“Todos padecimos las consecuencias”
La docente y editora pampeana Ana Silvia Galán presentó ayer “1976. Crónica de un verano en sombras”. A 50 años del golpe de Estado, este relato ubicado en La Pampa concatena episodios de los meses de enero, febrero y marzo que, en escala menor respecto de lo que sucedía en los grandes centros urbanos, eran también el preludio de la noche más oscura que viviría la sociedad argentina en los ocho años siguientes.
En diálogo con Radio Noticias, previamente a la presentación de su libro, la profesora y licenciada en Letras de la Universidad Nacional de La Pampa y magister en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural, Ana Silvia Galán, contó que su libro es una crónica porque la historia contiene un tiempo cronológico y elementos históricos, sociales y económicos de la época.
“Cuando se viven situaciones traumáticas, como lo que ocurrió con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, uno necesita distancia, tiempo y maduración para darse cuenta de eso”, expresó y comentó que inició la escritura de la historia ficcionada hace 10 años. Si bien Galán se desempeñó como editora en grandes empresas del rubro, éstas decidieron no apoyarla en este gran paso que tenía como locación principal La Pampa. “Le mostré el libro a una directora de una multinacional y me dijo: ‘No, hay demasiados libros sobre el Proceso’. Después intenté con algunas editoriales de cuarto o quinto nivel y tampoco tuve respuesta”, recordó.
Fue la editorial Corregidor quien recogió el guante y publicó el libro de la pampeana, el cual se presentó ayer a partir de las 19:30 en la Asociación Pampeana de Escritores (APE), en Víctor Lordi 73.
La historia.
En la entrevista, Galán contó que cuando comenzó a escribir el libro -hace 10 años- se dio cuenta que había “sensaciones muy presentes, a flor de piel” y que durante mucho tiempo mantuvo “esa sensación de agobio, de espera muy temerosa de lo que podía pasar, la misma atmósfera que se vivió en esos meses, desde fines de 1975”.
La historia de la crónica transcurre en La Pampa y la protagonista tiene 19 años. “Puede ser mi alter ego”, destacó la editora. Esa joven vive dos realidades: como empleada pública y como estudiante. En este último rol mencionó que vive “situaciones muy especiales” desde 1974 y 1975.
“Por ejemplo, después de la intervención de las universidades nacionales en octubre de 1975, en la Facultad de Ciencias Humanas ‘desaparecieron’ algunos profesores. Cuando nos fuimos a inscribir para rendir los exámenes de diciembre, no estaban más. ¿Qué había pasado con ellos? Esa fue una de las primeras señales. A nivel de los alumnos, nosotros no sabíamos dónde estaban y el desconcierto era mayúsculo”, recordó. También mencionó que su plan de estudios en la carrera de Letras cambió en 1975 y en 1976. “Fue un momento transformador y traumático en muchos sentidos”, sostuvo.
Aquel verano, según recordó la docente, “había acumulado esa atmósfera densa” y explicó que “los golpes de Estado anteriores no habían sido anunciados, llegaban los militares, sacaban los gobiernos democráticos del poder y ya. Pero este fue esperado, la sociedad estaba un poco cansada de la anarquía que se vivía y entonces nadie sabía cuándo iba a pasar. Se creó una sensación muy angustiosa”.
Iglesia y Ejército.
La historia de “1976. Crónica de un verano en sombras” comienza con un casamiento familiar en un pueblo pampeano, donde había integrantes de la Iglesia y del Ejército. “De las Fuerzas Armadas en general no había dudas porque entendíamos cómo procedían, pero no sabíamos tanto de la connivencia con la Iglesia. Si bien a grandes rasgos siempre se supo, lo que no se sabía era cómo actuarían los miembros de la Iglesia en lugares chicos como Santa Rosa. De esos ‘salvajates’, como describió Estela de Carloto, se habló después”, comentó.
Para Galán, la dictadura en La Pampa se vivió “en una escala menor” a lo que sucedió en grandes ciudades. “Pero lo vivimos igual y lo que yo no había comprendido es que el daño fue idéntico, nadie salió indemne, todos padecimos las consecuencias de ese momento y causó traumas”, afirmó. Sostuvo que su crónica “puede ser un testimonio importante” al tomar la voz de “una chica de 19 años, un tanto ingenua, inmadura e incrédula”.
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