Domingo 03 de julio 2022

El protagonista de un suceso increíble

Redacción 22/05/2022 - 00.04.hs

Un oficial disparó y detuvo tres carretones que trasladaban casillas a Neuquén. Luego en rebeldía tomó la comisaría de La Reforma. Pobladores del lugar lo apoyaban, pero igual lo echaron de la fuerza.

 

MARIO VEGA

 

La escena era surrealista, como sacada de alguna buena película de acción. Pero no era una ficción sino algo real, un suceso que estaba transcurriendo en el desierto pampeano, en una pequeña localidad que ni siquiera llegaba al centenar de habitantes.

 

Era una tarde de abril de 1989, y el sol caía leve sobre ese poblado del Departamento Limay Mahuida, en el oeste profundo de La Pampa. El hombre sentado en el piso, frente mismo al edificio de la Policía de la localidad, se mostraba remiso a cualquier acuerdo para deponer su actitud de rebeldía.

 

El torso descubierto, para que todos pudieran observar que no portaba armas -no obstante se podía ver, cruzando su pecho, las típicas cartucheras que le daban una aspecto de Rambo-, aunque sí había cerquita nomás (en el asiento de la camioneta policial que permanecía con sus puertas abiertas) una pistola 9 milímetros y una itaka. El cuerpo transpirado y los signos de cansancio evidente se notaban en el rostro de Juan Ramón López, el oficial principal de la Policía provincial que desde hacía tres días había tomado la dependencia de La Reforma y mantenía en vilo a la población oesteña.

 

Contexto inusual.

 

El resto de los pampeanos no estaban tan enterados de lo que sucedía en esa pequeña localidad. No eran tiempos de celulares, ni la comunicación tan fluida e inmediata como hoy cuando cualquiera toma un video o una foto y viraliza una situación casi de inmediato. Eso no sucedía entonces. Hoy en día el hecho hubiera dado la vuelta al mundo en cuestión de minutos.

 

Aquella vez sólo LA ARENA iba contando paso a paso -aunque al día siguiente- lo que estaba pasando. Yoyi López, emblemático corresponsal de General Acha, que se encargaba de la cobertura periodística de esa localidad hacia el sur -y su colaborador Diego Giménez-, iba informando del grave incidente que involucraba a un agente de nuestra Policía, a los conductores de camiones que trasladaban casillas a Neuquén, y luego implicaba -de alguna manera- a las más altas autoridades de la fuerza que -obviamente- tenían que hacerse cargo de resolver la situación. Aunque ciertamente no sabían muy bien cómo hacerlo.

 

El incidente.

 

¿Cuál había sido el prolegómeno de esa escena tan particular? El mismo ex oficial principal de la Policía, por estos días residiendo en una humilde vivienda de General Acha (en Fraga 580), es quien se encarga de relatar aquellos días de furia.

 

"Lo que pasaba es que hacía un tiempo ya se sabía de camiones que transitaban por rutas de La Pampa y que cuando querían ser detenidos en puestos camineros de la provincia pasaban de largo. Amagaban como que iban a parar y seguían de atropellada dejando a los policías parados sin poder hacer nada...", comienza relatando. "Eran infracciones de tránsito que se prefería ignorar... y eso no estaba bien", reflexionó.

 

Y sigue: "Ese día, 5 de abril de 1989, entre las 4 y las 5 y media de la tarde, estábamos tomando mates con el agente Elpidio Abel Cuello -precisa nombre y apellido-, y pegados a la radio policial... El otro agente, Carlos Rubén Ojeda estaba de franco... por ahí escuchamos que venían tres carretones a los que no pudieron parar en los controles. Así pasaron Padre Buodo, y lo mismo iban a hacer en Chacharramendi...", recordó.

 

"Acá paran. Sí o sí".

 

López tenía en claro que si los camioneros llegaban a intentar lo mismo en La Reforma él no lo iba a permitir: "Tomamos el último mate y le dije a Cuello... ¡acá van a parar! Eran tres carretones que llevaban casillas prefabricadas a Rincón de los Sauces (Neuquén). Tenían 17 metros de largo y 2.50 de ancho, pero la carga superaba en dos metros el ancho de los camiones, con lo que resultaban un peligro para otros que circularan por las rutas...", indicó.

 

¿Y qué hiciste?, era la pregunta obligada.

