¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones:

Domingo 26 de abril 2026

“La gente no tiene plata”

Redacción 26/04/2026 - 00.05.hs

Juan pasa muchas horas del día sentado en el atrio de la Catedral de Santa Rosa, y casi puede decirse no se le escapa casi nada de lo que sucede en el centro de la ciudad. Podría asegurarse que, de alguna manera, conoce el pulso de la ciudad. “Hace mucho que no la pasaba tan mal. La gente no tiene plata y paga todo con tarjeta, ¿viste?. Antes ayudaba, pero ahora veo que no puede...”, dice al dialogar con él.

 

La apreciación es de Juan Domingo Puhl, el hombre que hace 27 años pide ayuda en la puerta del céntrico santuario santarroseño. No faltará –seguro- el que lo vea como un pícaro que se aprovecha de la bondad de las personas para recibir una limosna, y entonces quien así lo vea descalificará el valor de esa mirada. “Es un vago… no trabaja”, opinará alguien. Pero la realidad es la única verdad. ¿O no?

 

La parálisis infantil.

 

Juan es un sobreviviente de la mayor epidemia de poliomielitis en Argentina, ocurrida cuando transcurría la década del ‘50 del siglo anterior. La enfermedad causó parálisis y muertes masivas que marcaron la historia sanitaria del país.

 

La “parálisis infantil”, como se la llamaba en la época, venía avisando que podía golpear fuerte, pero fueron señales que no fueron advertidas. Eran años de sensaciones extrañas, de miedo, desconcierto e impotencia.

 

Para quienes no lo tengan claro, o no lo sepan, los que la sufrieron y sobrevivieron quedaron con secuelas físicas permanentes. Vieron sus vidas marcadas por limitaciones por la atrofia muscular, y síntomas que los acompañaron para siempre con dolores, fatigas y debilidad.

 

Juan de la Catedral.

 

Se fueron “acomodando” en la vida como pudieron. Pero lo cierto es que no han tenido una existencia “normal”.

 

En el caso de Juan, después de haber intentado en algunas actividades laborales (vender rifas por ejemplo), en un momento se dio cuenta que su físico no daba para mucho más. Al principio --corría 1999--, se paró con algún pudor en la puerta de la Catedral, y lleva allí desde entonces. A veces colabora con el sacerdote de la Iglesia, atendiendo la puerta, o recibiendo a alguien que se acerca a ver al padre Juan. Pero siempre está allí.

 

“Vago y entretenido”.

 

“Vengo a eso de las 7 de la mañana más o menos y estoy hasta las 11,30. Los sábados además estoy a la tarde, desde las 16 a las 20 ó un poco más. Y los domingos a la mañana de 8 a 11; y vuelvo a las cuatro de la tarde hasta las 9 de la noche… La gente ya me conoce”, argumenta.

 

Hay que decirlo, a Juan no todos lo quieren (¿y a quién sí lo quiere todo el mundo?), y a veces recibe alguna que otra crítica por “vago y entretenido” como los juzgaba una legislación del Siglo XIX. “Ya lo sé… y por ahí me dicen que molesto a algunas personas y nada que ver”, se ataja.

 

La realidad.

 

Bueno, cada cual opinará sobre él lo que le parezca. Pero más allá de eso se pueden evaluar sus expresiones como para saber qué le está pasando a la sociedad en estos tiempos, complejos, duros, difíciles de transcurrir. En las calles de la ciudad no se ve tanta gente, en los comercios se caen las ventas, y los restoranes y lugares de esparcimiento aparecen semivacíos. Es una realidad incontrastable.

 

“No me alcanza”.

 

“Hasta hace un tiempo los que pasaban por aquí me ayudaban, pero ahora no… por ahí me saludan, o charlan un ratito, pero nada más. Pero lo que pasa es que la gente no tiene plata, y algunos pagan todo con tarjeta que después te matan con los intereses”, sostiene.

 

Y sigue: “Se vino todo abajo… yo tengo una pensión, pero apenas me alcanza para pagar el alquiler. No sé cómo voy a hacer, porque la última factura de la Cooperativa me vino 259 mil pesos, y la anterior 228 mil. Hice revisar para ver si tenía alguna pérdida, pero no apareció nada, así que bien complicado estoy”, se lamenta.

 

“La gente anda triste”.

 

Juan dice que “hace mucho no veía tanta miseria como ahora. Y además no anda gente… o la que anda se la ve triste”, afirma.

 

“¿Cómo vivo? Como puedo… a veces el Padre Juan (el cura de la Catedral) me da una mano. Pero no la estoy pasando bien… Ayer me fui con 4.000 pesos, y por supuesto como no puedo caminar me voy en taxi. ¡Perdí plata!”, se ríe.

 

“Por suerte los muchachos (taxistas) me conocen y a veces aunque no me alcance me llevan igual… Pero sí, es el peor momento en mucho tiempo”, reafirma. “Supongo que otra gente también la pasa mal… y la verdad: no sé cómo me las voy a arreglar”, concluye.

 

'
'