Se vendió el histórico Parador Ariston y empieza su restauración
Para que cualquier cosa suceda, primero hay que hacer algo. Después de que estuviera más de tres décadas abandonado, a partir de ahora, el histórico Parador Ariston de Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, va a empezar con un profundo proceso de restauración integral.
El edificio, que se construyó durante 1947 con la proyección del arquitecto húngaro-estadounidense Marcel Breuer. Después se convirtió en una de las obras históricas más emblemáticas de la arquitectura moderna que se encuentran en nuestro país. Además, fue declarado Monumento Histórico Nacional en el año 2019. Ahora lo adquirió la firma Parador Ariston S.A. que, con profunda alegría, anunciaron que comienzan con un proceso de restauración integral.
El emblemático edificio se encuentra ubicado en el km 12 de la Ruta 11, en lo que sería el barrio La Serena. Al edificio del Parador Ariston se lo puede reconocer con facilidad por la estructura elevada que tiene sobre cuatro pilares. Además, su planta es conocida por tener la forma de un trébol.
Según la publicación de La Capital, el Parador Ariston fue, durante muchas décadas, uno edificio símbolo de vanguardia arquitectónica que se encontraban frente al mar. Más tarde, como todo lo que suele suceder con aquello que vio la gloria, se convirtió en una postal de abandono.
Ìcono del Movimiento Moderno
El Ariston se inauguró el 11 de febrero de 1948 y fue diseñado por Breuer, que era una figura muy destacada del Movimiento Moderno y exdocente de la Bauhaus. Además, contó con la colaboración de dos reconocidos arquitectos argentinos: Eduardo Catalano y Carlos Coire.
El diseño del Parador tenía conceptos que para la época eran verdaderamente revolucionarios: planta libre, fachada independiente, amplias superficies vidriadas y una estructura de hormigón armado elevada sobre pilotis. Desde la Agencia DIB, indicaron también que el salón principal ofrecía una vista panorámica preferencial de todo el horizonte del mar y de las dunas. Se integraba el paisaje natural con la arquitectura del edificio. En ese momento constituía una propuesta inédita en la costa atlántica.
En los años ‘50 y también en los ‘60, funcionó como confitería, restaurante y salón de baile. Era un punto de encuentro social, un lugar privilegiado durante el auge turístico de Mar del Plata.
Pero todo lo que sube tiene que bajar, y del brillo pasó al deterioro.
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