El Turco Musa: el último cafetero ambulante de la ciudad

Redacción 06/12/2021 - 02.05.hs

Muchísimos oficios, que se llevaban adelante por lo general en forma individual, fueron cediendo espacios con los nuevos tiempos. Pero aún quedan vestigios de algunos, como por ejemplo el de cafetero.

 

MARIO VEGA

 

"Hay café!, café! café...!". Era común escucharlo en las calles, en las canchas de fútbol, en los festivales de boxeo, y también en fiestas populares... sobre todo si el frío invitaba a reconfortarse un poquito con alguna infusión caliente.

 

El cafetero ambulante era parte de un paisaje que se fue modificando, y ya no resulta habitual ver a un hombre -no recuerdo mujeres que lo hicieran, aunque seguramente las hubo- cargados con sus termos, ofreciendo el vasito plástico con caliente cafecito.

 

Cafetero de las calles.

 

En Buenos Aires -y supongo también en otras grandes ciudades- aún existen los cafeteros ambulantes, que andan por las calles, y a veces comercio por comercio en zonas donde la gente ya está acostumbrada a su presencia, ofreciendo su mercancía.

 

El Turco Musa (65) -para todos El Turco, aunque el documento precise que se llama Julio Martín-, es un exponente de aquella época en que los cafeteros andaban de aquí para allá, y es desde hace mucho un querible personaje de la ciudad.

 

Integrante de una familia de laburantes, Julio ha hecho honor a lo que fue una constante de los Musa. Dedicó toda su vida al trabajo, y aunque la jubilación ya esté cerca no tiene deseos de dejar lo que hizo toda su vida.

 

Viviendo en el conventillo.

 

Conozco a los Musa desde siempre porque éramos del mismo barrio (Villa Tomás Mason) ... de cuando vivían en el conventillo que estaba en Antártida Argentina casi 1° de Mayo, "al lado de la despensa de Ricardo Leal y la carnicería de Canale", precisa. "Yo era chiquito en esa época, y recuerdo que en el lugar había varias familias, y un baño único para todos en el medio del patio", rememora una niñez de pobreza aunque a la familia "nunca le faltó" para comer.

 

Una gran familia.

 

Su padre Ramón era empleado provincial en la Granja Piloto, y su mamá Elba se jubiló en el Sanatorio Santa Rosa, donde trabajó en la lavandería. "Papá murió joven, tenía nada más que 55 años; y con mamá eran de la zona de Telén", los ubica.

 

Eran ocho hermanos en total: las mujeres trabajaron todas en el Sanatorio Santa Rosa (seguramente los buenos antecedentes de mamá Elba pesaron). Irma fue enfermera; Elba (fallecida) trabajó en Traumatología; y Chiquita en Radiología igual que Pochi. Son cuatro varones: Oscar policía retirado vive en Toay, después viene Julio, luego Roberto que fue pintor de obra; y el menor es Luis Abel, conocido boxeador que se jubiló recientemente en la Legislatura provincial.

 

Una pyme familiar.

 

Hoy la familia cercana la componen su esposa Lily Cornejo, "el sostén de nuestra pyme", la reconoce; los hijos: Liliana que "es la repostera y mano derecha de su madre", y "Daniel que ayuda a envasar y repartir las viandas y que está a punto de recibirse de Analista de Sistemas", dice no sin mostrar cierto orgullo por ambos.

 

Admite que Lily "está un poco cansada, y la comprendo. Nunca una casa de viandas como la nuestra duró tanto... se llama 'Dulcito Caf'... Teníamos un cotillón y quedó a nombre de mi señora", señala.

 

Casa nueva.

 

Julio se remonta a sus tiempos de pibe y rememora que después del conventillo la familia accedió a una vivienda ubicada "cuatro cuadras más arriba... justo frente a la Escuela 314 (hoy 201) y a pasos del Club Argentino. "¿Sabés porque nunca nos faltó nada en ese tiempo? -me mira y se contesta solo-, Porque todos trabajamos desde chiquitos. Sí había algunas carencias en la casa a lo mejor en cuanto a muebles... porque por ejemplo al principio el aparador era una caja de manzanas... y eso sí era un poco duro", admite.

