¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones:

Miércoles 22 de abril 2026

“El 90 % egresa con posibilidades de trabajo”

Redacción 22/04/2026 - 00.11.hs

Comienza la entrevista y la impresión es que será difícil mantener un orden y una atención para un diálogo con fines periodísticos. Los ruidos típicos de un taller mecánico, las preguntas y consultas constantes de los alumnos al profesor, las charlas entre los docentes. Todo parece atentar contra el grabador encendido. Pero sucede todo lo contrario. El aparente desorden no es más que un orden perfecto que funciona como el engranaje de un motor en marcha. Y ese es el ambiente que se vive todos los días en la sección Automotores del colegio secundario de la EPET Nº 1 de Santa Rosa, un lugar “de aprendizaje constante” y que abre puertas al mercado laboral.

 

“Cuando egresás de este colegio salís entendiendo cómo funciona un motor, cómo está constituido, cuáles son sus secretos. Si después uno se dedica o no a este rubro es otra cosa, pero la posibilidad ya la tenés. Hacemos prácticas profesionalizantes en todas las concesionarias, en Vialidad, en el taller de la Verificación Técnica, en el taller de los hermanos Basualdo. Son oportunidades para arrancar porque es una chance concreta de trabajo formal”, afirma, en una charla con LA ARENA, Simón Echaniz (18) uno de los estudiantes que trabaja en el motor de una camioneta que sufrió un vuelco y llegó al taller de la EPET para que los alumnos puedan aprender y trabajar.

 

El colegio secundario de educación técnica santarroseño cumplió el año pasado sus 80 años de trayectoria y es uno de los más poblados de la provincia con casi 900 alumnos. “Es una matrícula muy grande la que tenemos y los estudiantes asisten, cada uno de ellos, en doble turno. La escuela funciona a la mañana y a la tarde, hay 39 divisiones y ofrecemos tres tecnicaturas: Maestro Mayor de Obras, Técnico en Equipos e Instalaciones Electromecánicas y Técnico en Automotores. En todas se hacen prácticas profesionalizantes que son muy apreciadas por los chicos porque les da una posibilidad concreta de ir metiéndose en el mundo del trabajo”, remarca el director de la EPET, Rodrigo Burgos, y enseguida invita a pasar al taller y tener el contacto de primera mano con quienes están muchas horas al día en ese lugar.

 

Y el primero que se presenta con una sonrisa y una energía contagiosa es Roberto Rivera (60), el jefe de la sección Automotor quien charla, explica, cuenta, escucha y, sobre todo, enseña.

 

“Este es un colegio que tiene demanda diferente, los chicos tienen una carga horaria grande y deben tener una disposición a esa cursada. En los tres primeros años todos desarrollan las mismas capacidades, y en cuarto eligen una de las tres tecnicaturas. Todos los años cuando vienen los últimos cursos de las escuelas primarias a visitarnos les explicamos de la exigencia que van a encontrar acá. Los chicos están hasta siete horas todos los días y muchos de los alumnos que viven en la periferia se quedan al mediodía, es decir que están mucho tiempo en la escuela”, describe Rivera sobre el funcionamiento básico del establecimiento de la calle O’Higgins.

 

Y amplía: “Esta escuela te exige tener conocimientos bastante sólidos de física y de matemática, saber una regla de tres simples, medianamente conocer sobre ángulos porque con eso se hace una planimetría por ejemplo. Te tiene que gustar porque si no, puede costar mucho, pero claro que el gran incentivo es que pueden salir con un título de técnico, están en condiciones de trabajar y muchos tienen la chance a través de las prácticas”.

 

Y en ese sentido, Roberto desgrana distintas historias y anécdotas sobre alumnos que, mientras cursaban el séptimo año (es uno más que en el resto de los colegios) ingresaron para una práctica temporal en una gran empresa. Y quedaron en planta permanente. U otros que comenzaron en un taller y luego formaron su propio emprendimiento.

