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Fiasco en España

Redacción 23/10/2026 - 00.52.hs

Desde hace bastante tiempo, el periodismo no comprometido con el gobierno nacional se pregunta cuáles son los límites de la megalomanía que ha desarrollado el presidente Javier Milei. A las actitudes que avalan esa presunción, en los últimos tiempos se agregó una suerte de autoconvencimiento de que en los lugares en los que él se hace presente las fuerzas de derecha y ultraderecha ganan las elecciones.

 

¿Habrá viajado a España con esa idea? Quizás sea aventurado arriesgarlo pero no se puede soslayar que esta andanza no fue por ninguna gestión de Estado sino que todo indica que se trató de una concurrencia de índole personal, particular podía decirse, claro que, como en varios otros casos, pagada con el dinero de todos los argentinos.

 

Encima, y desde cualquier punto de vista, el viaje resultó un fiasco. Milei ha desarrollado una personalidad pública que los cánones de la diplomacia formal, digamos, “a la europea” rechazan: concurre sin ser invitado; se entromete en temas de las políticas locales; desparrama insultos contra la oposición de esos países y, en fin, protagoniza actos tan groseros y exagerados como extravagantes. La potenciación de esas extravagancias lo han sumido directamente en el ridículo durante esta última presencia en España, donde derramó calificativos sin medida contra Pedro Sánchez y descalificó periodistas en términos groseros, acaso dejándose llevar por el trato que dispensa a los reporteros argentinos no alineados con su política, sobre los que derrama dicterios.

 

Para más, el fracaso desde el punto de vista diplomático se vio agrandado por dos circunstancias imposibles de ignorar: en lo que hace a reuniones con representantes de los partidos de derecha y ultraderecha que amenazan la política española, lo único que consiguió fue una entrevista con la alcaldesa de Madrid, algo más o menos equivalente a que algún primer mandatario europeo viajara a la Argentina para conferenciar con el intendente de Córdoba o Rosario. Ni las autoridades de esos partidos accedieron a un encuentro directo, curándose en salud de las imprevisibles actitudes del Presidente argentino. Basta decir que los enfoques televisivos evidenciaron claramente que los auspiciantes de su visita, que respaldaban su presencia con un telón que los nombraba, lo habían borrado después de sus desmesuras para con el Jefe del Gobierno español.

 

Además el repudio para con el presidente argentino fue mayúsculo en niveles populares y hubo coincidencia en los analistas políticos que, contrariamente a lo que él esperaba, su inexplicada presencia reforzó la postura del Gobierno.

 

El otro chasco diplomático consistió en que al pretender una entrevista con el Rey, la Casa Real le denegó el pedido con un argumento sutil e irrefutable. El sucedido, dicho sea de paso, muestra claramente la falta de profesionalismo del canciller argentino que no consideró los detalles en un asunto delicado pero habitual.

 

En definitiva –y esto lo reconocen hasta los círculos cercanos al gobierno-- el viaje presidencial a España, al margen de injustificado, arrojó un saldo negativo para las acciones y el prestigio internacional que Milei pretende. Si el Presidente y sus asesores guardaran memoria deberían recordar el papelón de Davos cuando, ante la inminencia del discurso mileista, se vació el salón de concurrentes.

 

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