Fueron despedidos y se quedaron a vivir en la fábrica con sus familias
Un grupo de 15 familias está viviendo en las instalaciones de lo que hasta hace pocos meses era un frigorífico y su medio de vida, pero los hombres fueron despedidos y ante la imposibilidad de seguir pagando el alquiler decidieron mudarse allí con sus parejas e hijos.
Están viviendo en ese lugar desde hace más de 130 días, según un artículo periodístico del diario Página 12. La situación se da en lo que era el frigorífico Euro, ubicado en la localidad de Gobernador Gálvez, unos pocos kilómetros al sur de Rosario.
En octubre, la empresa paralizó su producción y 140 empleados quedaron con una incertidumbre total acerca de su futuro. En noviembre ya no cobraron más sus sueldos y ante la desesperación de no poder pagar el alquiler, 15 familias decidieron convertir las oficinas y espacios donde antes trabajaban en un hogar. La medida, en un principio, fue para resistir ante el cierre de la compañía, pero luego pasó a ser su forma de subsistir.
De día, los más chiquitos usan las mesas y escritorios para jugar a las escondidas o divertirse haciendo uso de la imaginación. De noche, esos mismos elementos se convierten en sus camas.
La mayoría de los despedidos son hombres, pero también hay mujeres. Fabiana Carabajal es una de ellas. “Al principio, a la nena le costaba vivir acá pero ahora ya se hizo amiga de los hijos de otros compañeros y eso, para mí, es un alivio”, contó ante Página 12. Fabiana tiene 41 años de edad y trabajaba en Euro desde hacía 20 años, se fue a vivir en la empresa en noviembre cuando se quedó sin su ingreso económico.
“Es difícil porque no tenemos la comodidad de nuestra casa y se complica hacer la tarea. A los chicos les calentamos el agua con la pava para que se bañen. Es difícil porque toda mi vida trabajé para mis hijos, no les hacía falta nada, y de un día para otro tuve que empezar a decirles que no”, expresó.
Otra de las mujeres que habita allí es Lucía Gómez, nuera de Fabiana. Ella tuvo una hija, Isabella, con Claudio que es hijo de Fabiana y también se desempeñaba como operario del frigorífico. Lucía sale todas las mañanas temprano a su trabajo en una pescadería y vuelve casi 12 horas más tarde. “Las deudas ya pasaron a segundo plano, antes estábamos preocupados para ver cómo pagábamos, pero ahora lo importante es conseguir el plato de comida”, contó.
Todos, hombres y mujeres, se las rebuscan para parar la olla. Lavan autos, manejan un Uber, cocinan y venden tortas fritas y asadas, rosquitas, cortan pasto, cuidan personas enfermas, limpian casas, cualquier "changa" es útil. Todas las tareas se comparten dentro de esta comunidad creada en el ex frigorífico, incluso la crianza: cuando las mujeres salen a trabajar en las mañanas, los hombres se hacen responsables de cuidar a los nenes y al revés cuando los que tienen que salir a trabajar son los varones.
Esperanza
Euro tenía 400 empleados en el 2024, pero el año pasado hubo distintas tandas de despidos y quedaron 150. La situación se agravó desde el momento en que tomaron posesión de la empresa sus nuevos dueños, Guillermo y Nicolás Salimeni, que habían compartido la dirección de la firma con el Grupo Lecchio, propietarios originales. Los Salimeni empezaron a reducir la planta de personal mediante el ofrecimiento de retiros voluntarios que eran irrisorios.
“Yo creo que estaban especulando con la reforma laboral para reabrir la empresa con las mismas personas pero sin antigüedad y con otras condiciones”, consideró Walter Navarro, delegado paritario del Sindicato de la Carne.
Los dueños del frigorífico anunciaron el 31 de octubre de 2025 que paralizarían la producción por 15 días a causa de la situación económica del país. Sin embargo, días más tarde se empezaron a llevar máquinas y no pagaron los sueldos. Ante esto, los trabajadores tomaron las instalaciones.
Actualmente están a la espera de que se resuelva el conflicto. Según Página 12, se están desarrollando conversaciones entre los Salimeni, el intendente de Gobernador Gálvez, Alberto Ricci, el sindicato e inversores que están interesados en alquilar el lugar y retomar la actividad.
La industria frigorífica es uno de los sectores que más está sintiendo las consecuencias de la política económica que se viene aplicando hace dos años en Argentina. La faena nacional alcanzó en febrero 924.000 cabezas, lo que representa una caída del 9% con respecto a enero y del 11% frente al mismo mes del año pasado.
Los más viejos
“Cuando abrió, todos veníamos en bicicleta. Vos veías que estaba lleno, pero a raíz del trabajo nos fuimos comprando, primero, una motito y, después, un autito usado. Entre el 2009 y 2011 llegamos a ser 850 personas. Ahí, el bicicletero quedó vacío”, recordó Walter Navarro, de un modo gráfico cómo fue la evolución económica de los trabajadores del lugar a lo largo de los años. Walter trabaja en el frigorífico de Gálvez hace 23 años.
Otro empleado antiguo es Ángel Ortíz quien cumplió funciones en la empresa durante 36 años. Tiene 62 de vida y le faltaba poco para jubilarse cuando los dueños decidieron parar la actividad. Detalló que antes el lugar funcionaba las 24 horas y había tres turnos de trabajo.
Aunque no vive en la fábrica, se acerca allí todos los días después de llevar a su hija al colegio. Subsiste gracias a la ayuda de su hija mayor y su yerno. “Voy a la casa de ellos a comer con mi hija. Con la edad que tengo no consigo nada. Yo ya me tendría que haber jubilado, pero como la empresa no me categorizó como insalubre sigo acá”, indicó.
Es devoto del Gauchito Gil, al que se aferra con la esperanza de que pueda salir adelante laboralmente y también con la operación que espera hace tres años para su hija de 14 años que padece un tumor en la cara.
Los deseos y la actitud de Ángel resume los pensamientos de todas las personas que están conviviendo en el frigorífico. En un contexto realmente precario, no dejan de perder la fuerza para pelearle al destino y volver a tener la dignidad del trabajo para poder poder pagar el alquiler y la comida de todos los días.
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