 

“En 2024 vino un gerente de Volvo medio desesperado porque necesitaba un alumno. Era viernes y lo quería para el lunes. Le recomendamos a un chico, me acuerdo que le dije ‘haceme quedar bien’ (risas), y no solo cubrió ese lugar sino que anduvo tan bien que después quedó fijo. En 2022 la Toyota hizo un concurso para elegir al mejor jefe de taller del país, nosotros propusimos a un alumno, se llevó el primer premio y un viaje a Japón para ir a la planta central de la empresa. Tenemos un montón de historias así. Se busca mucho a los técnicos de las escuelas y no solo para el rubro automotor sino para otros muy variados porque están preparados para solucionar. Todas las concesionarias oficiales hacen las prácticas profesionalizantes con nosotros y hoy la demanda es más grande que la oferta, nos faltan alumnos para cubrir los pedidos”, resaltó el docente en diálogo con LA ARENA.

 

“Apasionado”.

 

Rivera es el jefe de taller y junto a él trabajan dos docentes que conforman parejas pedagógicas. En este caso coinciden los hermanos D’Amico, Gabriel y Santiago, que enseguida se pliegan a la charla en la misma sintonía de entusiasmo y energía por enseñar y compartir con los adolescentes.

 

“Lo bueno de la parte práctica es que durante ese tiempo no miran el teléfono celular, por supuesto que hoy es un elemento que sirve mucho porque si no tenés el manual de un motor, con el teléfono lo solucionás enseguida. Eso ya forma parte de nuestra cotidianidad y por eso no se puede prohibir del todo pero sí darle un uso responsable y que sirva. Lo bueno es que los chicos se meten de lleno cuando traemos un motor y empiezan a meter mano. Hay que verles las caras cuando, después de empezar de cero con el trabajo, le dan arranque y el motor responde. Yo soy un apasionado de esto y me encanta estar acá todos los días compartiendo con los chicos”, remarcó Gabriel en un alto de la tarea con un Fiat Duna que entró al taller con el desafío de salir andando.

 

“En el primer año se les enseña cómo funciona un motor, ellos lo arman, van viendo cada parte, lo trabajan y a fines de octubre o principios de noviembre tiene que estar listo, es decir que lo arman como si fuese a salir a la calle. En quinto año tienen Motores 2, que ya trabajás en lo más fino, más específico. La formación es muy detallada y por eso hacemos un seguimiento de todo lo que los alumnos van viendo. Acá los chicos pegan un saltito de madurez, hacen un click, y con las pasantías ni hablar. El 90 por ciento sale con posibilidades concretas de trabajo”, añadió D’amico.

 

“Pública”.

 

El desorden perfectamente ordenado del taller de la EPET avanza con su rutina en el turno mañana y los chicos muestran distintos detalles de los trabajos que realizan. Cada uno explica las partes que hacen al todo mientras Rivera se suma con más ejemplos de cómo la escuela técnica puede ser un trampolín al futuro laboral.

 

“En mi opinión Toyota es otro nivel, es otra cosa. Pensar que su planta debe ser grande como Anguil más o menos. Y ellos te dan todo para que vos no faltes a trabajar, si tuviste algún problema te mandan el transporte, lo que sea. Entonces piden acorde a eso que ofrecen. Pero hay muchas posibilidades. En el taller de Basualdo, por ejemplo, una vez nos preguntaron si los chicos podían trabajar los sábados y se les pagaba, por supuesto. Y ahí empezaron a ir y a muchos los formaron para que puedan armar su taller propio. Han hecho muchísimo por nuestros alumnos y eso genera una gran satisfacción”.

 

Bautista, Gabriel y Martín se suman a la charla y cuentan sus experiencias. Simón muestra un auto que acercó su papá para que los futuros mecánicos “metan mano” y puedan aprender. El taller se mueve al ritmo de los caballos de fuerza y en el aire queda flotando una frase que es como el combustible para que esos cientos de adolescentes que cursan cada día tengan una oportunidad.

 

“Cuando empezamos en el taller nos agarró el ‘Colo’ (docente) y nos metió de lleno en todo esto. Nos explicó bien lo teórico y los D’amico nos fueron puliendo. Lo bueno es que acá tenés un aprendizaje constante. Y es una maravilla que este colegio sea público, es algo muy destacado que se pueda mantener dentro de la educación pública porque si no, muchos no tendríamos esa posibilidad”, remarcó Simón. Porque de eso también se trata la EPET, de tener igualdad de oportunidades.

 

'
'