 

"Le dije al agente que me cubriera... por si me bajaban y salimos. Cuando los vi venir me paré en medio de la ruta. Les hice señas que frenaran, con una mano en la cartuchera donde tenía la 9 mm... y bueno, el primero parecía que iba a parar pero de pronto siguió su marcha sin hacer caso a la orden de detenerse...".

 

Disparo a las gomas.

 

¿Y entonces? "Ahí nomás saqué la pistola y le disparé a una goma... el camión se quedó recostado sobre la banquina izquierda y los otros dos se pararon en seco... Le dije al camionero que no se moviera de ahí y bueno; vino todo lo demás".

 

¿Qué sería todo lo demás? "Les ordené que llevaran los camiones a la comisaría... el camionero me decía que tenía una goma en llanta pero le dije que así y todo fuera para la dependencia policial. Y lo mismo los otros dos".

 

Algo que surge como un interrogante casi de cajón era si los transportistas estaban incumpliendo alguna norma; y en todo caso si no era así por qué no se detenían... "Y bueno... eso. ¿Por qué no se detenían? Pero ahí en La Reforma pararon", sonríe ahora López.

 

¿Por qué no paraban?

 

Cuesta imaginar que los sucesivos controles no pudieran detener la marcha de los carretones, considerando que debían circular a lo sumo a 40 ó 50 kilómetros por hora. "¿Y bueno, por qué no los paraban?", se pregunta hoy el ex policía. Y deja flotando una duda.

 

¿Los carretones estaban en infracción, o habían sido autorizados para circular? Lo cierto es que si esto último era lo que sucedía hubiera bastado con que mostraran los papeles correspondientes, como sí al parecer los habrían exhibido después del incidente de La Reforma.

 

El hilo por lo más delgado.

 

Obviamente la cuestión preocupó a las autoridades provinciales (gobierno de Néstor Ahuad), y naturalmente a los jefes policiales. Se trataba de una empresa importante que desde Cañuelas portaba casillas prefabricadas para un obrador en Rincón de los Sauces, y un simple policía se había interpuesto con una acción por lo menos temeraria.

 

¿Alguien apostaría algo diferente a lo que finalmente pasó? Sí, sería el agente policial el que terminaría pagando las consecuencias. Y bueno, por algo dicen que el hilo se corta por lo más delgado...

 

Llega Edilio Zabala.

 

La empresa Parenti Mai SA cuestionó naturalmente lo que había pasado, y se movilizó el andamiaje policial y del gobierno provincial para dar un corte al tema. Por lo menos otros cinco carretones -además de los detenidos en ese momento en La Reforma- debían aún atravesar la provincia de La Pampa, y un "oficialito" no lo estaba permitiendo.

 

¿Qué pasó? Se mandó a jefes policiales para interceder, y uno de ellos fue el comisario Edilio Zabala, a cargo de la departamental de 25 de Mayo que controlaba toda la zona. No era otro que quien había sido gran jugador de fútbol de All Boys y los seleccionados de la Liga Cultural. El oficial que lo acompañaba y llevaba adelante el sumario no era otro que Roberto Ayala, años después Jefe de la Policía de la Provincia.

 

Los reclamos de López.

 

Ya para entonces el Correntino López -que así lo conocían todos por su origen- estaba dentro del destacamento policial y no cejaba en su actitud de rebeldía. El hombre se había cansado de las injusticias, de ver cómo se ignoraba a los habitantes de la zona, cómo no se los atendía en sus necesidades mínimas, y aprovechando el contexto pedía para "rendirse" algunas condiciones.

 

López tenía aversión a las injusticias, y sabía que el Oeste no era una prioridad para las autoridades. "Tenías que ver el vehículo en que se movía la policía... viejo, con los asientos rotos, a veces sin batería. Y en más de una ocasión nos tocaba llevar los accidentados en esa camioneta porque tampoco había ambulancia. Por otra parte los pobladores de La Reforma no tenían las escrituras de sus tierras; no había casa para el médico, y tampoco para los policías. Eran muchas carencias a las que nadie parecía prestarles atención", las enumeró.

 

Adhesiones al oficial.

 

En tanto transcurría el conflicto, las adhesiones para el oficial López se sumaban desde distintos pueblos de la provincia en los que había prestado servicios. Hubo notas en LA ARENA para alabar su rectitud y su permanente actitud de colaborar con la gente. "Son numerosos los vecinos, como también ex y actuales funcionarios de la policía provincial que se acercan a la comisaría de General Acha. Todo lo que está sucediendo demuestra el aprecio que este policía ha sabido ganarse por su labor donde haya estado", decía el diario del 9 de abril de 1989 cuando ya el tema se había calmado.

