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Viernes 03 de abril 2026

José Pérez, un hombre de la política

Redacción 18/12/2022 - 00.21.hs

Es ingeniero agrónomo y además abogado. Pero más que esas carreras que eligió estudiar, el hombre reconoce que la política ha sido todo en su vida. Fue concejal, y luego tres veces diputado provincial.

 

MARIO VEGA

 

Dedicarse a la política, dicen los que dicen saber, sería algo así como "tirar la honra a los chanchos...". Es meterse en el barro, es exponerse a los reproches de aquellos mismos a los que dicen representar, los ciudadanos. Y ciudadanas.

 

Cuando las cosas no marchan como uno cree debieran hacerlo, la crítica, las recriminaciones y hasta expresiones insultantes son una constante, multiplicado todo eso exponencialmente desde que existen las redes sociales. Redes que, esto es así, son terreno para que cualquiera diga cualquier cosa, a veces sin límites y en tonos ciertamente insultantes y descalificadores.

 

El privilegio de pertenecer

 

Es verdad que quienes ocupan lugares de decisión en distintos niveles, gozan de ciertos privilegios que el común de las personas no tiene -aunque obviamente provienen de esa gente-; pero también es innegable que están expuestos a las diatribas -no siempre justificadas-, primero como si todos fueran iguales y no hubiera honrosas singularidades de personas que -ejerciendo un cargo- lo hacen de la mejor manera. Aunque lo bueno sería que, por supuesto, el mal accionar sea la excepción; y que lo normal, lo cotidiano, se corresponda con el mandato que la sociedad les da.

 

El centro de sus vidas.

 

En ese contexto, muchos políticos dedican horas y horas al metié del que hacen el centro de sus vidas, a veces postergando cuestiones muy personales. Son personas que tienen verdadera pasión por la política, por la cosa pública. Aunque hoy en día la desconfianza los ponga en el centro de la escena como responsables de que no nos vaya todo lo bien que entendemos mereceríamos. Y por supuesto que tienen su cuota parte de responsabilidad, pero también cabe admitir que ellos son -al cabo- emergentes de esta sociedad.

 

Animales políticos

 

Parece ser cierto que los que interpretan la política como parte central de su existencia no se retiran nunca, ocupen o no cargos. Y si no, como ejemplos cercanos basta verlos a Rubén Marín y Carlos Verna que, desde sus casas, siguen atentos -y cuando no moviendo hilos- los acontecimientos de nuestra Provincia. Son verdaderos animales políticos.

 

Podrán criticarlos los que no los quieran, los que piensen distinto, pero seguirán incólumes haciendo lo que los apasiona hasta el final de sus días. Al final será la sociedad la que decidirá sobre ellos, y la historia la que terminará juzgando sus acciones.

 

El hombre de la barba.

 

Hay otros actores -aunque no llegaron a tan altos cargos como aquellos-, que también hicieron de las cuestiones de la polis el centro de su accionar. Conozco a José hace tantos años que me resulta difícil acertar en qué momento nos vimos por primera vez.

 

Me parece que era intendente de Santa Rosa el querido Eduardo Feliz Molteni, allá por los años '80. Debo decir que no lo veo demasiado cambiado fisonómicamente desde aquellas épocas. Robusto, la barba inalterable -así me parece haberlo visto, ahora con unas cuatro décadas más y, no lo vamos a negar, con algunos kilos que se me ocurren estarían demás-, y además con esa risa que le nace espontáneamente con habitualidad.

 

El personaje.

 

José Carlos Pérez (65) ha venido leyendo esta saga de notas que ya llevan varios años publicándose en este diario -a veces referidas a personajes, otras a situaciones o sucesos que alguna vez ocurrieron por aquí nomás-, y un día no sé por qué disparó una frase que, la verdad, me sonó a un cierto desafío: "Se te están terminando los personajes... de qué vas a escribir cuando pase", tiró con esa sonrisa socarrona que es su marca registrada.

 

La respuesta, la mía, fue que no era así. Que en realidad todos, y todas, en mayor o menor medida, encerramos un personaje. Para alguien seguro que tendremos algunas características que pueden o no resultar interesantes. "Vos también sos un personaje", le devolví. "Y te voy a hacer una nota en cualquier momento", agregué. Y José -que creo no se candidatea a nada ahora- se mostró dispuesto.

