Jóvenes y viejas, el motor de las protestas
Desde los adolescentes franceses que enfrentan la represión para defender la educación pública hasta las jubiladas españolas que resisten desalojos, una ola de movilizaciones recorre el viejo continente. Vivienda, salarios, servicios públicos y costo de vida revelan la crisis de un modelo que también golpea a la Argentina.
IRINA SANTESTEBAN
Europa arde y no es por una guerra entre Estados, sino por las desigualdades, el recorte a la educación pública, la suba de alquileres y un costo de vida que asfixia a millones de personas. Entre el 15 de septiembre y el 23 de octubre, doce países europeos registraron al menos 177 protestas y manifestaciones. Francia, España, Italia, Portugal y Bélgica concentran alrededor del 80% de las movilizaciones contabilizadas.
Francia.
El epicentro está en Francia, donde las protestas estudiantiles comenzaron por la falta de docentes, las aulas superpobladas, los edificios escolares deteriorados y las restricciones para acceder a la universidad, como el sistema de admisión Parcoursup.
La masividad del conflicto social desmiente el discurso oficial que acusa a “estudiantes revoltosos” o a la “ultraizquierda”. El 17 de octubre, una jornada nacional reunió a 550.000 personas, según cifras del propio Ministerio del Interior francés. Como en Argentina, la respuesta estatal fue la represión, que incluyó detenciones masivas, heridos y un despliegue policial que superó los 70.000 efectivos en las protestas posteriores. El gobierno se vio obligado a suspender el uso de granadas ensordecedoras después de que un estudiante sufriera una lesión gravísima.
Los jóvenes, muchos provenientes de barrios populares y familias trabajadoras, reclaman algo elemental: estudiar en condiciones dignas y tener un futuro que hoy les está vedado por su origen social. Cruel paradoja en el país cuyo pueblo, 237 años atrás, se levantó en una Revolución que proclamó “Liberté, Egalité y Fraternité” (Libertad, Igualdad y Fraternidad) como bandera universal.
Macron y su primer ministro, Sébastien Lecornu, alternaron la represión con promesas bajo la fuerte presión callejera. En estos días han prometido retirar algunos aranceles aplicados a la educación superior, reformar Parcoursup y anunciaron mayor presupuesto para mejoras edilicias, así como nuevas plazas docentes para disminuir la cantidad de alumnos por aula. Las concesiones fueron celebradas como un triunfo pero la juventud no se retira de las calles, por la desconfianza que les merece el actual gobierno.
España.
Si Francia tiene como protagonistas a los adolescentes, España mostró las miserias del mercado inmobiliario en la tragedia de María Carmen Abascal, una jubilada de 87 años desalojada de la vivienda madrileña en la que había vivido durante siete décadas. La empresa que había adquirido el inmueble pretendía imponerle un alquiler que no podía afrontar. Con discapacidad y dificultades de movilidad, Maricarmen fue sacada de su casa en camilla y trasladada a un hospital, donde murió el 7 de octubre, después de quince días de internación, sin haber podido regresar a su hogar. La movilización había conseguido un acuerdo para que volviera pagando una renta acorde con sus ingresos, pero la solución llegó demasiado tarde.
Su historia provocó indignación y miles de personas salieron a las calles de Madrid y otras ciudades; la Puerta del Sol se convirtió en escenario de un acampe por el derecho a la vivienda. Las consignas apuntaron contra los especuladores inmobiliarios, los fondos de inversión y los responsables políticos de una situación en la que tener un techo se vuelve cada vez más inaccesible.
Mientras en Francia son estudiantes de la secundaria quienes comenzaron las protestas, en España, en el otro extremo generacional, son las mujeres mayores quienes encabezan las protestas, con el Sindicato de Inquilinas que impulsa la Ley Maricarmen para regular el precio de los alquileres e instalar contratos indefinidos.
El caso expone también las limitaciones del gobierno de Pedro Sánchez, encabezado por el Partido Socialista y acompañado por otras fuerzas que se reivindican progresistas. El Ejecutivo impulsó medidas para proteger a los inquilinos, pero dos decretos de vivienda fueron rechazados en el Congreso por el ultraderechista Partido Popular y su aliado Vox, el partido que recibió a Javier Milei en su reciente visita a España. Según estimaciones del Ministerio de Derechos Sociales, la caída de esos decretos dejaría a 8,4 millones de inquilinos expuestos a aumentos de alquiler imposibles de pagar y sujetos a desalojos, como los que están sucediendo a diario en toda España.
Las centrales obreras españolas se han plegado a la protesta y han convocado a una Huelga General para el 11 de noviembre, con el reclamo de frenar los desalojos, reducir los alquileres y enfrentar la especulación. Sería hora que la CGT argentina imitara a sus pares españoles.
Rebelión.
La bronca social no se limita a Francia y España. En Italia, miles de jóvenes se movilizaron en Roma, Milán, Turín y Nápoles contra el costo de vida y los recortes educativos, mientras que en Alemania también hubo marchas contra el rearme y contra los recortes a pensiones y en sanidad.
Los recortes a la educación son el eje que iguala a todos los gobiernos. En Bélgica, estudiantes de la región francófona protestan contra los recortes presupuestarios y el aumento de las tasas educativas. En Grecia, más de 10.000 personas participaron en Atenas de una huelga de docentes y estudiantes que reclama mayor financiación para la enseñanza pública y alquileres accesibles.
En Albania, las movilizaciones estudiantiles se sumaron a las protestas contra la corrupción y la cesión de una reserva natural a intereses empresariales vinculados con la familia de Donald Trump.
La Europa que suele presentarse como centro de la civilización occidental ofrece hoy una postal que incomoda a las derechas gobernantes en nuestra región. Como en Argentina, esos gobiernos presentan el ajuste como una “necesidad técnica”, con el objetivo supremo del equilibrio fiscal y el gasto social como una carga.
Pero más temprano que tarde, el pueblo reacciona, porque como bien decía el líder chino Mao Tsé Tung: “Donde hay opresión, hay resistencia”.
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