¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones:

Martes 24 de marzo 2026

Una invitación a la biodanza

Redacción 24/03/2026 - 00.09.hs

La biodanza se institucionalizó como complemento de las ciencias de la salud. Rosanna Aimetta ofrece encuentros gratuitos “para reencontrarnos con nosotros mismos y los demás”.

 

FLAVIO FRANGOLINI

 

“La biodanza provocó en mí una transformación personal y ahora formulo una invitación a la comunidad pampeana para compartir esta herramienta en forma gratuita, sin costo, porque mi intención es difundir la biodanza, como hizo Rolando Toro viajando por toda Latinoamérica”. Para llevar adelante su propuesta, Rosanna Aimetta decidió “empezar por mi aldea, que es el conurbano Santa Rosa-Toay. La idea es compartir la posibilidad de reencontrarnos con nuestra propia existencia y con otros seres humanos que nos rodean, y aprender a reconectarnos con el placer, la hermandad y la lealtad a través de un grupo de personas amorosas y vinculadas”. La cita es cada viernes, a las 15, en el Espacio Ananda, en Avenida Perón 4.353 (inscripciones por WhatsApp al 2954-609903).

 

Rosanna se graduó como “facilitadora” luego de cuatro años de formación en la Escuela de Biodanza de Punilla (Córdoba). Hace unos años, ya superado el umbral de 50 inviernos, empezó “a buscar una actividad que no exigiera demasiado esfuerzo físico y sirviera de trabajo para el resto de mis días. Un amigo que deambulaba entre Brasil y Argentina me contó que muchos brasileños y brasileñas mayores practicaban biodanza y se mantenían muy bien. Tanto me hablaba de la biodanza que salí a buscarla, para ver si en ella encontraba una tarea que descansara sobre patrimonio intangible, es decir que no importara la remuneración sino que sirviera como servicio a la comunidad”.

 

Un día apareció la oportunidad de “viajar a Córdoba junto a cuatro amigas, para pasar un fin de semana y participar del Seminario de Tipologías y Biodanza, dictado por Estela Piperno, directora de la Escuela en Tanti. Ella nos propuso empezar la formación y yo fui quien más se entusiasmó. Al principio, me decepcioné un poco porque para desarrollar la formación debía viajar un fin de semana por mes durante cuatro años y no contaba con recursos suficientes para costear la cuota y los viajes”. Pero entonces llegó la pandemia de coronavirus: “en esa escuela implementaron un sistema de formación a distancia y entonces pude inscribirme”, recuerda.

 

De Chile al mundo.

 

Esta actividad, que en Argentina se encuentra aún en etapa de expansión, fue creada y desarrollada durante la década de 1960 por el psicólogo y antropólogo chileno Rolando Toro Araneda (1924-2010). En las décadas siguientes alcanzó relevancia mundial hasta instalarse como sistema complementario de las ciencias de la salud, actualmente institucionalizado en la Federación Internacional de Biodanza.

 

Toro inició su método mientras trabajaba con pacientes psiquiátricos internados en centros de salud mental, con el objetivo de “humanizar sus relaciones y mejorar su calidad de vida” a través de un trabajo “basado en la música, el movimiento integrado y la vivencia”.

 

Este chileno visionario sostenía que la cultura moderna a menudo actúa como un “freno” para la vida instintiva y su propuesta profesional pretendía “devolver al ser humano su capacidad de sentir y conectarse afectivamente con los demás”. Bajo la denominación de Biodanza, hoy su método se practica en todo el mundo, desde Sudamérica hasta Europa y Asia.

 

Según la definición de su propio creador, la biodanza resulta un “sistema de aceleración de procesos integradores, basado en la experiencia vivida aquí y ahora, con plena conciencia corporal y emocional”. Su objetivo principal es “la integración de la persona consigo misma, sus semejantes y el universo, mediante cinco ejes fundamentales: vitalidad, afectividad, sexualidad, creatividad y trascendencia”.

 

En Argentina, uno de los “facilitadores” más reconocidos es Jorge García Cuerva, actual Arzobispo de Buenos Aires, quien durante su experiencia como “cura villero” en la Villa 31 de la CABA (Barrio Padre Carlos Mugica) y otros barrios populares, integró la Biodanza como herramienta de acompañamiento social y espiritual. El sacerdote no la implementó como actividad recreativa, sino como metodología terapéutica para abordar la afectividad y la identidad en contextos de alta vulnerabilidad, fortaleciendo lazos entre vecinos y trabajando especialmente con jóvenes y mujeres.

 

Apoyada en su vínculo entre redes religiosas y movimientos sociales, esa experiencia sirvió como modelo en otros países de la región, impulsada desde congresos y encuentros latinoamericanos donde el hoy arzobispo propuso la biodanza como “herramienta de resiliencia social”.

 

Con acento pampeano.

 

Muchos no lo saben, pero nuestra provincia goza de referentes importantes en la biodanza. Aunque la única facilitadora activa en el territorio es Rosanna Aimetta, podemos rescatar a Viviana Peralta, quien desarrolla su actividad en Mar del Plata; Sofía Sanfeliú, que vive en Jujuy, y Analía Romani, una reconocida facilitadora en la región de Cuyo, cuya historia personal y profesional está profundamente ligada a la familia de Rolando Toro.

 

A sus 70 años, Analía resulta una figura clave en la comunidad de biodanza de Mendoza, donde organiza talleres y grupos aplicando “la metodología de la vivencia” y manteniéndose fiel al modelo teórico original de Toro.

 

Otra personalidad importante es Rita Bustillo, ex legisladora provincial y nacional. Tras su paso por la función pública, Bustillo se mudó a la Ciudad de Buenos Aires, donde se dedicó a la biodanza hasta alcanzar el título de “facilitadora didacta”, grado avanzado del Sistema Rolando Toro (SRT) que no solo permite dar clases, sino también supervisar a facilitadores en formación.

 

Movimiento.

 

La biodanza se desarrolla en clases o sesiones semanales de una hora, durante las cuales se combinan “el movimiento, la danza y el encuentro humano a través del juego, las miradas, la risa y las sonrisas, en un ambiente cuidado y protectivo”.

 

“No es un desarrollo místico sino un método que se trasmite mediante la formación académica, con fundamentos basados en corrientes filosóficas y psicológicas de los últimos 300 años y antecedentes de arquetipos griegos, romanos e hindúes”, agrega. Mientras prepara su próxima clase, Aimetta sugiere que “la biodanza nos invita a salir de la mecanización impuesta por un estilo de vida alienante e ingresar en la plenitud existencial, donde un factor primordial para la revelación de nuestra identidad es el encuentro con el otro”. Al fin de cuentas, “los seres humanos somos piezas únicas de la ingeniería cósmica y vale la pena conocernos, amarnos y compartirnos”.

 

'
'