La historia de una noche oscura
Era de noche. 23 de marzo de 1976. Amalia, con ayuda de su cuñado, cargó en la camioneta un poco de sus pertenencias. La orden era clara: “Métanse en la casa, con lo poco que tengan. Pero vayan lo antes posible. Hoy es la última oportunidad, mañana será tarde”. La joven de 30 años vivía en Villa Parque -en Santa Rosa- con su esposo y sus tres hijos. Pero el hombre había viajado a Tucumán y no podía esperarlo. Por eso su cuñado puso a disposición una camioneta, Amalia subió con sus niños -de diez y nueve años y de ocho meses- y algunas pocas cosas, llegaron al nuevo barrio pero no encontraba la llave de acceso. “Entrá por la ventana”, la avivó su cuñado y así entraron una mesa y las sillas. No había luz, no había agua, ni gas. Pero la necesidad de la casa propia, prometida por el entonces gobernador, era más importante. Los militares no se la iban a poder sacar.
Esta historia es de hace 50 años, pero sigue intacta en la memoria de Amalia Deponza y Jorge Fontán. En aquellos años, la pareja tenía 30 años, tres hijos y una gran militancia en la Juventud Peronista, formada en Villa Parque previa a la gobernación de Aquiles José Regazzoli. “Militar en el peronismo es una enfermedad hermosa”, describió Amalia con una sonrisa cuando el equipo periodístico de LA ARENA se retiraba de su domicilio.
En una charla distendida con este diario recordaron aquella época oscura. En la actualidad, la entrega de una vivienda es una gran fiesta con un emotivo acto, pero hace 50 años eso no fue posible. Sin embargo, el acto en sí no era lo importante, ya que 80 familias tuvieron que evitar que les arrebaten su sueño y su necesidad.
Militancia.
Desde 1973, Amalia y Jorge militaban en la Juventud Peronista. “Regazzoli fue quien nos dijo que debíamos crear una Juventud Peronista porque el partido había estado proscripto durante 18 años, la gente no se animaba a participar y había que salir a hacer campaña”, recordó Jorge y describió al exgobernador como su “segundo padre” y recordó que “a pesar de haber sido jefe de la Policía era un hombre buenísimo”. Mencionó a la “Negra” Alvarado, Mario Folmer y Luis Gil como sus “jefes” de la agrupación durante aquellos años y con los meses el grupo, surgido en Villa Parque creció.
Los vecinos y vecinas crearon la Comisión y hubo elecciones porque el Movimiento Federalista Pampeano (Mofepa) también era fuerte en aquella época. El entonces intendente de Santa Rosa, Ramón Turnes, se comprometió y donó un terreno donde crearon el club.
Mientras tanto, Regazzoli pretendía disputar la gobernación. El candidato del Mofepa, Ismael Amit, era un importante candidato. “El dijo que a Amit lo quería todo el mundo, que era muy bueno y que sería difícil ganar en primera vuelta. Ya tenía previsto una alianza con, por ejemplo, Democracia Cristiana donde militaba Nelson Nicoletti. De esa manera, el peronista ganó”, señaló y para Jorge fue el mejor gobernador de La Pampa, aunque “lamentablemente estuvo dos años y medio. Asumió el 25 de mayo de 1973 y en 1976 lo sacaron. Como peronista, no lo iguala nadie”, sostuvo.
Destacó que Regazzoli visitaba a las familias, les preguntaba qué necesitaban y si tenían para comer. Prometió trabajo a las familias que tenían hijos y con Jorge cumplió. También les prometió una casa y casi la pierden si no fuera por la valentía de Alicia Chaves, una joven empleada provincial de apenas 21 años que atravesó el caos de Casa de Gobierno con policías y militares para rescatar las llaves de las viviendas y entregarlas a sus nuevos propietarios.
Noche oscura.
Amalia y Jorge alquilaban en Villa Parque una casita muy pequeña. Ya eran cinco porque la pareja tenía tres hijos: de diez y de nueve años, más un bebé de ocho meses. “Regazzoli nos prometió que si ganaba nos daba una casita, ganó, pero fue un mal momento porque entraron los militares. Y cómo hacíamos. Pensamos que perdíamos nuestra casa, aún le faltaba la cocina, los picaportes, algunas puertas y no había tiempo”, relató Amalia.
