Las mujeres que salvaron a quince bebés en medio de la inundación
Un año pasó de la inundación que golpeó a Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires. Fue un día muy triste y difícil para la localidad, las lluvias no cesaban, el agua subía y el caos no daba tregua. En ese contexto, también se inundó el Hospital Penna, el subsuelo, y toda el área de Neonatología.
A veces no hay tiempo de frenar y ponerse a pensar. Fue así, como en plena madrugada, dos médicas y once enfermeras tuvieron que dejar de lado sus miedos y reaccionar con velocidad para salvar a los quince bebés prematuros que estaban ahí internados. Toda una historia de valentía, de profesionalismo y de mujeres fuertes, va a decir La Nueva.
Las heroínas
La Agencia DIB, publicó los testimonios de estas heroínas, que no solo salvaron a esos bebés ese día, sino que también lo hacen diariamente. Todos los días ponen el cuerpo y el corazón para acompañar y cuidar: “Soy enfermera desde 2007. Trabajé en otra institución y en el Penna ya hace 11 años que estoy en Neonatología. Recuerdo que cuando comenzó a inundarse el sector del subsuelo yo ya había terminado mi jornada laboral, que es de 24 a 6, al igual que mis compañeras. Pero no pudimos volver a nuestras casas con nuestras familias: nos quedamos a evacuar a los bebés hacia algún lugar seguro. Estaba todo oscuro y nos alumbrábamos con los celulares. Solo sentíamos el agua en nuestros pies. Llamamos a las mamás que estaban en la residencia de madres, porque esa noche había 16 bebés pero no todas las madres estaban presentes", dijo Luciana Marrero.
Se detiene, respira y sigue: “No estábamos preparados. Nunca pensamos que iba a inundarse de esa manera, al igual que todo Bahía Blanca. A algunos bebés los llevamos a la residencia de madres y a otros a una habitación de pediatría, ambos lugares en pisos más arriba. Nosotras mismas sacamos a los bebés hacia otro sector del hospital, entre ellos una bebé que pesaba poco más de un kilo".
En ese momento, según el testimonio de Luciana, se acuerda de que eran once enfermeras y dos médicas las que estaban a cargo y se encontraban trabajando en el sector de Neonatología del Hospital.
La orden fue de ellas, tuvieron que tomar la iniciativa sin mediación de ningún protocolo. Evacuar. Esa era la premisa. Salvar a los bebés. "Solo vimos que estaba entrando agua y no dudamos un segundo en evacuar a nuestros pacientitos. Con mis hijos por momentos estaba comunicada, por momentos se dificultaba, pero siempre confiando en que ellos iban a estar bien". Luciana tiene 4 hijos: Tomás de 21, Lautaro de 17, Santina de 14 y Abril de 10. Y ese día, estaban solos".
Luciana contó que ese día, su hijo Tomás ayudó a sus hermanos a salir de la casa hasta una parte que se encontraba más alta, porque el agua entraba rápido y llegó a 1,50 metros. Lautaro, otro de los hijos, esa noche se había quedado en la casa de un amigo y esa familia también tuvo que evacuar. Los hijos de Luciana estaban solos, porque su marido se había ido a trabajar a las 5 am. Recuerda la angustia y también recuerda la felicidad de saber que todos sus hijos estuvieran salvo.
El milagro: Amely
Cuando todo era caos e incertidumbre, a eso de las 16 horas, el jefe del servicio, llegó con su vehículo particular para trasladar a una mamá con su bebé que había nacido con 27 semanas de gestación.
"Llegamos hasta cierto lugar y no podíamos pasar por el agua. Después vino una ambulancia que tampoco pudo seguir destino y finalmente un camión del ejército: ahí sí pudimos llegar a la clínica de Osecac, donde continuaron la internación estos bebés. Los otros fueron trasladados más tarde, primero los más complejos. Para mí las cosas se hicieron muy bien de parte nuestra y de todas las personas que nos brindaron una mano. Tengo compañeras que se vinieron a la tarde con el agua hasta el pecho para poder relevarnos. Somos un gran equipo y de eso no hay dudas. Todos nuestros pacientes llegaron a destino, se salvaron todas esas vidas que teníamos en internación. Lamentablemente tengo muchas compañeras que han sufrido secuelas post inundación y que no han vuelto a trabajar en Neo y la verdad es que no cambió nada, porque en el Hospital nos ubicaron en el mismo lugar que estábamos, en el subsuelo. Pero también entiendo que debe ser muy complicado y costoso construir algo desde cero”.
Hay una foto en donde se ven los enfermeros, médicos y el ejército mientras escapaban del hospital con la pequeña Amely adentro de la ropa. La imagen representa la entrega y el coraje y el instinto de proteger la vida por sobre todas las cosas. "Esta foto fue la postal de la esperanza: la certeza de que, incluso en medio del agua y el miedo, había manos firmes y corazones dispuestos a salvar vidas".
El agradecimiento de una mamá
Saira sonríe junto a su hija que el 15 de febrero cumplió un año. Amely nació después de un embarazo complicado. "El 7 de marzo, yo estaba en mi casa, eran cerca de las 9 de la mañana y me llega un video de la Neo toda inundada. La primera incubadora que estaban sacando era la de Amely. Me asusté muchísimo, me agarró un ataque de nervios. Mi mamá no me podía calmar", dice Saira todavía con angustia.
Amely nació prematura, de 27 semanas y pesaba solo 940 gramos. "Estuvo 15 días con respirador y después con CPAP, oxígeno. Estaba mal, no tenía esperanzas de vida, me habían dicho pero a mí lo que me sirvió mucho fue aferrarme a Dios, nunca creí que no iba a sobrevivir. Llegué al Penna a las 5 de la tarde y ahí me dijeron que mi bebé ya no estaba, que a las 4 la habían trasladado. Lloraba. No entendía nada. No sabía qué era Osecac, me imaginaba que era Buenos Aires. Entonces el director de la Neo con otra enfermera frenaron una camioneta que nos trasladó hasta Sarmiento, pero no se podía pasar. Nos dejaron ahí y empezamos a caminar. Llegó mi tía y mi tío, pudimos hacer una cadena para pasar porque la corriente estaba terrible. Llegamos embarradas, mojadas. Me dijeron que la podía ver, pero tenía que cambiarme. Ese día fue la primera vez que la agarré en brazos. Fue lo mejor que me pasó, sentía que necesitaba ese reencuentro".
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