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Jueves 19 de febrero 2026

Breve historia del engendro libertario (II)

Redacción 19/02/2026 - 01.20.hs

La llegada al poder de Macri en 2015 fue histórica, no solo porque

 

fue la primera vez que la derecha golpista accedía al poder por

 

medio de elecciones, sino porque lo hizo aupada en los votos de

 

buena parte de la clase media recientemente incorporada como tal

 

por las políticas públicas de distribución y ascenso social del

 

gobierno peronista del que renegaban.

 

Según un informe del Banco Mundial, la clase media en Argentina

 

se duplicó entre 2003 y 2009, pasando de 9,3 millones a 18,6

 

millones de personas. Esto representó el mayor crecimiento

 

porcentual de este segmento en toda América Latina. Y siguió

 

creciendo luego de ese período que va desde 2004 a 2015 llamada

 

la década ganada y que terminó, paradójicamente, con una elección

 

perdida.

 

Desde luego que hubo errores, pero no fueron de gestión sino de

 

acumulación política al subestimar el gobierno de entonces la

 

unidad de los peronismos como el que representaba Sergio Massa

 

que terminó siendo decisivo con su “libertad de acción” en el

 

ballotage de 2015.

 

La receta de Macri y su socio Caputo fue la de siempre, la que había

 

dominado desde el golpe militar. Neoliberalismo de apertura con

 

dólar barato, importaciones, y endeudamiento récord favorecido

 

por la bajísima tasa de endeudamiento del Estado y de las familias.

 

Argentina tuvo en esos años el mayor endeudamiento con el FMI

 

que de un saque le dio a la derecha argentina 50.000 millones,

 

La vieja receta neoliberal de Macri terminó como terminaron todas

 

desde Martínez de Hoz, con la economía volando por los aires, el

 

dólar imparable y la devaluación de la moneda dejando atrapados a

 

los asalariados y a la base de la pirámide económica sin red.

 

La elección de 2019 mostró que a la sociedad argentina el gobierno

 

de la derecha endeudadora de Macri le había servido de lección. No

 

obstante, en la elección que ganó Alberto Fernández con el 48,5%

 

de los votos, Macri obtuvo un asombroso 40% de aprobación pese

 

al desastre que dejó.

 

El gobierno de Alberto retornó a las políticas públicas de promoción

 

del empleo, la producción, y la ampliación de derechos y de

 

presencia estatal, que se vio claramente en la responsabilidad con

 

la que el Estado se hizo cargo, en la pandemia, de pagar los sueldos

 

de las empresas de todo el país que, de otro modo, quebrarían.

 

Ese esfuerzo económico no ha sido aun medido en su dimensión

 

desestabilizante de las cuentas públicas, pero entre ese empeño y

 

los compromisos de deuda que debió asumirse por la

 

irresponsabilidad endeudadora de Macri-Caputo, todo lo que se

 

hizo, incluido el gasoducto Néstor Kirchner que le dio al país el

 

ansiado superávit energético, todo lo que se hizo, repetimos, quedó

 

subsumido a las consecuencias microeconómicas del período

 

complicado que le tocó, incluida además la peor sequía en 60 años.

 

Con los medios fogoneando la foto de la cena en pandemia en

 

Olivos y el vacunatorio VIP, explotado hasta el hartazgo, las

 

elecciones de 2023 mostraron la consecuencia casi lógica del

 

alto nivel de intoxicación mediática de buena parte del electorado.

 

De nada sirvieron las advertencias que en el debate lanzó el

 

candidato oficialista Massa, que hoy parecen una verdadera

 

profecía, la idea de una motosierra destruyendo al Estado fue

 

comprada por una mayoría de ciudadanos que pensaron que era

 

verdad que la supuesta “casta” iba a pagar los platos rotos.

 

(Mañana, tercera y última nota)

 

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