 

¿Quién es José Pérez?

 

Hijo de españoles que llegaron al país en la pos guerra, sus padres y un hermano mayor eran conocidos en el barrio como "los gallegos", en tanto José, nacido en Santa Rosa era para muchos "el argentino" de esa familia de inmigrantes.

 

Hoy es funcionario de la Subsecretaría de Medios del Gobierno provincial, y además un fervoroso amante de la política, a la que abrazó casi impensadamente un día de hace muchos años cuando vio un auto con parlantes que anunciaba que habría una reunión en Villa Parque.

 

De Galicia a Santa Rosa.

 

Sus padres Florinda y Jesús vinieron del España, de Galicia, huyendo de las necesidades de las post guerra y la búsqueda de un mejor horizonte. "Con ellos vino mi hermano mayor y yo nací al poco tiempo de que llegaran acá. También tengo un hermano menor. Los nacidos en España en el barrio eran 'los gallegos', y a mi me llamaban 'el argentino'. Papá al poco tiempo entró a trabajar al Molino Werner, hasta que quebró".

 

El primer domicilio en Santa Rosa "fue en lo de unos parientes lejanos que eran dueños de 'El Sauce', tradicional almacén que estaba en el corazón de la Villa Santillán, Roque Sáenz Peña y Alberdi", precisa.

 

La mamá falleció joven, y obviamente fue un golpe que soportó la familia, que integraban también "mi hermano mayor, que también se llama Jesús, que es ingeniero agrónomo y recientemente se jubiló como director del INTA Anguil; y Julio el menor, que trabaja en la Casa de La Pampa en Capital Federal".

 

Nostalgias del tiempo aquel.

 

En tantos años de dialogar con diversas personas que iban a ocupar dos páginas de un domingo de La Arena, en la mayoría de los casos percibí las ganas de recordar otros tiempos, la nostalgia por el barrio en que nos criamos, y los amigos que se quedan para siempre en nuestras almas. Y José no fue la excepción.

 

"Nací hace ya un montón, en 1957, en el Hospital Lucio Molas; y toda mi infancia estuvo vinculada a la Villa Santillán, en donde mis padres construyeron su casa... Ahí entre los Gallinger, los Villa y los Abona... y tantas otras familias tradicionales que de a poco van desapareciendo. Y ya que me preguntás quiero mencionar a mis dos mejores amigos de esos años, Mario Epinal y Daniel Vázquez", señala.

 

Ni televisión había.

 

Y sigue contando: "Los juegos eran los propios de un época donde la conectividad no se conocía, ¡ni siquiera la televisión!... A mis hijos más chicos les cuesta entender eso. Tiempos de mucha pelota en los potrero o en la calle, aunque entre tantos pibes que jugaban bien en el barrio yo era muy maleta... Terribles eran las juntadas en la esquina de mi casa, de Lope de Vega y Delfín Gallo para jugar con agua en los carnavales, o para quemar cardos rusos en la fiesta de San Juan y San Pedro. Cosas sanas", rememora.

 

Pero José tenía también afición por leer. "Me tiraba mucho leer cualquier cosa que llegara a mis manos: desde Julio Verne a Paturuzito, Dartagnan o lo que fuera...", completa.

 

El estudiante.

 

"Creo que fui un buen alumno, no sobresaliente pero bueno", se juzga. "Fui a la Escuela 180, pero como mamá decía que me peleaba mucho con los del barrio me cambio al Domingo Savio. Después la secundaria la hice en el Colegio Nacional y luego me recibí de Ingeniero Agrónomo en la UNLPam".

 

Pero pensaba que tenía algo pendiente en su vida, y cuando se instaló la carrera de Abogacía se anotó. "Fue una experiencia magnífica volver a estudiar con jóvenes de compañeros, aunque confieso que al principio me daba un poco de vergüenza por la diferencia de edad. Pero después me sentí, y ellos me hacían sentir uno más a pesar de eso". Entre otros que culminaron Abogacía con él menciona a Paco Badillo, Clemente Bedis, Héctor Rolando, Sebastián País Rojo, Romina Schmidt y algunos más. "Mi idea era unir disciplinas y dedicarme a la política ambiental... pero al final no lo hice", admite.

 

"Sí, agarré la pala".

