Falleció un perro que era compañero de toda una ciudad
La comunidad lo había adoptado como propio, pero de todos. Durante más de 10 años fue un compañero de marchas, manifestaciones, de estudiantes y toda persona que necesitara unos mimos.
Tenía 21 años, una edad perruna muy avanzada, aunque con esa vida que para los humanos puede parecer muy breve le alcanzó para ganar el corazón de toda la ciudad de San Luis. Se llamaba Cabezón y su deceso causó hondo pesar en quienes llegaron a conocerlo.
Gabriela Pedernera, según una nota del portal El Chorrillero, fue la mujer que lo cuidó a lo largo de la última década y lo asistió en la última etapa de su vida, cuando estaba muy delicado de salud.
A través del perfil de Facebook Cabezón-cannabis, osito, ella misma informó hace unos días que su mascota había fallecido.
"La verdad no sé cómo encabezar esta publicación. Cabezón decidió partir, si, nos dejó el grandote, fueron meses complicados, pero la peleó, batalló contra todos los cambios que su cuerpito le presentaba, hasta que ya su cuerpo no tenía fuerzas", escribió.
Mientras pudo, Cabezón fue un actor trascendental de la cotianeidad de la capital puntana. Aparecía por la plaza Pringles, se paseaba por los bares de la avenida Illia, descansaba acostado entre grupos de estudiantes y se sumaba a toda marcha o evento que se cruzara.
Su cariño y presencia lo quitaron el mote de perro callejero y todo el mundo empezó a conocerlo como Cabezón. Había aparecido en la vida de Gabriela poco tiempo después de que la mujer perdió a su perra que la había acompañado durante 12 años.
Se conocieron en la misma plaza Pringles, mientras ella estaba sentada, él se acercó, se sentó a su lado y le dio la mano. “Cuando Cabezón te daba la mano, ya te robaba el corazón”, explicó Pedernera.
Para mucha gente, Cabezón fue un perro arcoíris para Gabriela. Así se denomina a los animales que llegan a la vida de una persona justo después de que sufre una pérdida muy dolorosa y le dan la posibilidad de volver a querer.
Tenía otros dos nombres con los que lo habían bautizado en otros lugares por los que solía andar. En algunas zonas podía ser “Cannabis” y en otras “Osito”. “El siempre necesitó estar en medio de la gente”, indicó la mujer, que nunca tuvo que preocuparse por si perdía porque cuando aparecía en algún nuevo lugar las mismas personas le avisaban a Gabriela.
“Marcha contra Cristina, marcha a favor, pañuelos verdes, pañuelos celestes… él estaba en todas”, rememoró Gabriela sobre su perro que llegó a convertirse en un personaje habitual de la ciudad y su forma de ser hizo cambiar de pensamiento a mucha gente que tenían una posición negativa sobre los perros callejeros.
“Me gustaría que lo recordaran como lo que él fue: un gran compañero de la gente”, se esperanzó Gabriela, que lo cuidó hasta su último suspiro.
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