Esperan la mejor cosecha de girasol en diez años
Un reciente informe oficial de la Dirección de Estimaciones Agrícolas confirmó lo que el mercado y las estimaciones privadas venían anticipando: la oleaginosa atraviesa una etapa de expansión y mejora productiva.
La superficie implantada para la campaña 2025/26 fue ajustada a 3,1 millones de hectáreas, lo que representa un crecimiento cercano al 30% interanual. De esta forma, la primera proyección oficial de producción se ubicó en 7,2 millones de toneladas. De concretarse, implicaría un salto del 28,6% respecto al ciclo previo.
Si bien se trata a todas luces de una campaña que será histórica para el cultivo, la estimación oficial está muy por encima de lo que reportan los privados.
Desde la cadena girasolera proyectan una cosecha récord de 6,2 millones de toneladas, exactamente un millón de toneladas menos que los datos del gobierno. Según especialistas de la Asociación Argentina de Girasol (Asagir), el cultivo atraviesa una etapa de reposicionamiento estructural impulsada por su estabilidad productiva, su menor requerimiento hídrico respecto de otras oleaginosas y una ecuación económica que volvió a cerrar para el productor.
De todas formas, el avance del cultivo muestra un escenario heterogéneo pero mayormente favorable. La cosecha ya cubre el 38% del área nacional, con resultados dispares, mostrando rindes de 26,5 qq/ha en Chaco, 22 qq/ha en el oeste santiagueño y 16 qq/ha en el norte santafesino, este último afectado por excesos hídricos, déficit hídrico localizado y ataque de aves.
En el resto de las regiones, donde se concentra la mayor superficie, los lotes presentan estado general bueno y transitan el llenado de grano sin problemas sanitarios relevantes.
Rol estratégico.
Desde Asagir destacan que el girasol dejó de ser un cultivo “refugio” para pasar a ocupar un rol estratégico dentro de los planteos productivos, especialmente en regiones con mayor variabilidad climática. Su tolerancia al estrés hídrico y su rusticidad permiten sostener resultados donde otros cultivos elevan el riesgo.
El crecimiento también debe leerse en clave comparativa, ya que mientras el girasol expande superficie, la soja y el maíz retroceden. La oleaginosa gana terreno en zonas marginales y en planteos que buscan reducir costos, diversificar riesgos y mejorar la sustentabilidad de las rotaciones.
El cultivo aporta además beneficios agronómicos, como el corte de ciclos de malezas y enfermedades, y una mejora en la estructura del suelo.
A esto se suma un contexto internacional que vuelve a jugar a favor. La menor disponibilidad global de aceites vegetales y la firme demanda por aceite de girasol sostienen los precios y mejoran las expectativas comerciales. Este escenario genera que el cultivo vuelve a tener mercado.
La excepción de la gruesa.
Lo que sucede con el girasol va a contramano de la soja y el maíz, ya que mejora estimaciones de campaña y el mercado se ilusiona con la escasez global. Tras consolidarse como el complejo que más creció en exportaciones durante 2025 -con un salto interanual de casi el 50%-, el último informe sectorial trae buenas nuevas: las lluvias en la región pampeana mejoran las proyecciones de cosecha, se esperan “rindes históricos” y, puertas afuera, el mercado internacional deja todo servido para el protagonismo argentino.
En cierta medida, el girasol hoy es el único de los cultivos estivales que, en vez de recortar estimaciones, las incrementa. A contramano del impacto del estrés hídrico en varias localidades de la zona núcleo, particularmente sobre la soja y algunos maíces, en ese caso la oleaginosa proyecta una gran campaña local, y se frota las manos al ver lo que ocurre puertas afuera.
Pero ese buen panorama local no serviría de mucho si no tuviera un escenario tan favorable esperando puertas afuera. Tal como viene advirtiendo el sector desde hace ya algunos meses, está todo dado para el “protagonismo argentino” y la producción girasolera local se pone a tono con eso.
El gran diferencial lo ofrece la caída de la oferta de los competidores, en un contexto que desde Asagir califican como “de escasez extrema mundial”. En efecto, la relación stocks/consumo de girasol bajó al 5,8% para la semilla, mientras que para el aceite e redujo del 13,9% al 11,8%.
El principal responsable es Ucrania, donde los eventos climáticos adversos y los efectos de la guerra con Rusia han impactado de lleno en la producción agrícola. Se prevé que su participación en el comercio mundial caería al 32,6% , mientras que Argentina alcanzaría el 11,9%.
El contexto internacional, naturalmente, se ve reflejado en los altos precios del sector, que también se trasladan a la cadena local. El valor FOB del aceite de girasol subió de 1.109 dólares por tonelada en julio a 1.318 en febrero, un crecimiento del 18,8% en los últimos 8 meses.
Entretanto, en el mercado de granos el valor asciende a $520.590 por tonelada, equivalentes a 372,6 dólares por tonelada, y con valores cercanos a los 400 dólares para posiciones junio-agosto en San Lorenzo, lo que repercute directamente en la confianza del productor.
“Las compras de la nueva campaña (2025-2026) ya alcanzan las MT 2,34, lo que representa un 80% más que lo registrado el año anterior a esta fecha”, expresa el informe difundido, que además celebra que “el girasol no solo es el complejo de mayor crecimiento exportador, sino que hoy ofrece una oportunidad única para el productor argentino”. (Bichos de Campo).
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