 

Cuando se recibió de Ingeniero Agrónomo trabajó "algunos años dando clase en las Escuelas Agrotécnicas de Guatraché y en Santa Rosa, pero cuando tuve la oportunidad de otro trabajo lo dejé porque la docencia no era para mi

 

Estuve algún tiempo haciendo estudios de suelos en distintos departamentos de nuestra provincia , y a pesar de que no me crean agarrando la pala para determinar las distintas capas del mismo", afirma.

 

Cuando se casó, en 1982, fue a vivir al Barrio empleado de Comercio, al ladito de Villa Parque.

 

Familia numerosa.

 

Si bien la política es central, la familia también es por supuesto insoslayable y fundamental. En todo caso el pilar para poder hacer lo que viene después.

 

"Tengo seis hijos: Lucía, Guillermo, Joselito, Flopy, Antonio y Francisco. Y además cuatro nietos: Tomás, Josefina, Renata y Caetano... Sí, somos un montón, y nos juntamos rigurosamente todos los domingos a almorzar . Me gusta cocinar y ellos me aprovechan... Y si a todos ellos le sumamos los yernos y las nueras de los más grandes, imaginate", sonríe como recordando alguna reciente juntada.

 

Y agrega risueño José: "Yo digo, medio en serio medio en broma, que me ponen tan contentos cuando llegan como cuando se van...". Y, pensándolo un poquito es verdad: los Pérez son una pila.

 

El mejor capital.

 

Y sigue: "El menor, Francisco, que está en el segundo año de la secundaria del Normal vive con mi nosotros, junto a mi esposa Laura que es médica del Hospital Lucio Molas. Flopy está a punto de ser Socióloga, Antonio empezó Ingeniería Electrónica, Joselito tiene un Resto Bar en el centro, Guillermo se cansó de Buenos Aires donde vivía y se fue a San Luis, y Lucia la mayor es Radióloga. Y a todos estos debo sumar a Rodrigo, hijo de Laura, que es casi médico. Sí, un familión, que es el mejor capital que tengo", admite.

 

Nace el militante.

 

Tiene bien presente el momento en que la política se adueñó de su vida. "En 1985 estaba jugando en la vereda con mi hijos mayores y pasó un auto con un parlante convocando a una reunión en la Unidad Básica del barrio. Obviamente que allí fui. Nadie me conocía y yo no conocía nadie, pero de a poco y a fuerza de participar nos fuimos conociendo. Todavía recuerdo y con mucha nostalgia las terribles discusiones que se armaban. La democracia estaba empezando y la participación en política estaba en punto de ebullición", evoca.

 

Apoyo a un comedor.

 

Eran tiempos difíciles en el país -a veces nos preguntamos cuáles no lo han sido-, y se necesitaba de gente solidaria para dar una mano.

 

Y cuenta José: "No se qué le habré generado a mis nuevos y queridos vecinos de esa barriada, pero seguro no tuvo que ver con mi simpatía... Fue en un momento que estalló la hiperinflación en el gobierno de Alfonsín, y se vio desbordada la demanda en el comedor escolar: se puso doble turno para los chicos y a la tarde noche para los abuelos. Había que organizar todo eso y me vienen a buscar sino quería ser presidente de la Comisión de Apoyo al comedor. En esos momentos la administración era descentralizada...".

 

"Fueron momentos muy duros, de muchas necesidades pero de hermosa militancia barrial para cubrir todo eso que nos vino encima. Y yo ahí encontré mi verdadera vocación: la política", sostiene.

 

A trabajar de abogado.

 

Durante varios años no ocupó cargo alguno, y volvió al llano. "Es que en política y a pesar de lo que se piensa no todas son maduras. Me mantuve ocho años trabajando de abogado. Eso hasta que Carlos Verna me convocó en 2015; y ahora sigo con el gobierno de Sergio Ziliotto".

 

En un momento de la charla no quiere dejar de expresar su amistad con el ex gobernador (hoy secretario de Gobierno en la Municipalidad), Heriberto Eloy Mediza... "Estuve por mucho tiempo ligado políticamente a Heriberto, a quien considero una muy buena persona, y un gran político que no tuvo la suerte que se merecía", opina.

 

Amigos de la política.