Durante la madrugada del 24 de marzo, Alicia Chaves avisó a cada vecino y entregaron las llaves del barrio. Su vivienda estaba ubicada en México y Lordi, era la número 80, la última del listado. “Nos dijeron que ya teníamos que meternos porque al otro día nos sacaban las viviendas. Tuvimos que apurarnos. Algunos cargaban las cosas con carretillas, otros al hombro, con camionetas. Mi cuñado pidió una camioneta y pudimos traer algunas cosas. Nos quedamos acá sin luz y sin agua”, contó.
“Este barrio no existía”, afirmó la mujer y señaló al otro lado de la calle México. Era todo campo, los caballos caminaban la zona y había una chacra con un tambo. “Las 80 casas estaban solitas”, describió. Pero lo feo comenzó después, con el golpe de Estado. Al barrio llegaron camiones del Ejército y tanques militares. “De noche nos alumbraban con reflectores y nos habían advertido que desde las 20 horas no podíamos entrar ni salir del barrio”, mencionó.
El barrio estaba lleno de “subversivos”. Eso era lo que pensaban los militares y por eso vigilaron la zona por, al menos, 15 días. Después los vecinos pudieron relajarse un poco más, si esa es la descripción que vale.
Viaje eterno.
Pero mientras eso ocurría en Santa Rosa, Jorge estaba en una misión muy importante en Tucumán. “Yo era chofer en el Gobierno provincial y en ese momento no se conseguía azúcar. Es por eso que desde el Ejecutivo mandaron dos camiones de la Secretaría General y uno de Vialidad Provincial a Tucumán para buscar azúcar. El golpe nos agarró llegando a Córdoba”, dijo Jorge.
El camión estuvo varado siete días en Tucumán. “No podíamos salir a ningún lado”, manifestó y recordó los disparos que se escuchaban en cercanías de la ciudad. “Hubo mucho abuso de los militares porque pararon camiones y colectivos cargados de personas, los bajaban, les revisaban todo y les mezclaban hasta la ropa. También vimos que colocaban folletos en sus pertenencias para justificar que se los llevaban”, lamentó.
Cuando logró llegar a Santa Rosa, no encontró a su familia en la casa de Villa Parque. “Llegué a las cuatro de la mañana y el dueño de la vivienda me avisó que nos habían entregado la casa. ‘Ojo, está rodeado de militares’, me advirtió el vecino”, mencionó. Cuando arribó al barrio, presentó todos los documentos y los militares ya sabían que formaba parte de la comitiva pampeana en Tucumán. Afortunadamente lo dejaron entrar. “Fue un momento muy feo porque nos trataban de subversivos y nos dijeron que si alguien salía del horario permitido era hombre muerto”, señaló.
Tras el golpe, Jorge no pudo desarrollar su tarea como chofer durante seis meses. “Después se aclaró y empezamos a laburar”, dijo. Así y todo, era “cabeza dura” -como él mismo se definió- porque la militancia no se terminó con las amenazas de las fuerzas de seguridad. “Nos veíamos a escondidas con nuestros compañeros y en un momento alguien nos dijo que no nos metamos más porque nos iban a desaparecer. Nos quedamos un poco en el molde y después se pasó”, afirmó.
Luego, los vecinos y vecinas tomaron coraje y le pidieron la luz al capitán Luis César Aramburu, por entonces intendente de Santa Rosa. “Vinieron cinco militares en un Falcon, estacionaron en la esquina de casa, se bajaron, nos dijeron que no podíamos vivir así y a los días nos pusieron el alumbrado”, recordó Jorge entre risas.
Barrio y plaza.
El barrio fue denominado Peñi Ruca (“Casa de amigos” en lengua mapuche), pero luego cambió a Aquiles José Regazzoli en homenaje al exgobernador. En la actualidad quedan 16 vecinos que llegaron aquella noche oscura, hace 50 años. Este 24 de marzo, la municipalidad promete un gran homenaje para la zona, no solo con la inauguración de una plazoleta sino también con un emotivo acto.
Artículos relacionados