 

Pobladores de Vértiz, donde había cumplido servicios antes, mediante una carta con pedido de publicación también manifestaban su apoyo al rebelde.

 

El mismo Edilio Zabala -quien lo persuadió para que depusiera su actitud-, dijo en ese momento que "la Policía no puede darse el lujo de perder hombres como López. Una conocida profesional escribió una nota en la que expresaba: "Para la gente de la ciudad esto es una locura o cosa de un exaltado, o un 'Rambo'. Para mí es una actitud valedera y rebosante de dignidad (...). Con gente así podríamos hacer realidad el tan comentado 'rumbo al oeste', y esto hay que decirlo", completaba.

 

Zabala, el mediador.

 

Si bien en principio -después de ese disparo a una goma del primer camión- el suceso asustó a los pobladores que optaron por encerrarse en sus casas, luego de a poco comenzaron a salir. Y a medida que pasaban las horas se arrimaban a la dependencia policial tomada por López. En un momento era un desfile de personas -grandes y chicos- que se acercaban a apoyarlo.

 

Pero obviamente eso no podía continuar mucho más tiempo. El Jefe de la Policía, Enrique Dalmasso, encomendó al comisario Zabala, a cargo de la Unidad Regional de la zona, para que convenciera al uniformado rebelde y que depusiera su actitud.

 

Fueron largas conversaciones que el titular de 25 de Mayo mantuvo con López: "En realidad, más allá de su rebeldía, todo era mediante un diálogo sin asperezas. Él insistía con sus pedidos, y yo le pedía que depusiera su actitud... lucía cansado y se suministraba suero", contó Zabala.

 

A General Acha.

 

Luego de largos conciliábulos López aceptó entregarse. "Pero puso una condición: que lo llevara a Acha en la camioneta policial de La Reforma. Quería demostrar que estaba hecha pedazos, y la verdad es que era así...", comentó hace poco el comisario Zabala al recordar aquella situación. "Cuando llegamos él pidió ir en la caja de la camioneta, se puso una bandera argentina sobre el torso y quedó en la Comisaría de General Acha", indicó Zabala.

 

Juan Ramón López permaneció allí unos días, hasta que fue pasado a situación de pasivo. Ya no volvería a la fuerza porque tiempo después se decretaría su baja.

 

Lo que vino.

 

¿Qué hizo después? "De todo un poco, porque tenía que vivir. Me llamó Omar Sabarots y empecé lavando los micros de su empresa; y después me puso como inspector", recordó ahora Juan Ramón.

 

Se quedó a vivir en General Acha y se casó en 1976 con Ernestina Lamperti, de Carugate (Milano). La mujer oriunda de Italia falleció el 6 de febrero de este año, y desde entonces el hombre vive solo: "Estoy haciendo gestiones en Anses para ver si me corresponde su pensión, y mientras me las arreglo como puedo... ¿Sabés cuánto gano ahora? Exactamente $ 41.600", sostiene.

 

Y sigue: "Hace poquito me instalé en esta casa... tengo herramientas de carpintería y voy a ver si empiezo a ayudarme un poco con eso", dice sin que pareciera hacerse demasiados dramas.

 

Otras historias.

 

No faltarán los que lo juzguen como alguien fuera de sus cabales... él cree firmemente que no es así, y que en todo caso siempre lo ha movido un espíritu de justicia. "Nada más que eso... Nadie podrá decir que fui corrupto, o que no planteo las cosas de frente. Yo soy así, y así voy por la vida", reafirma. Y vaya si tiene para contar. Mucho, muchísimo.

 

"Sí, es verdad que cuando la guerra con Inglaterra hice una nota al Jefe de Policía para ir a Malvinas: pedí seis meses de licencia sin goce de haberes... Había que defender nuestra tierra y yo estaba dispuesto. Un día entregué toda mi ropa de Policía y me fui con una bolsita para que me llevaran al sur... Estuve cinco días viviendo en el gimnasio de Infantería, pero al final no me llamaron", dice no sin cierta pena. Al volver lo mandaron al Puesto Caminero de Catriló.

 

"Yo soy así...".

 

Hoy es el ex oficial principal Juan Ramón López. "El Correntino" no luce ya aquel físico imponente, y su andar en silla de ruedas dentro de la casa -algo transitorio- lo ubica muy lejos de aquel policía lleno de bravura, que no le temía a nada, ni a nadie.

