Algunos interrogantes
Pasada -hasta cierto punto- la conmoción mundial que provocó el secuestro de Nicolás Maduro con el tremendo golpe estadounidense sobre Venezuela, un análisis frío –aunque ciertamente lejano—abre una serie de interrogantes, detalles, rasgos y objeciones que intrigan a cualquier observador.
No se trata, desde luego, del servilismo de personajes que se apresuraron a convalidar y aplaudir el golpe de esos comandos, como el caso del presidente Milei o, más particularmente, de gestos de ultracipayismo como el de María Corina Machado, al ofrecer transferir a Trump su Premio Nobel de la Paz, o bien el acompañamiento cómplice de algunos países de Europa, cada vez más a la zaga de los Estados Unidos.
Se trata más bien de preguntas con respuesta difícil o nula, porque hay que convenir que los actos previos a la invasión norteamericana eran expresivos y preanunciaban claramente que en lo por venir había hechos, y no palabras, sobre los que dudaban algunos analistas. Las presuntas lanchas portadoras de droga hundidas por los barcos de guerra, con un saldo de más de cien muertos, hablaban a las claras de que al margen de sus fanfarronadas, Trump también promovería la acción.
Una de ellas es básica: ¿Cómo es posible que con amenazas explícitas y una flota de guerra a las puertas del país, un conjunto de aeronaves –aviones y helicópteros— llegara hasta la capital venezolana sin ser advertidos…? Semejante situación, ¿no daba para un alerta permanente capaz de detectar los aviones norteamericanos que, dicen, volaban a baja altura para no ser detectados por el radar? ¿Y los tan mentados misiles rusos de última generación, no fueron capaces de derribar siquiera un avión invasor?
La misma tesitura da para especular acerca de que no hayan podido despegar los también modernísimos aviones de guerra que Venezuela había adquirido y que –según se decía— eran la principal preocupación norteamericana por su capacidad operativa. A estar por las informaciones, la incursión estadounidense pudo bombardear sin problemas las pistas imprescindibles para que levanten vuelo los aviones.
Que la orden de ataque, según algunos de los diarios norteamericanos más serios, estuvo basada en un previo y prolijo estudio de inteligencia, alimentado por informaciones surgidas de la traición de alguien perteneciente al círculo íntimo de Maduro, daría explicación a muchos interrogantes pero no explicaría la noticia del presunto refugio del Presidente y su esposa en una habitación blindada, algo que suena casi a ridículo. No así la treintena de muertos de la custodia –al parecer todos cubanos, vaya casualidad— que contradicen lo consignado días atrás, que destacaba lo escaso de la custodia presidencial en las calles caraqueñas.
Es llamativa la rapidez con que funcionó la trasmisión de poderes en el país, al tiempo que exigían la restitución del Presidente y su esposa. En algo que parece una lamentable ironía, la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, afirmó que ningún “agente externo” gobierna su país después del secuestro de Nicolás Maduro y su esposa en la operación que tuvo decenas de muertos entre militares y civiles. Las fuerzas armadas, nutridas de los años de prédica chavista ¿deglutirán tan fácilmente la humillación para con su país?
Lo cierto es que más allá de su promocionada acción militar, el proceder trumpista ha hecho trizas el orden internacional pregonado por las Naciones Unidas, ya muy deteriorado por cierto. En la perspectiva estadounidense, su Presidente ya ha dicho que se debe aleccionar a otros países, caso de Cuba, México y Colombia. Lo sucedido de Venezuela llama a tener muchísima precaución.
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