El derecho a la identidad

Redaccion 25/10/2021 - 21.11.hs

La verdad sobre nuestra identidad nos hace libres y es en esta libertad que podemos ejercerla. La lucha de Abuelas tiene legado y vigencia cotidiana, con cada acto diario que nos conecta con nuestra subjetividad e historia.

 

VICTORIA SANTESTEBAN*

 

Desde 2004, cada 22 de octubre se celebra el Día del Derecho a la Identidad, en homenaje a Abuelas de Plaza de Mayo. A 44 años de su lucha por la construcción de este derecho a saber quiénes somos, 130 argentinos y argentinas apropiadas ilegalmente por la última dictadura cívico-militar ejercen hoy la identidad restituida que tantos y tantas todavía no disfrutan. Como en sus inicios, las abuelas continúan la búsqueda incansable de quienes permanecen en el desconocimiento. La brújula es el amor, siempre.

 

Historia.
Abuelas de Plaza de Mayo nace en 1977, con el objetivo de localizar y restituir a sus familias a niños y niñas desaparecidas durante la dictadura. En esos inicios, la búsqueda que sería histórica se desplegaba con tareas detectivescas de estas mujeres que se alternaban entre juzgados, orfanatos y oficinas públicas en búsqueda de bebés y niños secuestrados junto a sus padres o que habían nacido en cautiverio en las maternidades clandestinas de los centros de detención. Unos 500 niños y niñas fueron «botín de guerra»: entregados a familias de militares, abandonados en institutos como NN o vendidos. En esos primeros momentos, entre los peligros y desafíos que presentaba la búsqueda -como es que los niños no estaban indocumentados sino registrados con identidades falsas- el de identificar genéticamente a nietos y nietas sin contar con los datos genéticos de sus padres importó otra conquista de la lucha: el índice de abuelidad.

 

Hacia mediados de los ochenta, el pedido a la comunidad científica internacional hecho por las Abuelas fue completado por Víctor Penchaszadeh, genetista argentino exiliado en Estados Unidos, que en 1982 las contactó con la genetista estadounidense Mary Claire King quien, con la colaboración de otros científicos, formuló el índice que permite la identificación de nietos a partir de la información genética de sus abuelos. En 1987 el Congreso creó el Banco Nacional de Datos Genéticos que desde entonces garantiza el archivo público y sistemático del material genético de familiares de personas secuestradas y se encarga de esta forma de resolver filiaciones de niños y niñas apropiadas durante la dictadura. De esta forma, en tanto material probatorio, el Banco ha colaborado en los juicios por los crímenes de lesa humanidad, que, como la lucha de Abuelas, son ejemplo pionero a nivel mundial en materia de defensa y reconocimiento de derechos humanos.

 

Identidad.
El derecho a la identidad comprende todos los atributos y características que individualizan a cada persona, por lo que este derecho alcanza otros, como el derecho al nombre, a conocer nuestro origen biológico, y también, desde 2012 en Argentina, el de autopercibir el género. La militancia de Abuelas de Plaza de Mayo hizo a la construcción histórica del derecho a la identidad en Argentina, derecho que antes del 24 de marzo de 1976 no había sido diseñado como tal. Entre la violación espeluznante de derechos que importó la última dictadura cívico-militar, el derecho de cada persona a ser una misma y su derecho a saber quién es fue uno de los masivamente violentados por el terrorismo de Estado. Tal escala alcanzó su vulneración que hasta nuestros días continúa la búsqueda de nietos y nietas a quienes el ejercicio de este derecho fundamental ha sido postergado por más de 45 años. La lucha de abuelas, entre tantas conquistas, hizo que la Convención de los Derechos del Niño de 1989 (que debería tener un nombre en inclusivo) incluyera los «artículos argentinos» que refieren a su registración al momento del nacimiento, a la preservación de su identidad y a la protección contra traslados ilícitos de niños y niñas al extranjero y su retención ilícita allí. Desde 2012, este derecho a la identidad incluye el reconocimiento a la autopercepción de género, como prerrogativa de toda persona a identificarse conforme sus íntimas vivencias respecto del género. La Ley 26.743 de Identidad de Género habilita el autoconocimiento para reconocer sus efectos de manera oficial: la autopercepción de cada persona sobre su género aparece como proceso interno que logra estado público con la garantía estatal de ejercicio del derecho a la identidad de género.

 

Lo personal es político.
Lo más íntimo de nuestro ser se politiza para ejercerse y militarse, para expresarnos y completar el derecho a la identidad. La lucha emprendida por Abuelas hace 44 años tiene vigencia diaria, como pioneras en la construcción de la verdad sobre cada unx de nosotrxs. Los pañuelos blancos y los de todos colores fueron delineando el derecho a la identidad con la completitud y el reconocimiento que alcanzó hasta nuestros días. Que el Estado garantice la verdad y la libertad de ser quienes somos, que reconozca en cada unx el poder de autodefinirnos sin etiquetamientos masivos y despersonalizados es por fin, conquista. La verdad sobre nuestra identidad nos hace libres y es en esta libertad que podemos ejercerla, abrazarla. La lucha amorosa de Abuelas tiene legado y vigencia cotidiana, con cada acto diario que nos conecta con nuestra subjetividad e historia. La verdad para el autoconocimiento y empoderamiento, para continuar la lucha con amor de abuela.

 

*Abogada. Magíster en Derechos Humanos y Libertades Civiles.

 


' '

¿Querés recibir notificaciones de alertas?