Jueves 19 de mayo 2022

Ilda Susana y Marigel, doctoras del tango

Redacción 26/12/2021 - 00.01.hs

Son artistas bien nuestras. Una es nacida en Santa Rosa y la otra en Colonia Barón. Un día se descubrieron y entendieron que tenían en común algo más que la profesión de médicas: su amor por el tango.

 

MARIO VEGA

 

¿Por qué me gusta el tango? No lo sé... Ciertamente lejos estoy de ser un estudioso de nuestra música ciudadana, si bien recuerdo con nitidez en mi casa paterna (y materna, debería decir en estos tiempos) escuchar la voz incomparable de Julio Sosa, "El varón del tango"; y también las orquestas de Di Sarli y Juan D'Arienzo sonando en aquella vieja radio a transistores.

 

No sé... esa cadencia de la música, las historias contadas en sus letras que -dicen los que dicen saber- encierran amor, pasión y deseo.

 

Por supuesto que hay otros géneros musicales hermosos, e intérpretes verdaderamente maravillosos... pero el tango me atrapa, y consiento que es un símbolo nacional, que se manifiesta a través de los instrumentos y la voz de los y las cantantes.

 

Hasta Borges.

 

Si hasta el mismísimo Jorge Luis Borges se ocupó de hablar de nuestra música ciudadana. Cuentan que fue Ernesto Sábato quien dijo que "es un pensamiento triste que se baila", y que él lo refutó contestando que los pensamientos no se bailan o cantan, pero sí los sentimientos... y que el tango es eso, un sentimiento.

 

Cada vez que puedo -sobre todo si estoy en Buenos Aires- voy a ver un espectáculo de tango... pero también si se da la ocasión cuando se puede por aquí también voy a escuchar, o a mirar (de ninguna manera me animo a intentar bailarlo).

 

Visita a "La Porfiada".

 

Noches atrás concurrí a "La Porfiada", que no es otro que el lugar que Ilda Susana (Pérez) diseñó como refugio tanguero -y donde reside, a metros del Club Banco de La Pampa, al Este de la ciudad-, pero que también se presta para la presentación de artistas que representen otros géneros musicales.

 

Me deleité con "Balada para un loco" sobre todo, pero también con cada uno de los tangos que interpretó Ilda... Porque eso es lo que hace ella. Algunos, algunas... cantan tango... Ella lo interpreta. Y aunque lejos estoy de ser un experto me parece que eso hace la diferencia.

 

"La Porfiada" es un lugar cálido, intimista, donde se puede disfrutar de buena música, y que de verdad no conocía.

 

Marigel y Susana.

 

En ese mismo lugar accedí a conocer a Marigel, bailarina ella y un ser que -se me ocurre- es muy especial. Y ya se verá por qué...

 

Un dato que resulta interesante es que ambas intérpretes -la cantante y la bailarina- son médicas. Y un poco llama la atención. ¿O no es así?

 

Se conocieron casi de casualidad, un día en un acto en el Colegio Médico y pegaron onda desde el principio. Ilda Susana es más vale tranquila -o eso aparenta-, y Marigel un terremoto. Una calmosa, la otra extrovertida, y quizás por eso se complementan como lo hacen.

 

Hilda Susana, primero médica.

 

¿Pero quién es una, y quién es la otra?

 

"Me llamo Hilda Susana Pérez, aunque adopté como nombre artístico Ilda Susana... Una psicóloga me dijo que 'desenmudecí' al sacarle la 'H' a mi verdadero nombre", empieza la cantante.

 

Nació en Santa Rosa. En el Hospital Lucio Molas, tan ligado a su vida: "Es que es donde trabajo como médica pediatra, especialista en terapia intensiva pediátrica desde hace 22 años", sonríe y cuenta.

