En el cielo y con diamantes

Redaccion 23/10/2021 - 21.36.hs

La NASA acaba de lanzar al espacio una misión robótica que durante unos 14 años estudiará un grupo de asteroides llamados «troyanos», que orbitan en ese extraño lugar donde la gravedad del sol y de su planeta más grande, Júpiter, son casi equivalentes. La misión ha sido calificada como «arqueológica», ya que procurará averiguar, entre ese montón de escombros planetarios, cómo fue el origen del sistema solar. En el centro de la misión se encuentra un sofisticado robot explorador bautizado con el simpático nombre de «Lucy».

 

Fósil.

 

Según los ven los astrónomos, los asteroides son fósiles cósmicos, testigos mudos de cómo fue que se formó nuestro sistema de planetas alrededor del sol. Como los cacharros rotos y las herramientas en los sitios arqueológicos, lo que quedó luego de construidas las pirámides.
Se encuentran en un lugar oscuro del universo, por lo que sólo diez mil de ellos -entre un millón que se estima existen- han sido identificados. Nunca una nave terrestre visitó esta parte del espacio, y está previsto que Lucy haga un estudio detallado de un total de seis asteroides, uno de los cuales tiene una pequeña luna que lo orbita.
El robot explorador, del tamaño de un auto, está dotado de dos paneles solares circulares que le proveerán de energía durante su misión. También cuenta con un par de telescopios/termómetros, que le permitirán fotografiar la superficie de estos cuerpos celestes para detectar su composición química, su radiación, y determinar su posible origen. También se prestará atención a los cráteres que muestren las superficies de estos cuerpos, lo que podría también dar pistas sobre su procedencia y antigüedad.
Como ya se ha intentado antes, Lucy llevará consigo un panel donde se incluyen distintas frases, textos literarios y fragmentos de canciones, para que algún futuro explorador espacial (quizá nuestros descendientes, quizá unos alienígenas de forma inimaginable) conozcan las distintas formas de expresión humana. Por supuesto, casi todos esos textos están en inglés, pero los hay también en español, y hasta en turco (un fragmento del premio Nobel Ohran Pamuk). Entre esos textos hay uno de cada uno de Los Beatles.

 

Nombre.

 

El robot fue nombrado en homenaje a otra Lucy, un esqueleto del homínido más antiguo del que tenemos conocimiento, descubierto en 1974 en Etiopía, África. Curiosamente o no tanto, uno de los asteróides que está previsto estudiar lleva el nombre del arqueólogo que descubrió a Lucy, Donald Johansonn.
Y es aquí donde comienza lo que Jacques Lacan denominaba «cadena de significantes», esos entrelazamientos de sentidos que parecen no tener fin, donde los significantes o signos están referidos a un signo anterior que lo precede, y éste a otro más, sin que parezca nunca arribarse al significado primero y primordial.
Resulta que la Lucy africana, una mujer que vivió hace unos tres millones y medio de años, fue así bautizada por su descubridor en homenaje a la canción «Lucy en el cielo con diamantes» de Los Beatles, que aparentemente sonaba a menudo en el campamento arqueológico. Se trata de un tema de John Lennon, del disco «Sargento Pepper», cuya letra, plagada de referencias a Lewis Carroll, parece relatar una serie de sueños.

 

LSD.

 

La difusión de la canción fue prohibida por la BBC al ser editada, por cuanto se suponía que el título «Lucy in the sky with diamonds» hacía referencia, con sus iniciales, al LSD o ácido lisérgico, una droga alucinógena que era legal en aquel entonces, y que Los Beatles mismos habían probado. Sin negar ese hecho -por cierto, nada raro en la cultura artística de ese momento, y hasta en los experimentos científicos del gobierno de EEUU- Lennon siempre negó que su canción tuviera relación con las drogas. Por el contrario, contaba que la inspiración provino de un dibujo sumamente colorido e irreal (¿psicodélico?) que su hijo Julian había realizado de una compañerita del jardín de infantes.
El precoz Julian Lennon había dibujado a esa niña, que se llamaba efectivamente Lucy, flotando en el cielo y rodeada de cuerpos brillantes, que él entendía eran piedras preciosas, pero bien podrían haber sido astros lejanos.
Cabe preguntarse si ahí se corta realmente la cadena de significantes, o por el contrario habrá otros signos anteriores que se encadenan. Si la primera hipótesis es correcta, entonces, estamos asistiendo a la premonición genial de un infante inglés, de mediados de los años ’60, que avizoró hace más de sesenta años una Lucy que flotaba en el espacio entre cuerpos brillantes.
Los científicos esperan, con esta misión que ha costado casi mil millones de dólares y vaya a saber cuántos avances tecnológicos, sonsacarle a unos peñascos antipáticos y francamente poco estéticos, cuál es el origen del universo. Cabe preguntarse si la respuesta a esa pregunta tan profunda y filosófica no estará más cerca nuestro, en la magia de la imaginación febril de un niño enamorado.

 

PETRONIO

 


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