 

Cuando fueron a la nueva casa "todo fue más confortable... papá siempre tuvo problemas de salud, porque trabajó mucho tiempo como chofer de los acheros, y el aserrín le fue afectando los pulmones", se lamenta.

 

Trabajar desde pibe.

 

¿Estudiar? "Era un alumno que zafaba... cuando salí de la primaria hice un poco de dactilografía, pero pronto tuve que empezar a trabajar", cuenta.

 

Y de verdad da gusto escuchar la historia de vida del Turco. Porque es la de tantos que viniendo de un hogar humilde, sobre la base del esfuerzo, a no decirle nunca que no al trabajo, con honestidad y responsabilidad pudieron salir a flote.

 

"Era chiquito, tendría 6 ó 7 años, cuando salí a vender diarios. "El Turco Andrade ("El Dandy", el peluquero) vendía La Arena y me dijo por que no me anotaba para vender La Capital. Dudé porque pensé que el viejo me iba a retar, pero me dijo 'ya que te anotaste andá'. Y así estuve 7 años vendiendo La Capital, y también La Reforma... me acuerdo que 'El Pulguita' (actualmente sigue vendiendo) andaba conmigo", rememora.

 

Recorriendo la ciudad.

 

Y agrega: "Retiraba diarios para que vendieran mis hermanos Roberto y Luis, que tenía 5 años... Oscar, mi otro hermano, en ese tiempo trabajaba en Casa Faro", precisa.

 

"Si habré andado a pata -vuelve sobre el tema-... me recorría toda la Raúl B. Díaz, y le iba dejando el diario a distintos clientes. De ahí me cruzaba lo que era campo hasta el Vivero provincial; pasaba por la Granja y terminaba en la Planta Láctea de la CPE, donde ya estaban los tamberos que traían la leche y vendía como loco", señala.

 

A la mañana vendía La Capital y a la tarde La Reforma... "A veces, aunque vivía frente mismo a la escuela sabía llegar tarde a clases por hacer el reparto", se ríe.

 

El Turco y el deporte.

 

¿Y el deporte? "Sí, siempre me gustó... hice un poco al fútbol en la época de Corsini Rincón, pero en mi puesto estaba el Callejero Erro, así que muchas chances no iba a tener". Hincha de Ríver y de All Boys, cuenta que en algún momento hizo "un poco de sóftbol con Arnaldo Gómez en Don Bosco, donde me acuerdo que estaban Horacio Nemesio y el que después fue juez, Carlos Flores. Pero yo era un poco más chico que ellos", evoca.

 

Mozo en All Boys.

 

Andando en la calle siempre surgía algo... "Precisaban 'parapalos' para el bowling del Club All Boys y ahí fui. Un día 'El Brujo' José, que era mozo en la cantina que estaba a cargo de Ignacio González me dijo si no quería hacer algunos francos... Practiqué un poco con la bandeja y empecé, y así estuve 10 años sirviendo café en la sala de juegos y aprendí el oficio".

 

Julio se desempeño años como mozo, "en el Club All Boys, pero también en las confiterías de Rácing de Castex y en Estudiantil".

 

Accidente y muerte de un amigo.

 

En esa actividad iba a forjar una entrañable amistad con Raúl Ávila. "Los dos trabajábamos de mozos en el club All Boys. Después él falleció en un accidente y yo me salvé de milagro", narra.

 

Y sigue: "Veníamos de tomar algo con él y con Carlitos Olguín en Tobaco... eran más o menos las 5 de la mañana; Raúl tocó los frenos del Falcon en la Rotonda de Casa de Gobierno y nos fuimos contra una columna... Me dolió muchísimo su muerte", se lamenta. "Nosotros con Carlitos tuvimos lesiones pero nos salvamos", completa.

 

El Turco panadero.

 

En tanto zafó del Servicio Militar, porque "era de esa franja que quedó al medio, cuando la colimba pasó de los 18 a los 20 años", recuerda. Y bueno, le iba a venir bien para conseguir otro laburo: "Trabajé en la panadería de Jamad, y me iba todos los días en bicicleta hasta Toay. Fui ayudante de pastelero y aprendí a hacer prepizzas, facturas, pan dulces, roscas de reyes...".

