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Miércoles 25 de marzo 2026

A los 91 años, salió elegida como la más lectora por tres años consecutivos

Por Redacción 25/03/2026 - 18.08.hs

La soledad puede atravesarse de distintas maneras y una de ellas puede ser la lectura. Los libros abren la puerta a mundos insospechados y fantásticos que logran hacer volar la imaginación a lugares lejanos, de otros tiempos, y donde cualquier cosa es posible. 

 

Estos mundos pueden convertirse en una escapatoria para los lectores, aunque también se puede acceder a esos universos por el solo placer de leer. Leer por el simple hecho de encontrar placer en esa acción. 

 

Algo de eso debe encontrar Alcira Machado, una mujer de 91 años que vive en el Valle Medio de la provincia de Río Negro y desde que murió su esposo, hace ocho años, la lectura se convirtió en su principal hábito. 

 

Se podría decir que vive para leer. Los libros son la compañía donde encuentra refugio. En una entrevista con el diario Río Negro, Alicia explicó que la literatura le posibilitan continuar “despierta de mente”. 

 

Lee como si fuera una obligación, una necesidad como respirar. Todas las noches, antes de dormir, abre algún libro. Aprendió a leer desde chica, en la escuela primaria, y casi no paró más. No pudo terminar el nivel secundario, pero no abandonó la lectura. 

 

La más lectora

 

En el 2025, Alcira fue distinguida por la Biblioteca Popular “Pablo Pizzurno” como la persona más lectora del año. Esta distinción la ganó por tres años seguidos. Los registros de la institución indicaron que retiró 114 libros el año pasado. 

 

La biblioteca es su segunda casa, según describe la nota del diario Río Negro. Concurre una vez por semana, regularmente, para devorar todas las historias, personajes y enseñanzas que esconden los libros en sus páginas. 

 

Una de sus autoras favoritas es Florencia Bonelli: “Todavía estoy esperando que escriba otro libro”. 

 

En el mismo tono, aclara que no busca romper records ni nada que se le parezca, solo que le encanta leer. “No es una carrera. Es que se me terminan y no puedo acostarme sin leer”, dice, jocosamente. 

 

A flor de piel

 

Alcira vive cada historia que lee como si fuera la suya propia o como si tuviera algún rol protagónico. Se identifica con los personajes, sufre, se emociona por lo que sucede. “Me llena el alma”, define. 

 

Algo de responsabilidad debe tener la literatura para que esta mujer de 91 años siga siendo independiente. No solo se entretiene con los libros, sino que ejercita la mente y encuentra compañía en la soledad de una manera activa. Alcira vive sola, tiene su propio vehículo y renueva el carnet todos los años. Asegura que todos los domingos viaja a Choele Choel para almorzar con una de sus hijas. 

 

Su historia

 

La vida de Alcira es una historia en sí misma que merece ser contada, y hasta escrita. Según ella, si alguien se decidiera a hacerlo “sería una novela de 700 páginas”, en relación a todo lo que hizo. 

 

Nació en la localidad de Río Colorado el 21 de septiembre de 1934, pero a los 10 años se mudó con su familia a Choele y luego a Bahía Blanca. En la ciudad bonaerense se casó en 1957 y al año nació su primera hija, a la que le seguiría tres hijos más. 

 

El paso de los años la llevó a Luis Beltrán, pueblo donde se radicó y continúa viviendo. Fue la primera mujer taxista de la región y con su esposo emprendieron un negocio gastronómico mientras criaban a su familia. 

 

“Con mi marido siempre fuimos trabajadores autónomos. Tuvimos un negocio de comidas, después un bar y restaurante. También taxi, y fui la primera mujer taxista en la zona”, relata. 

 

La familia, el trabajo y la vida cotidiana de su juventud la obligaron a dejar de lado su pasión por la lectura durante muchos años. “En el tiempo que crié a mis hijos ni pude dedicarme”, rememora, dejando en claro que su deseo siempre quedó latente. 

 

Una vez que esa etapa quedó atrás, los chicos crecieron y emprendieron sus propios caminos, Alcira recuperó el tiempo para dedicarse a leer todo lo que quisiera. “Son pocos los autores que me quedan sin leer”, expresa, en referencia a que no le queda mucho para terminar con todos los libros de la Biblioteca Pizzurno. 

 

 

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