 

"Y sigo igual... tengo mis convicciones y no las cambio por nada del mundo. Yo soy así... en todo caso que me juzgue la gente que me conoció. Qué creés que dirían de mí...". Y pareciera enorgullecerse convencido de la respuesta: "Todos saben que soy un hombre derecho. Yo soy así...". Final.

 

Un espíritu bonachón y solidario

 

Conocí a Juan Ramón López, "El Correntino", allá por los años '70 en la casa de don René González -ex policía-, padre de familia de futbolistas como El Topo, Néstor (intendente de Relmo), Walter Enrique, Orlando y Ricardo.

 

No hacía mucho se había incorporado a la Policía, y se destacaba por su espíritu bonachón y solidario, y por una notable fortaleza física. Tenía la costumbre al saludar -al final no tan buena manía-, de oprimir de tal manera la mano de la otra persona que si esta no estaba preparada podía sufrir las consecuencias de semejante apretón. En eso no medía sus fuerzas... pero así lo hacía siempre.

 

Cuentan que una jueza de General Acha le tomó inquina "in eternum" porque pasó un mal momento cuando conoció al "Correntino". No sería la única persona que luego iba a contar anécdotas que Juan Ramón -haciéndose el distraído- hoy no confirma.

 

Custodio de Don José.

 

En una oportunidad lo mandaron a custodiar la casa de don Aquiles José Regazzoli, entonces gobernador, y a su esposa Zelmira. "Los habían amenazado y me mandaron a hacer guardia desde adentro del domicilio, en calle Mansilla... una noche sentí ruidos extraños afuera, abrí una ventana e hice el simulacro de que le sacaba el cerrojo al arma... No quedó ni el gato... y no volvieron", se ríe con ganas.

 

De Corrientes.

 

Nacido en Alvear, provincia de Corrientes, cuenta que vivían a pocos metros del río Uruguay. "Mi padre trabajaba en la Prefectura Naval y mi mamá se encargaba de la casa porque éramos once hermanos... A veces teníamos que cruzar a Itaquí, en Brasil, a hacer las compras para la casa porque el cambio nos favorecía...", rememora.

 

Jugaba al fútbol y un día decidió irse a La Cruz para probar suerte y empezar una nueva vida. Un derrotero que culminó en La Pampa, donde se iba a quedar para siempre.

 

A La Pampa.

 

Pasó por Buenos Aires, y un día -sugestionado por esa idea del "Toro Salvaje de Las Pampas", que encarnaba el boxeador Luis Angel Firpo- llegó en tren a General Pico. Le dijeron que en Santa Rosa a lo mejor podía conseguir trabajo, y así se vino. "Me ficharon en la Policía para ver si tenía antecedentes y me hacían dormir en lo que hoy es Jefatura... conseguí trabajo en el Molino Werner para hombrear bolsas, pero Pepe Rodríguez se dio cuenta que no tenía habilidad para eso y me reemplazó para que yo hiciera otra cosa...", recuerda agradecido.

 

Juan Ramón policía.

 

Un día hubo un incidente que marcaría su vida: "Un preso se había escapado en Jefatura y estaba subido a un techo. No podían bajarlo y yo me ofrecí... y lo bajé", evoca el momento.

 

Enseguida le dijeron de ingresar a la Policía, y como tenía título secundario (Perito Mercantil) le facilitó las cosas. Estuvo en un pre ingreso y quedó primero entre los aspirantes, por lo que fue a hacer el curso a Río Negro (quedó segundo allí), de donde regresó como Oficial.

 

El único que pagó.

 

Tuvo nada menos que 24 destinos en su trayectoria, hasta que después del suceso de La Reforma fue dado de baja. En todos lados había sido considerado un "Policía ejemplar"... pero aquel 5 de abril de 1989 rompió el molde y eso no estaba bien visto entre los que se inclinaban por "lo más normal": "Me calificaron con 29 puntos sobre 100, y me dieron la baja. Mario... yo soy como soy", dice firme y sin mostrar pena.

 

¿Los camiones y la empresa que pasaba por los controles sin parar? Nunca se supo. No hubo juicio y la Justicia no determinó absolutamente nada sobre eso.

 

Sí, el único que pagó su osadía fue el oficial López. Casi de manual. ¿O no? (M.V.)

 

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