 

Pero no sólo eso, porque en su afán de trabajar agarraba lo que venía: "Y es así, porque con Carlitos Segovia salía a vender fantasías... eso que ahora llaman bijouterié; y también globos con El Panadero Ferrari... Siempre trabajaba", reafirma.

 

El "promotor".

 

Su hermano menor Luis Abel Musa iba haciendo una muy buena campaña ya como boxeador profesional, y a Julio se le ocurrió que sería una buena idea hacer una pelea con Ángel Heredia. "Los dos venían bárbaro y se podía hacer una buena recaudación", dice ahora El Turco.

 

"La cuestión es que lo hablé con Lito Maldonado (escribía una columna en La Arena que se llamaba 'La pelea que yo vi'), y él estuvo de acuerdo, así que le dimos manija y la pelea se hizo", completa.

 

Y así fue nomás... esa noche el gimnasio de Atlético Santa Rosa desbordó de público, y los muchachos se llevaron unos buenos pesos. "La verdad es que el boxeo me gustaba hasta ahí, nada más que porque estaba mi hermano peleando", reconoce.

 

Cafetero en todas partes.

 

Le pregunto como arrancó a vender café en forma ambulante. "Carlos José ('El Brujo') vendía en Casa de Gobierno durante años, y él me ofreció para que empezara en la calle. Así que salía de su casa en la calle Catamarca en bicicleta y me iba hasta la Rotonda Sur... tenía vasera y porta termo, y ofrecía café, té y de todo en los negocios: Marinelli, Paz, en las tiendas...".

 

El Turco recuerda un consejo que le dio Perita Bretón: "Muchos me decían que no, pero este hombre me dijo: 'Te van a decir que no 50 ó 100 veces; pero el día que te digan que sí no te dejan más'. Y además un día que no vayas te van a preguntar por qué faltaste'. Y fue tal cual", agradece.

 

Buena onda.

 

"Y bueno, aquí estoy -sigue-... vendiendo café hace 45 años; y comida hace 35, en el Banco de La Pampa y en el Nación. "En esos lugares todos me conocen y tuve muy buena onda con muchos empleados como Cacho Ledesma, Chicho Weiss, Miguel Marquina, los Lelos Pérez...". Hoy también tiene buena relación con algunos de los nuevos, como Alejandro Villarruel (también hincha del más grande) que lo viene invitando para que lo visite en su casa.

 

En la cancha y en el turf.

 

El Turco vendió café en la cancha de All Boys. "Gugú Mendez (otro personaje ya fallecido) tenía 'La voz del estadio' y como yo se lo daba gratis me promocionaba con el público: 'Tómese el café calentito del popular Turquito', alentaba a los espectadores", se ríe.

 

Pero también iba a las carreras de caballos... "Una vez había 14 carreras y con 'El Brujo' José empezamos a jugar... perdimos todo lo que ganamos, así que nunca más", expresa.

 

Además supo atender la cantina -junto a su esposa- en las carreras de Supercar y cuando hubo motociclismo en el circuito "Diógenes".

 

El cafetero del PJ.

 

Aunque su papá Ramón "tenía empatía con Ismael Amit porque los dos eran turcos, yo soy peronista", se reconoce Julio.

 

Y señala que "desde 1983 soy el cafetero del partido. Los días de elecciones me encargo de llevarle el café y el sándwich a todos los fiscales del PJ en Santa Rosa. La última vez hicimos 40 escuelas, yo, mi hijo y otro muchacho...", indica.

 

Se enorgullece El Turco de haberle servido café "a todos los gobernadores... (Rubén) Marín, (Néstor) Ahuad, (Carlos) Verna, Jorge, (Sergio) Ziliotto... a todos, sí", completa.

 

Confiesa que le gusta la política, y que tiene un sueño escondido... "Frecuento a mucha gente desde hace décadas, conozco la ciudad como pocos... quiero ser concejal... vamos a ver si alguien me convoca. ¿Está mal que piense así?", dice con sinceridad.

