INTA: alarma por un nuevo recorte presupuestario
En la decisión Administrativa DA-2026-20 se contempla que haya un recorte de 45 mil millones de pesos al INTA según una readecuación general vinculada al presupuesto 2026. En este contexto, los investigadores y el personal de la estación experimental que se encuentra ubicada en Balcarce destacaron el impacto que tiene esta decisión en los proyectos productivos, en el mantenimiento y en la investigación aplicada.
Balcarce se encuentra en alerta
Con respecto a lo informado por las fuentes oficiales y las sindicales del INTA, el organismo en la actualidad tiene cerca de 5.700 empleados en convenio, serían aproximadamente mil menos que en el comienzo de la actual gestión.
La Estación Experimental Agropecuaria Balcarce, es un punto clave para que se se lleve adelante la investigación agrícola y ganadera asociada a la región. Es una planta que tiene a 239 trabajadores y ya en 2024 al menos doce empleados habrían aceptado que se les aplicara el régimen de retiro voluntario.
En este marco, los trabajadores y los investigadores que conversaron con el medio La Vanguardia de Balcarce indicaron que es preocupante la capacidad operativa del INTA sobre todo para que se puedan llevar adelante proyectos de transferencia tecnológica, también ensayos de campo y la asistencia técnica para los productores. “Un recorte de esta magnitud impacta en contrataciones, mantenimiento de infraestructura y en insumos para ensayos de campo. Son proyectos que requieren continuidad; un año sin evaluación puede significar la pérdida de una campaña y datos irreemplazables”, dijo uno de los técnicos de Balcarce.
Con respecto a lo publicado por la Agencia Dib, el temor central se divide en tres efectos inmediatos: puede ser la suspensión o la demora en el desarrollo de programas de largo plazo, en la reducción de asistencia técnica a los productores y los cortes en cuanto a la reposición de insumos y a los materiales esenciales para todas las estaciones experimentales.
En Balcarce, donde se realizan ensayos a distinta escala, advierten que la falta de recursos puede traducirse en parcelas sin seguimiento, imposibilidad para contratar personal de temporada y menor capacidad de respuesta ante plagas o emergencias fitosanitarias.
“No sólo se pierde mano de obra: se pierde conocimiento local y vínculos con productores que llevan años construyéndose”, indicó un dirigente del gremio.
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