 

Tiene un hijo, Matías. "Con él conocí el verdadero amor. Vive en La Plata, donde nació porque yo estaba estudiando ahí y adoptó esa ciudad como su lugar. No quiso seguir mis pasos porque vio como la Medicina le robó a su madre... y tal vez por eso aún me cuestiono el desmedido esfuerzo de aquellas épocas, hace más de 30 años. Él me dio mucha fuerza para seguir, aunque en el camino lo tuve que dejar muchas veces, pero ahora es mi cable a tierra, me entiende y me conoce como nadie. Y me dio a mi nieto, Laureano... Nunca imaginé que iba a poder entender ese juego increíble de complicidad y desparpajo que con él tengo", se regocija.

 

Conocida del barrio.

 

En un momento de la charla Susana me sorprende... "Pero si a vos te conozco del barrio", me revela y me deja asombrado. "Sí, vivías en la casa de la Imprenta (calle Jujuy "al otro lado de la vía"), y yo en lo de mi abuelo con mis padres...", me dice ella.

 

¿Y quién es tu papá?, le pregunté obviamente. "Papá es Luis... músico de alma, que resignó en gran parte su pasión y trabajó en el Banco de La Pampa, lo que me permitió irme a estudiar y cumplir mi sueño", precisa.

 

Y Luis no es otro que El Negro Pérez... ¡Y no lo puedo creer! Si los Pérez son una familia de alguna manera ligada a mis afectos, porque no sólo vivían a media cuadra de mi casa, sino que nuestros mayores (mis padres; y los abuelos de Hilda, Juanita y Cutín Pérez) eran amigos, y compartían las noches de verano charlando en las veredas. Y alguna vez hasta hicimos un viaje de fin de semana a pasear las familias a Epecuén, en el colectivo con el que Cutín hacía la travesía Santa Rosa-25 de Mayo, en ese tiempo que era el único medio de transporte entre un punto y otro. Y tampoco olvido a Pocho y Mabel, los hermanos de Luis, El Negro Pérez.

 

Cutín, un pionero.

 

"Sí, mi abuelo era Cutín Pérez, un pionero, con su línea de colectivos que atravesó el desierto de entonces para llevar personas y víveres a la ex Colonia 25 de Mayo donde luego se arraigaron", reafirma Susana.

 

"Mi madre Isabel (La Negra)... una luchadora en todo sentido, resiliente al 100 % luego de atravesar varios embates de salud. Tengo dos hermanos, Luis o 'El Negro', que es músico, baterista y el mejor, y al que se puede ver circulando todos los días por las calles de Santa Rosa en un taxi. Y Marcela que es emprendedora y tiene un local de ropa para niños muy conocido y de gran trayectoria en la ciudad", los pinta.

 

Y no quiere olvidar a sus cinco sobrinos: Facundo, Tomás, Mateo, Victoria y Dharma. "Mateo y Tomás me ayudan en La Porfiada", señala.

 

Los estudios.

 

Susana -que así la llaman en la vida alejada del escenario- sigue narrando: "Empecé jardín de infantes y primer grado en Telén, porque a mi padre le habían dado el cargo en el Banco en ese hermoso pueblo; y al regresar a Santa Rosa vivimos en lo de mis abuelos... terminé el primer grado en la escuela ex 314 (hoy 201, frente al Club Argentino), pero completé la primaria en la escuela 4. La secundaria la hice en el Colegio Comercial y la carrera de Medicina en la Facultad de la Universidad Nacional de La Plata", puntualiza.

 

Reconoce que "la educación pública fue la que me dio la oportunidad, la que me modeló... porque en ese momento era impensable para mi familia acceder a la privada, y lo agradezco de verdad. No 'caí' en la Universidad Pública (alguna vez Mauricio dijo algo así)... sino que fue la que me cobijó y me dio todo. Por eso estaré eternamente agradecida, y por supuesto defiendo a la educación pública".

 

Los maestros. La karateca.

 

Susana habla despacio, sin apuros y le gusta acordarse de gente que quiere. "Es que tuve muchos maestros en mi vida... mi abuela Cecilia, quien me enseñó que con trabajo todo se consigue; Lorenzo Díaz, con quien aprendí karate, deporte que hice con mucha dedicación en mi adolescencia y juventud. Lorenzo me enseñó a respetar y a creer en mí... y ahora él también es tanguero y bailarín", dice con alegría.

