Yo nací para mirar
"Maníaco-depresivo, con personalidad esquizoide". Ese fue el diagnóstico en base al cual los médicos del Ejército Argentino terminaron por aconsejar la baja del servicio militar para Carlos Alberto García Moreno, más conocido como Charly, quien esta semana cumplió 75 años. Y la verdad es que el soldado había trabajado duro y parejo para conseguir la baja: fingió todo tipo de enfermedades y delirios, hasta ingirió pastillas buscando una salida a esa tortura que soportaba la población masculina del país hasta fines del último siglo. El episodio que colmó la paciencia de aquellos médicos fue cuando Charly, como siempre internado en el sanatorio, tomó un cadáver que yacía en una cama cercana, lo sentó en una silla de ruedas y lo llevó a pasear al parque. "Lo veía muy pálido", explicó.
Leve.
La verdad es que aquel diagnóstico podría aplicarse a buena parte de la población argentina, como mera reacción a la experiencia del día a día, en un país donde uno puede -si lo busca- conseguir un cadáver para sacarlo a pasear. Es más: en vistas del estado de salud mental de algunos funcionarios de alto rango, hasta podría decirse que se trata de una dolencia leve.
Fuera certero o no en el caso del Charly de 20 años, lo cierto es que éste, que como artista "24/7" eligió hacer de pararrayos vitalicio de la realidad argentina, tuvo que lidiar constantemente con diagnósticos parecidos. Y lo que pasa es que, conforme sus propias palabras, "si no sos paranoico es porque estás desinformado".
Guste o no, lo cierto es que desde muy joven pudo tomarle el pulso, e interpretar desde sus canciones, a buena parte de lo que pasaba a su alrededor. Así fue con Sui Generis, ese proyecto musical que la colimba había interrumpido, y que ya al grabar su primer disco, "Vida", interpretó a toda una generación que lidiaba con la adolescencia, la brecha generacional y el inconformismo con una sociedad en la que no tenían lugar.
Sus colegas rockeros inicialmente le hacían "bullying" por la supuesta suavidad de su estilo ("se ablandó la milanesa", fue la sentencia de Pappo) pero la verdad es que, por un lado, el folk-rock era tendencia internacional desde hacía por lo menos tres años, con exponentes de gran talento como CSN&Y, Joni Mitchell y James Taylor. Y francamente, la superior formación -tanto musical como literaria- de Charly le permitió redondear canciones de gran complejidad armónica y poética, que a la vez resultaron más masivas que los primeros éxitos del género.
Espía.
Esa tarea de cronista de su época ("yo nací para mirar lo que pocos quieren ver", cantaba en "Cinema verité") tuvo que refinarla desde el comienzo, ya que en los años '70 la censura moral y política era moneda corriente. Por eso en su crítico tercer disco, "Instituciones", debió modificar varias letras y hasta excluir algunas canciones, como "Botas locas", que narraba su experiencia con los militares: "si ustedes son la patria, yo soy extranjero".
Se las ingenió, de todos modos, para colar su denuncia del sistema desde la sutileza -como hacía Chico Buarque en Brasil en la misma época- con obras como "Canción de Alicia en el País" (1980), donde hablaba de "un río de cabezas aplastadas por el mismo pie", metáfora con la que referencia no sólo a los desaparecidos de la dictadura en curso sino también a una tapa del grupo sinfónico inglés Genesis.
De la misma época es "Los dinosaurios", que aunque se grabó ya restablecida la democracia, tocaba
frecuentemente en vivo en plena dictadura: en esa letra, los amigos del barrio, la persona que amas, los cantores de radio, todos pueden desaparecer. Pero los dinosaurios, esos reptiles verdes abominables, esos seguro que "van a desaparecer". Charly no pide paredón para nuestros dinosaurios de uniforme, hace algo acaso más cruel, que es pedirle a su público: "imaginen a los dinosaurios en la cama". Querría la historia que luego tuviéramos que imaginarnos la imagen real del dinosaurio mayor, no ya en la cama, sino en el inodoro, en la cárcel, en el momento de su muerte.
Prensa.
Como funciona la prensa amarilla, y hoy las redes sociales han llevado al paroxismo, las noticias que nos llegaron de la vida de Charly siempre hablaron de los excesos, del ego desmedido, de los escándalos públicos y los saltos ornamentales en hoteles para escapar de la policía. Quienes lo conocieron desde el principio pintan otra historia: su bonhomía, su cuidado por los seres queridos, su increíble talento y la dedicación ciega a su arte. Por algo Mercedes Sosa lo adoraba, al punto de grabar un disco entero con sus canciones, muchas de las cuales no tenían nada que ver con su estilo.
Y si bien estuvo más de una vez al borde -de ahí sus numerosas internaciones- lo cierto es que ha cumplido tres cuartos de siglo. Y aunque a veces se lo vea en silla de ruedas, también sigue grabando -la última canción, nada menos que con Sting-, sigue yendo a River a alentar a la Selección y, cuando puede, saca a bailar a la mamá de Gustavo Cerati.
Esa pérdida, como la de Luis Alberto Spinetta, lo hace sentirse más solo. En los '80 él se imaginaba que, en la vejez, con sus colegas rockeros formarían una especie de club, a la manera de "Grandes valores del tango" en la Confitería Ideal, con "todo el ambiente, con pelucas, y tomando tragos exóticos de colores verde y rojo". En esos recintos de mármol, cada vez que se muriera un miembro, erigirían un busto en su nombre. Y pondrían "un pasillo largo que dé a un jardín, entonces, cuando uno ya no tiene ganas de vivir, va por ese camino, y del otro lado hay una máquina que lo aplasta".
Un geriátrico algo exótico, pero Charly nunca se quedó corto con la imaginación. Quién sabe, quizá todavía está a tiempo de cumplir este sueño distópico.
PETRONIO
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