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Viernes 01 de mayo 2026

“La formación debe ser permanente”

Por Redacción 01/05/2026 - 19.05.hs

Pablo Sáenz pasó una década como médico rural en el interior pampeano antes de especializarse en medicina estética de alta complejidad. Hoy, tras formarse con los mejores referentes de la medicina estética, atiende a cientos de pacientes en Santa Rosa bajo una premisa rígida: usar productos certificados y con el máximo rigor científico.

 

La carrera profesional de Sáenz (47) se inició luego de su paso por la Universidad Nacional de Córdoba con el título de médico cirujano. Egresó en 2006 y sus primeros pasos como profesional se desarrollaron en el territorio pampeano porque durante casi una década se desempeñó como médico rural y de familia en Colonia Santa María, cubriendo una zona sanitaria extensa que iba desde 25 de Mayo hasta Limay Mahuida.

 

“Fue un trabajo de contacto directo, con el maletín y la atención primaria como base”, explicó Sáenz en una charla con LA ARENA en el marco del 1º de mayo, día del Trabajador. Esa experiencia clínica fue el fundamento para su actual desempeño en Santa Rosa.

 

Mientras ejercía en el interior comenzó su formación de posgrado en medicina estética en 2010. Eligió esta disciplina por sobre la cirugía plástica convencional debido a una preferencia por los abordajes mínimamente invasivos. “Iba a hacer cirugía plástica, pero finalmente decidí dedicarme a la medicina estética, que es una carrera de posgrado”, señaló. Hoy, con casi veinte años de ejercicio profesional, Sáenz dirige un espacio donde la estética se aplica bajo criterios de salud integral y rigor científico. Todo su consultorio es un mensaje de sobriedad, seguridad médica y calidad en cada uno de los detalles. La armonía de su gabinete transmite profesionalidad.

 

Formación continua.

 

Sáenz sostiene que su actividad gira sobre dos ejes operativos: la calidad certificada de los productos y la capacitación constante. En su consultorio, la trazabilidad de los insumos es una garantía de seguridad para el paciente. “Es muy importante que los productos que se utilicen estén habilitados por Anmat y por la FDA. La trazabilidad es fundamental porque yo tengo un número para cada producto y ese número se lo lleva el paciente. Si tengo cualquier reacción, sea buena o adversa, puedo saber el lote y todos los datos para informar al laboratorio”, afirmó.

 

Su jornada laboral es intensa. Con un promedio de 300 consultas mensuales, recibe a pacientes de la capital pampeana y de una zona de influencia que incluye el oeste de Buenos Aires -Pehuajó, Pellegrini y Tres Lomas- y el sur de San Luis y de Córdoba.

 

Para mantener el nivel de respuesta a sus pacientes, participa en el circuito internacional de medicina estética. Recientemente asistió al Congreso Mundial en Mónaco, realizo anatomía cadavérica en Brasil y visitó plantas de producción de toxina y bioestimuladores en Corea del Sur. “La formación debe ser permanente porque el rubro se innova constantemente. Estoy realizando una actualización que incluye el estudio de anatomía en Brasil para mejorar la técnica de aplicación”, señaló Sáenz a este diario.

 

Ética ante la demanda.

 

En la práctica cotidiana, uno de los desafíos es la gestión de las expectativas y la presión de las tendencias. Sáenz mantiene una postura técnica definida: el límite de cualquier intervención es la salud y la armonía natural. “Hay pacientes que piden más o quieren romper ciertas barreras y es ahí donde hay que decirle que no se sigue o que no se hace. En general decido no hacerlo y termino convenciendo al paciente de que no es lo correcto para él”, explica sobre su política de trabajo.

 

El médico también advirtió sobre el intrusismo, refiriéndose a quienes realizan prácticas sin matrícula o en lugares no habilitados. “El intrusismo viene de intrusos. Hay gente que atiende en consultorios sin habilitación, ponen el producto y se van. Son técnicas seguras, pero eso no quita que no exista el efecto colateral o adverso. Si no estás para resolverlo, ¿quién lo hace?”, cuestionó. Y enfatiza que recibe frecuentemente pacientes que buscan corregir  complicaciones externas : “Vienen y me comentan: 'me puse un ácido hialurónico en la boca y mirá cómo me quedó'. Para algunas cosas hay solución, para otras no”.

 

El equilibrio personal.

 

Su estructura profesional se apoya en un equipo familiar. Su pareja es quien gestiona los turnos y la administración del consultorio. “Mi secretaria es mi esposa, entonces es la familia la que banca. Somos un equipo, nos organizamos para manejar el consultorio y las responsabilidades con nuestros hijos”, relató. El ritmo de trabajo es sostenido, con jornadas que inician a las 8 de la mañana y se extienden hasta la tarde durante 4 días a la semana de intensa actividad y uno completo que lo dedica a la formación, incluso a veces se extiende hasta los sábados donde atiende a pacientes de otras localidades.
Para manejar el estrés que genera el contacto social masivo, recurre a la actividad física. “Elijo hacer esto y trato de pasarla bien, pero escucho a muchas personas con situaciones diferentes y no me las llevo a mi casa. Salgo de acá y tengo mi gimnasio; hago actividad física intensa y doy todo ahí. Salgo renovado”. Además, utiliza el trayecto hacia su hogar como un espacio de transición mental para separar el rol profesional del familiar.

 

¿Salud estética o vanidad?

 

Para el profesional, el éxito de un tratamiento se mide en el impacto en la autoestima de quien lo consulta. Su premisa es que los cambios sean sutiles, evitando resultados artificiales que delaten la intervención. “No se busca hacer un rostro perfecto, sino ayudar a que la persona se vea mejor; que cuando llegue a su casa y se vea al espejo diga 'me veo bien'. La idea es que el entorno le diga ‘te ves bien’, y no que pregunten: ‘¿qué te hiciste?’”, detalló.

 

A pesar de trabajar con su imagen y la de otros, Sáenz mantiene una relación pragmática con los tratamientos en su propia persona. “He probado todos los aparatos, porque no puedo decirle a un paciente que utilice una radiofrecuencia sin saber lo que va a sentir. Pero con las agujas es distinto; me puse toxina por primera vez hace un mes”, confesó.

 

Saénz consolidó su actividad en Santa Rosa alejándose de la superficialidad para posicionarse en una disciplina médica “que requiere diagnóstico y fundamentalmente, la responsabilidad de saber decir que no. Lo importante es la armonía, la satisfacción del paciente y la felicidad de cada uno de ellos, que también es la mía”.

 

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