 

¿Cuánto café vendió?

 

El Turco Musa... ha servido millones de café (y no es exagerado)... "Llegué a vender una vez 1.500 en el Club Estudiantes, y en los centros de jubilados, en la Terminal a los taxistas y a la gente... antes nadie lo hacía en las escuelas y yo sí... Por todos lados anduve durante 45 años", se regocija al recordar.

 

Julio sostiene que tiene "una vida feliz... en casa somos cuatro y nos cuidamos entre nosotros. Miro tevé, fútbol, películas... y realmente después del Covid que nos tuvo mal ahora estamos muy bien, por suerte", completa.

 

Lo que viene.

 

De lo que viene se muestra alarmado por "la agresividad de la gente. A veces me agarro con alguno en el tránsito y me quedo mal; no me gusta cuando discuto y busco la manera de amigarme. Me gusta hacer amigos, no tener enemigos", afirma.

 

Hoy Julio tiene su día de descanso pero mañana será otra vez momento de salir a la calle, como cada mañana... ¡Café! ¡Café!, ¡Calentito el café!

 

El Turco Musa. El cafetero que anda por las calles hace 45 años con sus termos... Al cabo, la historia de un laburante de todos los días. "Porque si no laburo no como...", exagera en el final.

 

"Una vez fui astronauta".

 

En tiempos ya lejanos Santa Rosa se caracterizaba por fantásticos corsos que tenían como escenario el centro de la ciudad. Enormes carrozas desfilaban por las noches -de una altura tal que algunas obligaban a levantar a su paso, momentáneamente, el cableado de luz-, y los carnavales se vivían como una verdadera fiesta.

 

Pasados los años fueron decreciendo en su fastuosidad, pero alguien tuvo la idea de recrear aquellos grandes corsos, y fueron invitados quienes hacían carruajes en otros lugares. Así llegaron para participar de los concursos carrozas de Lincoln (provincia de Buenos Aires), que volvieron a darle colorido a esa festividad que es el carnaval.

 

"Y bueno... por eso yo una vez fui astronauta", dice sonriente El Turco. Y explica: "Resulta que aquí se hace un carnaval internacional, y llegaron dos carrozas de Lincoln. Yo tendría 9 ó 10 años, y me dijeron si me quería ganar unos pesos... ¡Y mirá que no!, 'Qué tengo que hacer' pregunté", cuenta.

 

"Los corsos se hacían por Yrigoyen y volvían por Avenida San Martín. Otro chico y yo teníamos que ir con una escafandra dentro del plato volador... hacía un calor terrible ahí adentro", rememora.

 

El dueño del "aparato" les explicó que cuando llegaran frente al palco el locutor iba a decir algo y ellos tenían que bajar... "Quieren creer que cuando empiezo a bajar me tropiezo y casi me caigo... pero la gente pensaba que estábamos parodiando la caminata lunar (hacía poco el hombre había llegado a la luna), y nos aplaudían", se ríe al evocar.

 

"Ya dije, hice de todo: si hasta fui astronauta", concluye.

 

La "súper mamá".

 

El Turco Musa tiene un especial reconocimiento para Lily, su esposa. "En casa todos caímos con Covid, y la verdad es que la pasé bastante mal. Fueron 37 días sin salir... estuve jodido y tuve temor porque fumé mucho entre los 13 y los 54 años", explica.

 

Como su sustento está dado en su presencia en la calle todos los días, tuvo contratiempos. "Por suerte tengo amigos que quiero nombrar, como Claudio Alou, Luciano Di Nápoli, Julio Martín y algunos otros que me dieron una mano", agradece.

 

"En la casa mi señora, que fue la única que se salvó, nos atendía a través de una ventana a los tres... Fue la 'súper mamá', y se la re bancó sola", la exalta.

 

Fue un gran alivio el día que Lily le sirvió un plato con tallarines: "Sentí el aroma del tuco y me dije: ¡Al fin, estoy bien".

 

' '

¿Querés recibir notificaciones de alertas?