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Democracia, a la hoguera

Redacción 28/10/2026 - 00.16.hs

A esta altura del gobierno mileísta la mayoría de los columnistas políticos –casi sin excepción-- vuelven a preguntarse cuáles son los límites éticos (y acaso también estéticos) que, en función de su investidura, le quedan por romper al Presidente. Ya no se trata de que a nivel internacional se ha transformado en una figura incómoda, por calificarla de algún modo, evitada por sus pares ideológicos. El reciente viaje a España fue un irrefutable ejemplo de ello. Ya en nuestro país, acaso motivado o molesto por los comentarios provocados por su actuación en ese viaje o quizás golpeado por el triunfo de Lula en Brasil –no hay que olvidar que el Presidente autoconconsidera que su presencia es una suerte de talismán favorable para los candidatos de derecha—, Milei volvió a las andadas. Y cómo.

 

La semana que pasó, ante una de las fundaciones que con sus aportes políticos y económicos le sirve de sostén, el Presidente volvió al ataque contra quienes considera sus enemigos directos y responsables de casi todas sus desgracias: los periodistas.

 

La ira presidencial se apoyaba en el muy discutible fallo judicial que lo liberó, junto con otras personas, de cualquier responsabilidad en el escándalo $Libra. Pero esta vez traspasó cualquier límite que se considere: en principio porque, además del vocabulario soez que le es habitual, dio nombres y apellidos de quienes considera no solamente participantes de sobornos sino que también articulan una trama densa y contraria a los intereses de La Libertad Avanza. Y lo peor de todo, pidió “una hoguera para quemar a esos periodistas”. Abandonando cualquier prudencia apeló a una comparación peligrosísima, digna de una concepción medieval de la disidencia, interpretable también como una directa incitación a la violencia.

 

Casi tan lamentable como la actitud y las palabras presidenciales fue la respuesta de los concurrentes: un aplauso cerrado. Al respecto cabe decir que las instituciones allí presentes conforman parte del foro de convergencia empresarial que se creara durante el gobierno de Macri, una suerte de grupo de cerrada defensa de los intereses patronales. Esos aplausos reafirmaron el alineamiento de los privados con el gobierno y las llamadas “reformas de fondo”.

 

El avance presidencial sobre el periodismo –contra la democracia en definitiva—provocó una muy fuerte reacción de diversas instituciones democráticas, del país y del exterior.

 

Para el final dos ejemplos indubitables de la desorientación y el desgaste mileísta, brotados de sus propias filas. La siempre acomodaticia Patricia Bullrich, cada vez más alejada de las filas libertarias, no vaciló en afirmar que el Presidente había traspasado un límite. Por su parte, Adrián Ravier, el impresentable vocero presidencial (que Milei insinuó como futuro candidato a gobernador de La Pampa), dijo que las palabras presidenciales resultaban de un enojo y que lo de las expresiones “ensobrados, corruptos, mercenarios, operadores” e “hijos de puta que se tienen que quemar en la hoguera” utilizadas por el Jefe de Estado, fueron meras “metáforas”.

 

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