un montón de gente. Fueron cuatro semanas maravillosas y volví súper feliz: esta experiencia me abrió la cabeza”.

 

Nació hace 30 años en un sanatorio santarroseño pero desde muy pequeño reside en Miguel Riglos, donde completó estudios primarios y secundarios, en la Escuela 91 y el Instituto “José de San Martín”. “Y también estuve seis años en Santa Rosa mientras cursaba Ciencias Económicas en la UNLPam”, le contó a LA ARENA. Se graduó durante la pandemia y hoy ejerce como contador.

 

Aterrizó en Estados Unidos el 11 de junio. “Cuando entré al hostel en Miami, casi todos eran argentinos. Un cordobés había armado un grupo en Facebook para alquilar una casa en Kansas y me propuso formar parte. Lo tomé con desconfianza y rechacé la propuesta. Al día siguiente insistió, y también invitó a Narella, una tucumana que trabajaba como mesera en el hostel. Sin siquiera pensarlo, ella aceptó, renunció al laburo y se sumó”.

 

El episodio encendió una pregunta en su cabeza, “si ella confía, ¿por qué yo no?”. Entonces eligió creer, cambió de idea y completó la docena de inquilinos. Esta historia, difundida por medios nacionales y extranjeros como “Los 12 desconocidos”, refleja la pasión y el ingenio de hinchas argentinos enfrentados a la necesidad de achicar costos, y resultó uno de los fenómenos más atractivos del Mundial 2026.

 

“Nos pedían fotos”.

 

“Dos noches en Kansas costaban 600 dólares. El alquiler de la casa fue de 1.800 y pusimos otros 600 para la primera compra mayorista. En total, 2.400 dólares, es decir, 200 cada uno. Cancelé mis reservaciones y volamos para Kansas”, explica Valentín en la charla con este diario.

 

El iniciador de esta movida es Javier Caballero, nativo de Cruz del Eje y dueño de un local de sushi en Córdoba. “Publicó que buscaba compartir gastos, pero como había que transferir antes de llegar, muchos no se animaron”. Los crédulos que sí pagaron provenían de distintos lugares del mundo: “uno voló desde Berlín y otro desde México. También un riojano, un tucumano, un chaqueño, un catamarqueño, dos rosarinos, otro cordobés que vive en Italia…”, enumera.

 

El bunker resultó una residencia enorme, con cinco habitaciones y dos baños, a la que fueron llegando paulatinamente los inquilinos. “Ese mismo día fuimos al banderazo, luego nos juntamos en un bar y nos hicieron la primera nota en Todo Noticias”. Al día siguiente asistieron al debut de la Scaloneta. “Los estadios son hermosos, y los argentinos alentando, un espectáculo fascinante. Me sorprendió la cantidad de gente con camiseta celeste y blanca, como si fuera una moda. Observé el partido junto a un nepalí fanático de Messi, y detrás de una familia estadounidense vestida con la albiceleste. Muchos de quienes advertían que éramos argentinos, pedían permiso para sacarse fotos con nosotros, algo increíble”.

 

Una estrategia colectiva les permitiría extender la estadía original, acompañar a la selección hasta dieciseisavos de final y mantener un digno nivel de vida en cuatro ciudades. “Un ahorro importante, que también nos obligaba a mantener una estricta organización, distribuir funciones y calcular los gastos de cada día. Alguien pagaba la compra en el supermercado o la factura del restaurante, y los demás transferíamos la cuota correspondiente. Así hacíamos con todo”. Valentín ofició de traductor y conductor.

 

Para sostener la paz grupal acordaron criterios de un código de convivencia que bloqueara conflictos. “Organizamos turnos para el uso del baño, un orden estricto para la limpieza y cero grieta: estaban prohibidas la política y las discusiones futboleras. Ni River ni Boca, solo importaba la Selección”.

 

De costa a costa.

 

Luego del primer partido, canceló vuelo y alojamiento en Dallas. “Alquilamos dos vans y viajamos por la Autopista Interestatal 35, cruzando todo el Estado de Oklahoma. Son más de 800 kilómetros que completamos en dos días. Hicimos noche en Guthrie, un pueblito de 12 mil habitantes. Nos alojamos en un hotel y a la noche visitamos un bar tradicional del lejano oeste”.

 

Tras arribar a Dallas, dejaron las combis en el aeropuerto y alquilaron “dos departamentos en un enorme complejo céntrico con pileta, donde también se alojaban varios argentinos conocidos, entre ellos Sergio Goycochea”. Sostuvieron su logística de compras colectivas, asistieron a las Fans Fest y visitaron Fort Worth Stockyards, un distrito “perfectamente ambientado y conservado como pueblo del lejano oeste, con calles de adoquines de madera, corrales para ganado, salones con puertas vaivén y habitantes vestidos con ropas típicas y botas tejanas”.

 

Luego del choque contra Austria, Valentín voló junto a un cordobés hasta Los Angeles. “Todavía tenía la reserva para conocer la costa del Pacífico y elegí sostener ese plan, en lugar de asistir al tercer partido, contra Jordania”. Cumplido el paseo regresaron “a Miami, donde se reunió de nuevo toda la banda”. Allí pasaron la última semana y aunque no consiguieron entradas para el partido contra Cabo Verde, siguieron siendo objeto de entrevistas y compartiendo festivales para “alentar a una Selección que provoca felicidad y orgullo”.

 

La convivencia se mantuvo inalterable hasta el 7 de julio, cuando terminaron los octavos de final y la mayoría emprendió el regreso, incluido Valentín. En un restaurante cubano compartieron una cena de despedida la última noche, cuando se prometieron sostener el contacto.

 

“Y así, ahora tengo un montón de amigos nuevos. Este viaje cambió mi forma de ver la vida. Acá crecemos enfocados en una estructura: estudiar, trabajar, hacernos una casa, adquirir un auto, formar una familia. Conocí tantas personas, de distintos lugares del mundo, interesados únicamente en vivir el día, sin preocuparse por dónde dormirán mañana, sin pensar en el futuro. Seguramente no cambiaré mi estilo de vida, pero sí puedo encontrar nuevas formas de ver las cosas”, reflexiona.

 

Cinco miembros del grupo aún permanecen en Estados Unidos. Adaptaron su convivencia a una economía más austera, casi de subsistencia, estirando dólares hasta el último día del mundial. “Entre hoy y mañana salen para Nueva York”, murmura Valentín. Tal vez la proximidad del cruce con España estimule alguna tentación. “Sería genial, sí, pero consulté los precios de reventa y piden 10 mil dólares por una entrada”, se ríe. Mejor no hacer planes, aunque probablemente verá la final con sus “amigos de Riglos, con quienes sufrimos juntos la semifinal, no hay que romper las cábalas”.

 

El viaje por el mundial en imágenes.

 

Tele.

 

El grupo de argentinos, entre los que estaba Valentín, se hizo famoso en los distintos canales argentinos que cubren la Copa del Mundo en Estados Unidos ya que les hicieron varias notas televisivas. En este caso con el cronista de TyC Sports.

 

Estadio.

 

El joven de Miguel Riglos estuvo en distintos partidos de la selección nacional y se mostró sorprendido por la admiración de hinchas de otros países hacia los argentinos. “Pedían permiso para sacarse fotos con nosotros. Algo increíble”, dijo.

 

Grupo.

 

La delegación argentina que se armó para seguir los partidos de la selección durante un mes. Conformaron un reglamento de convivencia para evitar discusiones ya que el objetivo era uno solo: ir a los partidos y alentar al equipo que el domingo juega la final con España.

 

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