 

Es una faceta desconocida de Susana, pero cabe decir que fue una destacada deportista, y que incluso viajó a Australia a un campeonato del mundo integrando la selección argentina de karate, aunque es algo que cuenta con cierto pudor... como que pensara que no hay que "hacer bandera" con eso. Y con nada. Casi un rasgo de su personalidad, donde la modestia juega un rol importante.

 

Y hay más.

 

Pero además menciona al doctor Magliola, Jefe de la Terapia Cardiovascular del Garrahan, "donde me formé como terapista intensiva pediátrica. Fue él quien me enseñó a mirar, a escuchar, y a anticiparme, para que la muerte no tuviera ventajas", dice ya referida a su condición de médica.

 

Volviendo al tango habla de Juan Carlos Corso. "Sí, me enseñó a contar las historias que los tangos dicen. Y también debo agradecer a Raúl Santa Juliana quien me aleja de cualquier intento de transitar por la soberbia", refiere a su pareja, también destacado músico.

 

Hilda Susana, la artista.

 

La charla se hace más fluida cuando hablamos del barrio y la familia. Y Susana cuenta sobre cómo se inició en la música: "Creo que quise subir a un escenario desde que tengo uso de razón, pero no me animaba... me faltaba ese empujón que vence el temor al ridículo y los miedos que te paralizan. Ahora ya no me importa, y me doy el placer de disfrutarlo", y muestra una sonrisa que lo dice todo.

 

Es de esa gente que siempre está para los demás, y por eso será que también es payamédica. "Es otra de las vocaciones que ayudan a sanar. La medicina es mi vocación, el tango es mi pasión", resume diferenciándose de su amiga y compañera.

 

Y agrega: "Combino el cantar con el actuar, la música con el teatro, y ahora incipientemente con el cine en un proyecto de una película de un director y cineasta de Santa Rosa, muy talentoso, Santiago Geringer Tueros".

 

Un espacio cultural.

 

Susana habla de "La Porfiada". "Inventé ese lugar porque no encontraba este tipo de espacios en mi ciudad. Porque necesitaba arraigarme más, querer quedarme y aportar un granito de arena a la movida cultural de Santa Rosa. Y sí, 'La Porfiada' es mi propia casa, ahí vivo, y la abro para recibir propuestas artísticas, locales y de otros lugares. Los artistas son para mí los dueños del lugar; los respeto, los comprendo y me siento muy identificada con ellos, trato de cuidarlos y ofrecerles lo que más puedo para que desarrollen su arte".

 

Admite que lamentablemente "aún hay un tema que no termino de resolver y es la convivencia saludable con los vecinos, que muchas noches tienen que adaptarse a un movimiento poco usual en el barrio. Quiero decirles (a los vecinos) que cada día intento que esto genere menos inconvenientes y que todos podamos disfrutar de nuestros espacios", explica.

 

Tiempos de pandemia.

 

Cómo profesional que es -desde marzo o por allí del año anterior- estuvo en la línea de fuego: "La pandemia me puso absolutamente en 'modo médica'. No pude ni cantar, ni tuve ganas de hacerlo aún cuando estaba sola... No podía ni entrar al quincho donde 'La Porfiada' esperaba momentos de reencuentros".

 

Susana admite que estuvo "muy preocupada como médica, y tuve mucho miedo, porque es un virus de un comportamiento aún desconocido, y bastante errático... Sentí que estábamos vulnerables, sentí la realidad de nuestra indefensión como humanos en este planeta... Ahora estoy un poco más tranquila, pero atenta, trabajando desde el acompañamiento pediátrico y promoviendo conductas de cuidado, entre ellas la vacunación".

 

Mucho para hacer.

 

Volviendo al tema musical, Ilda Susana -ahora en modo artista- cuenta que grabó dos discos "en estudios de acá, de La Pampa. Me gusta apostar siempre a mi provincia, confío plenamente en el nivel profesional de su gente... creo que nos falta animarnos más, 'dormir menos la siesta' como me dice un amigo director de teatro de la Universidad Nacional de La Plata, 'El Colo' Barruti... y de verdad siento que tenemos todo por hacer, que somos capaces, que tenemos enormes talentos, pero por alguna razón, el miedo nos limita", analiza.

