Breve historia del engendro libertario (II)
La llegada al poder de Macri en 2015 fue histórica, no solo porque
fue la primera vez que la derecha golpista accedía al poder por
medio de elecciones, sino porque lo hizo aupada en los votos de
buena parte de la clase media recientemente incorporada como tal
por las políticas públicas de distribución y ascenso social del
gobierno peronista del que renegaban.
Según un informe del Banco Mundial, la clase media en Argentina
se duplicó entre 2003 y 2009, pasando de 9,3 millones a 18,6
millones de personas. Esto representó el mayor crecimiento
porcentual de este segmento en toda América Latina. Y siguió
creciendo luego de ese período que va desde 2004 a 2015 llamada
la década ganada y que terminó, paradójicamente, con una elección
perdida.
Desde luego que hubo errores, pero no fueron de gestión sino de
acumulación política al subestimar el gobierno de entonces la
unidad de los peronismos como el que representaba Sergio Massa
que terminó siendo decisivo con su “libertad de acción” en el
ballotage de 2015.
La receta de Macri y su socio Caputo fue la de siempre, la que había
dominado desde el golpe militar. Neoliberalismo de apertura con
dólar barato, importaciones, y endeudamiento récord favorecido
por la bajísima tasa de endeudamiento del Estado y de las familias.
Argentina tuvo en esos años el mayor endeudamiento con el FMI
que de un saque le dio a la derecha argentina 50.000 millones,
La vieja receta neoliberal de Macri terminó como terminaron todas
desde Martínez de Hoz, con la economía volando por los aires, el
dólar imparable y la devaluación de la moneda dejando atrapados a
los asalariados y a la base de la pirámide económica sin red.
La elección de 2019 mostró que a la sociedad argentina el gobierno
de la derecha endeudadora de Macri le había servido de lección. No
obstante, en la elección que ganó Alberto Fernández con el 48,5%
de los votos, Macri obtuvo un asombroso 40% de aprobación pese
al desastre que dejó.
El gobierno de Alberto retornó a las políticas públicas de promoción
del empleo, la producción, y la ampliación de derechos y de
presencia estatal, que se vio claramente en la responsabilidad con
la que el Estado se hizo cargo, en la pandemia, de pagar los sueldos
de las empresas de todo el país que, de otro modo, quebrarían.
Ese esfuerzo económico no ha sido aun medido en su dimensión
desestabilizante de las cuentas públicas, pero entre ese empeño y
los compromisos de deuda que debió asumirse por la
irresponsabilidad endeudadora de Macri-Caputo, todo lo que se
hizo, incluido el gasoducto Néstor Kirchner que le dio al país el
ansiado superávit energético, todo lo que se hizo, repetimos, quedó
subsumido a las consecuencias microeconómicas del período
complicado que le tocó, incluida además la peor sequía en 60 años.
Con los medios fogoneando la foto de la cena en pandemia en
Olivos y el vacunatorio VIP, explotado hasta el hartazgo, las
elecciones de 2023 mostraron la consecuencia casi lógica del
alto nivel de intoxicación mediática de buena parte del electorado.
De nada sirvieron las advertencias que en el debate lanzó el
candidato oficialista Massa, que hoy parecen una verdadera
profecía, la idea de una motosierra destruyendo al Estado fue
comprada por una mayoría de ciudadanos que pensaron que era
verdad que la supuesta “casta” iba a pagar los platos rotos.
(Mañana, tercera y última nota)
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