Un drama con final feliz

Redaccion 16/10/2021 - 21.07.hs

Los pampeanos tuvimos durante esta semana un adelanto de la Fiesta Nacional del Teatro, pero representada en tiempo real. Con tres escenarios alternativos, como toda obra que se precie de tal, esta trilogía nos hizo pasar por todos los estados: la sorpresa, la indignación, el llanto, la impotencia y un final feliz que trae alivio y esperanza.
Todo comenzó el jueves por la mañana en el Concejo Deliberante de Santa Rosa. Lo que parecía un mero formalismo, con el pedido de autorización para contrataciones directas de parte del oficialismo, terminó en un escándalo que se podría haber transformado en «vergüenza nacional».
Es que los ediles opositores, a tono con el tema teatral, parecieron decididos a representar una versión local de «Los miserables». Es decir, se pusieron en contra de la iniciativa, fundamentada en las especiales características del evento, con el exclusivo objetivo de poner «palos en la rueda». Con guión impuesto desde el centralismo porteño, que ordena oponerse a todo a nivel municipal, provincial y nacional, cumplieron con su papel y trabaron la realización de la fiesta.

 

Flojos antecedentes.

 

De todos modos, su participación dejó mucho que desear: no hay que olvidar que los jefes políticos a los que responden no ayudan a la causa que enarbolan, basada en llenarse la boca hablando de la «institucionalidad».
Pasa que para rechazar la propuesta oficialista sacaron a relucir el discurso de la «transparencia» y el «respeto a la ley». Pero resulta que algunos de los ediles tienen como máximo referente a un «domador de reposeras» que acumula causas y procesamientos varios. Además, su vínculo con la cultura es casi nulo: durante su gestión achicó estructuras y presupuestos. La única manifestación vinculada con el tema tiene que ver con una confesión: dejaba de trabajar como presidente a partir de las 19 para desconectarse de la realidad del país y ponerse a ver Netflix.
Otros concejales opositores tienen como presidente del partido a un ex gobernador de una provincia vecina que le robó un río a La Pampa. Durante su mandato desconoció los fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que le ordenaba soltar agua para reparar un histórico daño ambiental.
Y por último, el voto restante responde a una fuerza local con un jefe político que suma fallos en contra por no haber respetado leyes municipales y provinciales.
Todos ellos, con esos antecedente sobre sus espaldas, son los que hablaron del respeto a las normativas vigentes para no autorizar contrataciones directas específicas. Y lo hicieron mostrando una sobreactuación tan poco creíble que si se presentaran en la Fiesta del Teatro solo cosecharían abucheos del público.

 

Más obras en tiempo real.

 

En la misma jornada, casi como una improvisación teatral, subió a escena algo parecido a «Sensatez y sentimiento». Los actores reaccionaron rápido, pero cuando casi todos pensaban que como principales afectados lanzarían un discurso encendido, absolutamente entendible, basado en la larga parálisis que sufrió la actividad, pusieron esa cuota de madurez que no mostraron los concejales opositores.
Los teatreros pidieron «sentido común», «algo de empatía» con la situación que están viviendo y que se buscara una rápida solución para el bien de la mayoría.
En el mismo sentido se manifestaron los representantes de los sectores de la hotelería y de la gastronomía. Ellos también vienen de sufrir todas las consecuencias de la pandemia y esta fiesta representa un «volver a vivir» en todo sentido, un retorno a una especie de «vieja normalidad» en la que nos movíamos antes del Covid.
Pocas horas después, en el Centro Cívico, terminó subiendo a escena la última obra, que bien podría llamarse «El pacificador». Por sobre las normativas municipales, el gobernador terminó imponiendo su autoridad y todos los recursos administrativos para sortear las trabas opositoras y garantizar la realización de la fiesta.
Pero no hay que olvidar que nada pasa porque sí nomás. En medio de un proceso electoral, todas las miradas están puestas en la elección pampeana, catalogada desde Buenos Aires como «clave» para el futuro del gobierno nacional. Por eso no parece casual la «oposición salvaje» que buscó en este caso mostrar el fracaso en la organización de una fiesta nacional, justamente en Santa Rosa. Por eso el gobernador, tras los anuncios, dejó en claro que los opositores «no pudieron lograr la suspensión».
Quedará para la historia el recuerdo de esta trilogía teatral con un claro mensaje: para jugar a fondo con el objetivo de frustrar una fiesta nacional, a los que están en contra de los intereses del pueblo no les quedó otra alternativa que sacarse las caretas.

 

DANIEL ESPOSITO

 

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