 

Marigel, la bailarina.

 

María de los Ángeles Martínez Laco es, artísticamente, Marigel. "La Flaca" -así le dije desde que la vi la primera vez en "La Porfiada"- es una persona singular. Arrolladora, vehemente, apasionada y que siempre va por lo que le gusta. Es la impresión que me causó desde un principio.

 

Y pienso que tiene pocos puntos de contacto con Susana -que como dije parece su antítesis-, pero con ella se conecta magníficamente. "Cuando empecé con el proyecto de 'La Porfiada' fueron dos arquitectos a casa y estaba en la reunión Marigel... empezamos a hablar y me di cuenta que ella defendía mucho mejor que yo el proyecto, así que me levanté, me fui por allí y Marigel se encargó de todo... Y hoy 'La Porfiada' es una realidad", se ríe con ganas Susana.

 

Un baile estilizado.

 

Nacida en Colonia Barón -siempre me llamó la atención que son muchísimos los baronenses, hombres y mujeres, que dejaron su pueblo y viven hoy en Santa Rosa-, Marigel es hija de Amanda Laco y su papá era Roberto Martínez (paraguayo). Tiene una hermana, Gloria... "Mi hermana es abogada, está casada con Carlos Ullúa, que es de aquí, de Santa Rosa, y tengo dos sobrinos: Anita que trabaja en cine y televisión y Tomás que está estudiando abogacía. Soy soltera, médica legista, también médica de cabecera de PAMI, y tengo un cargo en la Dirección de Tránsito de la Municipalidad. Además me desempeño en la Dirección de Discapacidad", menciona sus trabajos como profesional. "Tengo también una diplomatura en 'Valoración de daño corporal'. Estudié en Córdoba, pero enseguida me vine de regreso a La Pampa", completa.

 

Pero Marigel, a diferencia de su amiga tiene muy clara su relación con el baile, que esa es su especialidad. Por lo que dicen los que saben es dueña de un estilo estilizado y menos "milonguero" que el que baila mucha otra gente.

 

"¿Cómo empecé? Fui un día al Salitral (de Pablo Ruggeri y Alba Marín) a bailar salsa, pero me equivoqué de horario y estuve tres años haciendo tango...", se ríe con ganas.

 

"Soy primero artista".

 

No tiene dudas Marigel al definirse: "Soy una artista que vive de la medicina. Sí, bailarina de tango, actriz-bailarina... Tengo tres años de capacitación en danza-teatro junto a Mónica Castaño y Juan Martín, mi compañero profesional de tango-danza", explica.

 

Con Ilda Susana -la médica que canta tangos- llevaron adelante muchos espectáculos juntas y también programas de tevé... "Presentamos Momento de Tango, Aires de Tango, Tangos Reos (en el Teatro Español, en el ATTP), y estuvimos en muchísimas fiestas provinciales: la del Inmigrante en Macachín, también la del Inmigrante en Colonia Barón. Hicimos muchas cosas, y siempre recordamos nuestra primera presentación en Baro Bar... ¿por qué viste que tenía algo de tanguero ese lugar?", pregunta pero se contesta. "Fue nuestra primera vez con Susana, y como siempre fue difícil encontrar lugares para hacer nuestro espectáculo de canto y baile, no podemos dejar de estar eternamente agradecidas a Tutuca... él nos abrió las puertas de su salón y por eso nunca lo vamos a abandonar", reconoce Marigel.

 

Lo mejor está por venir.