 

Muchas veces, en la Cámara de Diputados, en el Concejo Deliberante, o aún a través de los medios, nos toca presenciar ásperos debates. Y no dejamos de sorprendernos cuando esos mismos dirigentes que tan ríspidamente discutieron se muestran después amigables.

 

"Es que es así... A mí la política me ha dado grandes amigos... una vida plena y la posibilidad de participar y dejar de ser espectador de la cosa pública. Y sí, me dio muchos amigos en el peronismo, pero también entre los adversarios políticos, y es algo que me llena de orgullo. Me gustaría poder nombrarlos pero sería injusto con los que quedan afuera de la lista", expresa.

 

Opiniones divididas.

 

Tiene muy claro José que en política hay muchos que te quieren y otros tanto que no. Y muchos son indiferentes... eso es más o menos así. Lo que sí vemos es que a veces los que no te quieren son muy crueles con los chicos, ya sea en la escuela repitiendo lo que dicen los padres o algún que otro mayorcito. Mis hijos mayores sintieron mucho esto y no todos tiene al carácter suficiente para enfrentarlos. Y eso que no había redes sociales", reflexiona.

 

Un conciliador.

 

Más adelante José formula algunas apreciaciones, como que es "peronista de Perón", que le pareció que "Alfonsín cumplió con creces la etapa de transición democrática"; y que, "aunque pareciera no ser políticamente correcto", confiesa: "Me encandiló Menem... un carisma descomunal".

 

Sobre sí mismo razona que siempre fue "un conciliador, en mi vida y en la política. Eso me posibilitó ser presidente del los bloques que integre (tanto en el Concejo como en la Legislatura)... porque creo firmemente que la política se trata de conciliar, de buscar coincidencias".

 

Agrega que "de todas las definiciones sobre los políticos la que entiendo más se ajusta a la realidad es la que dice que el político no es el que sabe de todas las cosas sino el que ve todas las cosas. Y humildemente creo que soy bueno en eso de ver todas las cosas", indica.

 

Política y familia.

 

No es de salir mucho, "salvo que me obliguen... Me la paso cocinando, que es un hobby desde hace poco, pero del que muchos se aprovechan. Y además sigo con pasión eso de leer todo lo que puedo... aunque cambié el Patoruzito por las redes, los diarios locales y nacionales, y hasta algo de internacional. Estoy varias horas al día leyendo y releyendo para estar actualizado y poder cumplir mejor mi función. ¿Televisión? Casi nada, aunque ahora sí con el Mundial, por supuesto. Y por momentos escucho mucha radio, y en otros por meses nada"

 

"Estamos empatados".

 

Admite que la política le dio "muchísimo. Yo de di mucho también, y por eso creería que estamos empatados. Me duelen las necesidades de la gente y sufro como propias esas carencias, y no es una frase hecha. Por eso a veces me enoja mucho las idas y vueltas que tiene la Argentina y que no se consiga encontrar un rumbo definitivo que nos contenga a todos o al menos a la mayor cantidad posible. A la Provincia la veo bien, está encaminada pero es difícil escapar a las coyunturas económicas nacionales".

 

En el final dice José que a sus hijos les deja "como consejo que a los políticos hay que observar lo que hacen y no lo que dicen. Y obviamente no me creo la excepción".

 

En el final sostiene: "Ya sueños no me quedan... diría que estoy realizado, y en todo caso resta esperar y ayudar a que se concreten los sueños de mis hijos... y de mis nietos".

 

Unos a papá, otros a mamá.

 

José Carlos Pérez hace mucho que transita los caminos de la política, y por eso algunas cosas las tiene bien claras. "A propósito de la gente que te quiere y la que no te quiere, siempre recuerdo a mi compañero de bloque en el Concejo Deliberante de la Municipalidad de Santa Rosa. Aldo Umazano es una persona de mucho ingenio y humor... y todas las mañana teníamos una rutina: él iba más temprano, y para cuando yo llegaba ya había leído los diarios. Era entonces que yo le preguntaba cómo estaban las cosas y él muy serio siempre respondía lo mismo: 'Las opiniones están repartidas: la mitad putea a nuestras madres y la otra mitad a nuestro padres", se ríe.

 

José destaca que al incursionar en política "uno va dejando muchas cosas en el camino, y entre ellas tiempo compartido con tus hijos. Ahora ya mayor trato de compensarle ese tiempo que a veces no fue suficiente", cierra.

 

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