 

Pero además de la danza como espectáculo, Marigel armó por aquí los primeros grupos de tango-terapia, que funcionaron por seis años. "Eran grupos terapéuticos que se basaban en el movimiento a partir de la danza y de la palabra. Hice la capacitación con el médico psiquiatra autor del libro 'tango-terapia', y el método fue muy aplicado en la Fundación Favaloro, sobre todo en gente con Parkison. Aquí los llevábamos adelante en la casa de Susana, en lo que hoy es 'La Porfiada'. Sí, por supuesto que con mi amiga hicimos muchas cosas, pero lo mejor está por venir... Ya lo verán", asegura desde ese optimismo que es su modo de sentir la vida.

 

El encanto del tango.

 

Y lo dice Marigel con tanta convicción que no da menos que para creerle. "La Flaca" es de esas personas que invitan a pensar que todo puede ser mejor. Y vaya si eso está bueno...

 

La charla dio para conocerlas más... y por qué no para experimentar admiración por lo que ofrecen. Todo el tiempo. Y de verdad me gusta y mucho lo que hacen...

 

"No sé que encanto fatal tiene tu nota sentida, que la mistonga guarida del corazón se me ensancha, como pidiéndole cancha, al dolor que hay en mi vida". Tango...

 

¡Y cómo no me va a gustar el tango!

 

Un riquísimo personaje.

 

"Soy una artista que vive de la Medicina...". Así, contundente fue la expresión de Marigel para decir qué se siente: primero que todo artista.

 

Hay que decir que ella no quiere que le digan que es un personaje... y bueno, no lo decimos.

 

Pero no obstante sí podemos expresar que es alguien especial. De esas personas que van por la vida haciendo lo que se proponen, y que creen que las cosas hay que tomarlas y hacerlas. Y está bien. Por supuesto que está bien.

 

Se conocieron con la otra "doctora" en un ambiente que no tiene que ver con el arte, aunque Marigel sí estaba haciendo arte. ¿Cómo es eso?

 

Era el año 2011 y en el Colegio Médico se realizaba un acto de reconocimiento al doctor Gregorio Canestro. El ambiente era bastante protocolar, y primaba la seriedad y la circunspección.

 

Y cuenta Susana: "Fui al acto, y cuando bajaba las escaleras vi en un rincón a una mujer pintando el cuerpo de un hombre... No. No es que el hombre hacía de modelo y la artista lo recreaba o lo reproducía en una tela... el señor estaba en persona allí, en zunga, y la artista coloreaba su cuerpo de diversos tonos... La verdad es que no podía creer lo que pasaba... ¡en ese ambiente! Pregunté quien era y me dijeron que era la doctora Martínez Laco... No la volví a ver por un tiempo, pero cuando nos reencontramos ya nos hicimos inseparables", se ríe.

 

Habría que imaginar la adustez de más de un profesional -y el ceño fruncido de varios- ante la osadía de aquella artista. "El único que se acercó fue el doctor Daniel González Savioli (el querido Ruso fallecido este año)... Él me dijo: '¿es verdad lo que estoy viendo?'. Le contesté que sí y se rió con ganas...", rememora ahora mismo Marigel.

 

Así es ella. Hay que repetir con ella que no quiere que le digan que es un personaje...

 

Y bueno, no lo decimos... Que cada uno saque sus propias conclusiones.

 

Bien acompañada.

 

Ilda Susana, quien desde hace 5 años está haciendo el programa "Por Tanguera", los viernes por Radio Nacional, no quiere olvidar y agradecer.

 

A sus músicos, los que la acompañaron desde que se inició. Y los menciona: Foreto Chavez, Julio Ortiz, Juan Cruz Santa Juliana, Pablo Giménez, Martín Díaz, Antonella Gallardo; y actualmente Nacho Godano y Martín Varela. Y además Sebastián Colavecchia y Joaquín Althabe, dos guitarristas de Buenos Aires.

 

"Quisiera transmitir lo que fui aprendiendo en mis ámbitos de trabajo profesional y artístico, para que las obras de los autores de tangos lleguen a la gente; quisiera que más jóvenes se acercaran no sólo para bailarlo, sino también para escucharlo: porque el tango nos interpreta, nos cuenta, nos representa en el mundo, habla de nosotros, nos identifica, y siempre es bueno saber y recordar quienes somos y de dónde venimos", concluye.

 

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